
Quizás uno de los títulos más rentables en la historia de Nintendo DS, al margen de muchos juegos first party de Nintendo que son inalcanzables, es
Dragon Quest IX: Defenders of the Starry Sky. Un maravilloso juego desarrollado por Level 5 y editado, supervisado y financiado por la gigante nipona Square Enix. En sus dos primeros días en las tiendas japonesas, país en donde esta saga de videojuegos es parte de su cultura, el juego alcanzó las dos millones de unidades vendidas.
En una semana, la cifra alcanzaba prácticamente los 3 millones, y actualmente ha superado los 4 millones, lo que seguramente signifique que ya han cubierto gastos y aportado beneficios considerables.
Pero el juego aun no ha salido de Japón, y al menos entre USA y Europa, y el resto de mercados más pequeños, la cifra pueda alcanzar o superar los cuatro millones de ejemplares japoneses.
El objetivo ambicioso de Square Enix, son 10 millones de ventas a nivel mundial, pese a que en occidente la saga no sea tan conocida como en Japón, aunque los fans de los videojuegos sí la consideramos una saga principal en el sector. Para ello, necesitan una buena distribución, al igual que una buena campaña publicitaria en occidente,
terreno en donde no siempre Square Enix ha triunfado. Es por eso, que en Europa y USA, Nintendo apoyará este lanzamiento.
Uno de los altos cargos de la compañía de Mario, Shinji Hatano, comentó en la sesión de preguntas y respuestas tras los resultados financieros de la compañía, que era su deber
ayudar a comercializar el juego en occidente. Satoru Iwata por su parte, ya comentó que Nintendo y Square Enix se unirían para aumentar el éxito de la serie en USA y en otras regiones. Esta estrategia no solo sirve para promocionar este juego por parte de Nintendo,
Hatano considera esencial estas operaciones para cooperar más estrechamente con las fabricantes de software, un punto en el cual Nintendo cojea desde el pasado. Algunos ejemplos de estas cooperaciones, son los juegos de la serie Professor Layton y el título Mario and Sonic at the Olympic Games.
Fuente:
Wired