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Crónicas de un pokémon
Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

# Ubicación: Sisimut - Grønland

55 256 76 74
(Este fic se lleva escribiendo desde hace cuatro años, entiendan que los primeros capítulos son de una calidad pésima.
Estamos pendientes de una reedición, les invitamos a mirar los últimos capítulos (para saber si realmente desean leer el fic completo) si es que los primeros del fic no les convencen por su mala calidad)


Gracias por su atención y comprensión
Disculpen las molestias.


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Titulo: Crónicas de un Pokémon
Autor: Stardust-girl
Género: Mundo Pokémon, vida cotidiana.
Tipo de fic: Side-Story
Historia propia de escenario en el mundo pokémon, no relacionado con anime/videojuegos y demás
Publico al que esta dirigido:T (13+) No recomendado para menores de 13 años por contener violencia, lenguaje levemente grosero, y temas adultos sugeridos.
Tema de comentarios http://blogocio.net/pokemaster/foros/cronicas-de-un-pokemon_68084/



- Lista de capítulos -
1-El principe de la manada
2-La otra cara de la moneda
3-¿Amarga despedida?
4-Extraño Mundo
5-Desigualdad de opiniones
6-Secretos confesados
7-Recorrido
8-Escoria Humana
9-Poochyena
10-Lo que faltaba
11-Contrastes
12-Depresión en un monte de agujeros
13-La bestia de fuego
14-Triángulo de batallas
15-¿Sigo siendo un príncipe?
16- El frio de Glaceon
17- Paladín
18-Sujeto
19-Aliados
20-Enemigos
21- El gran encuentro
22- Recuerdos cercanos
23- Historias de Fantasmas
24- Dominios ajenos




PRÓLOGO:

Spoiler
No sabéis los malabarismos que he hecho para alargar este capítulo algo, solo algo D: Hace tres años de la primera versión, siento que los capítulos parezcan cortos (Actualmente los hago de siete páginas de Word a Calibri 11 en Cdup)


Las extensas nubes anunciaban una inminente lluvia que bañaría todas las tierras de la región; una manada se encontraba descanso en su cueva mientras la luz de la luna menguante acababa escondida entre todas las nubes. La cueva resguardaba a las jóvenes crías que habían nacido los primeros días del cambio de estación, en uno de los salientes más altos de ésta, se encontraba una elegante hembra de Vaporeon. Por su lugar se podía apreciar que ella era la hembra alfa de la manada. Bajo su celeste cola guardaba un huevo especialmente intranquilo,

- Quizás sea ésta la noche de tu nacimiento – Decía mientras lo arrejuntaba contra su lomo – Mi pequeño…

Tras de ella se podía apreciar un gran agujero que llevaba a una madriguera. Toda la cueva estaba llena de salientes acabados en unos agujeros escarbados en la pared de ellas. Cada uno a diferente altura del suelo, como si a cuanto más nivel se poseyese dentro de la manada, más arriba debía estar su hogar.

Debajo de esta escena, en el suelo de tierra, algunos Flareon creaban una hoguera para calentar a todos los integrantes de la manada mientras que las hembras lamían los hocicos de sus machos, a los que al parecer, no verían en bastante tiempo. Era incierto cuál sería el futuro de los machos de aquella manada, pues al día siguiente partirían hacia la batalla.

- Muchachos – Un Vaporeon se alzó con la palabra, en su rostro se podía observar una cicatriz que cruzaba su ojo derecho, lo que mostraba que aquella no sería su primera guerra – Mañana marchamos a la batalla, una dura época nos espera… Lo sabéis. ¡Pero también debéis conocer lo que nos esperará después de la victoria! – El silencio se hizo notar, mas todos los presentes mostraban una cara de admiración hacia su líder – Una vida mejor para nuestras crías, un respeto mayor para nuestra manada… Por eso, yo os pregunto… ¡¿Quién está conmigo?!

- ¡Larga vida al rey! – Comenzó a gritar un Jolteon con enormes cicatrices en su pecho, por lo que parecía ser un gran compañero de batallas del líder. Su grito fue coreado por todos los que estaban en la cueva. Los ojos de Vaporeon se fijaron en el pequeño Eevee que se encontraba debajo de las patas de la hembra de Jolteon. Gruñendo y mordiendo el puntiagudo pelaje de su madre, era bastante agresivo, algo que le valdría mucho en el futuro. ¿Y qué sería se su cría? El huevo estaba especialmente movido esa noche, algo que llenaba de orgullo al líder, hoy sería el día de su nacimiento y por esa razón ya se podía observar el espíritu de lucha que tendría el pequeño…



Primera versión
Spoiler

Las extensas nubes escondían la luna menguante que intentaba escapar por alguno de los huecos de los chubascos que amenazaban con lluvia.
La manada se resguardaba en la cueva ante el calor del fuego que sus compañeros flareons acababan de encender. Mañana la mayoría de los machos saldrían para explorar nuevas zonas para habitar y necesitarían descansar.
El jefe de la manada observaba a su clan, un vaporeon respetado por todos al que solo con mirarle se podía observar las luchas y peleas que había llevado a cabo, ya que una cicatriz en su ojo izquierdo presidía su cara de tonos azules claro. Parecía no estar preocupado por el revuelo que había en su territorio.
Hace unos pocos días que la hembra alfa había puesto un huevo, del que saldría su heredero. Ese huevo estaba especialmente en movimiento aquella noche.
La hembra alfa recogida en un pequeño nido en la parte más alta de la cueva observaba su huevo mientras este se zarandeaba de un lado a otro como si le dieran coletazos bruscamente.
La hembra se acurruco a su pequeño con el fin de que estuviera mas quieto, pero cuando la hembra lo recogió con su cola.
-¡Ah! –Exclamó ella al ver como la superficie del huevo se agrietaba poco a poco dejando unos agujeros por los que empezaba a asomar un pequeño hocico .
El jefe de la manada se giro hacía su hembra y camino hasta ella pausadamente.
Los demás pokemons de la manada observaron desde la lejanía los pasos de su líder con gran curiosidad.
-¿Ya? –Pregunto él con gran seriedad y su típica voz grave y ronca.
-Si, tu hijo está en camino –Sonrió ella observando como su huevo iba siendo rasgado por un pequeño ser peludo que intentaba salir al exterior con todas sus fuerzas.
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772127   |   11/10/2009 18:33
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

# Ubicación: Sisimut - Grønland

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Sin darme un dia de descanso la inspiración ha llamado a mi puerta =3


CAPÍTULO 1 –EL PRINCIPE DE LA MANADA-


Ya hacía más de un mes que los machos habían salido en busca de nuevas zonas, una misión arriesgada ya que las hembras deberían quedarse en el territorio cuidando de las crias.
-Eevee, despierta –Recuerdo la voz de mi madre despertándome dulcemente –Es hora de levantarse.
-Un poco más –Respondí remoloneando entre las hojas que una a una formaban mi nido.
-Vamos querido –Dijo ella recogiéndome del cuello y lamiéndome la cara -¿No sabes que día es hoy?
Ese era el día en el que los machos volverían al territorio, Había oído hablar a las hembras multitud de veces sobre ellos, desde la protección de el pequeño hueco en el saliente que se había convertido en mi madriguera. No me estaba permitido salir de allí, era my joven y mi rango en la manada era demasiado alto. Pero mis ansias de conocer el territorio gritaban en mi interior como una llama que ardía dentro de mi.
-¿Sabes que eres el pokemon más bonito del mundo? –Me decía mi madre mientras repasaba mi oreja derecha con su cola hasta llegar a una pequeña imperfección que moraba en mi oído derecho, un pequeño agujero mas parecido a un corte.
Puse los ojos en blanco.
-¿Por qué he de levantarme si no puedo salir de aquí?-Pregunté apartándome de ella.
-¡Serás impaciente!-Exclamó ella –Tu te quedas aquí y no hay más que hablar.
-Pero...-Intente protestar.
-Sin peros señorito-Cortó ella-Hoy viene tu padre, Debes comportarte.
-Si , madre-Me resigne a decir. Ella no entendía mis ansias por salir y descubrir mundo, yo estaba destinado a dirigir la manada pensase lo que pensase.
-Me tengo que ir-Sonrió lamiéndome, Yo seguí enfurruñado y sin mirarla, a lo que ella respondió con un ligero empujón.
-¡Ah! –Exclame yo cayéndome a mi nido. Varias hojas salieron volando y dulcemente descendieron como bailaran a mi alrededor.
-Se buen chico –Dijo ella saltando de una piedra a otra para quedarse en el suelo de la cueva.
Salí de la madriguera para verla ir.
-Ahí esta –Susurró un grupo de eevee hembras al verme salir –Que guapo es…
Me gustaba la sensación que me producían esas palabras, las crias de la manada siempre esperaban a que saliese. Estire las orejas y la cola y volví a la madriguera mientras que las oía suspirar, claramente se podía observar por que yo era el príncipe de la manada como las hembras adultas ya evolucionadas solían llamarme.
Me divertí jugueteando con las hojas de mi cama hasta que algo más interesante llamó mi atención por completo.
-¡Ya están aquí! –Gritó una espeon.
Salí de mi escondrijo para a ver que era el alboroto que me había apartado de mi entretenimiento, cuando salí no me encontré al grupo de muchachas. Intente bajar a un saliente cercano, pero me di cuenta que aunque tenía una extraordinaria forma física mis patas no llegarían hasta ese lugar, asi que me limite a esperar sentado y erguido al borde de mi saliente.
-¡Eevee a la madriguera!-Exclamó mi madre subiendo al nido al verme allí sentado.
-¿Qué? –Todo ese revuelto me ponía nervioso, las hembras salían de sus guaridas poco a poco iban llenando la cueva central.
Madre me empujo a la grieta y empezó a lamerme para limpiarme mientras que una gran cantidad de pokemons se abrían paso hacía la cueva.
-¿Qué ocurre madre? –Pregunté viendo como sus ojos brillaban cada vez que los pokemons iban llegando.
-Querido, compórtate –Dijo adelantándose para ver todo de cerca –Hoy llega tu padre.
-Padre…-Susurré, madre me había enseñado siempre como debía comportarme con el líder de la manada, si ella me había instruido para ser un joven refinado con padre debía de serlo el doble o el triple.
Pude observar como los pokemons se apartaban en dos grupos para dejar paso a un pokemon azul claro, no pude ver más desde lo lejos.
Aquel pokemon se posó erguido en el saliente más alto de la cueva delante de mi madriguera y comenzó a hablar.
-Manada, hace un mes que salimos de exploración, hemos encontrado multitud de territorios, algunos habitables otros dominados por humanos.
-¿Humanos?¿Que es un humanos? –Me preguntaba por lo bajo.
-Hemos conseguido engrandecer nuestro territorio algunas hectáreas más, me complace anunciar que somos la manada más fuerte de los alrededores.
-¡Viva! –Un atronador sonido de alegría retumbo por toda la sala.
-Ni houndoom, ni tyranitar ni ningún pokemon ha podido contra nuestro clan. Ahora con el pensamiento de la victoria os pido que regreséis con vuestras familias.
Las multitud se fue disuadiendo cuando el líder terminó su discurso madre me hizo un gesto con la cola para que me acercara.
Lentamente me aproxime hacía el que debía ser mi padre.
-Señor-dije inclinando la cabeza.
A lo que él respondió asintiendo.
-Asi que ¿Tu eres el muchacho en el que he estado pensando durante todo mi viaje? –Su expresión seria no cambiaba ni un segundo.
-Creo que así es –Dije educadamente –Si pensaba en el príncipe de esta manada.
-Muy bien muchacho, veo que tu educación es digna de tu rango.-Me indicó mientras yo concluía mi reverencia.
-Asi es –Dije –Desde el dia de mi nacimiento me enseñaron a ser el cortés muchacho en el que me he convertido.
Esta pequeña conversación la tenía preparada desde hace muchísimo tiempo, mi madre deseaba que le causara buena impresión a mi padre y yo debía de cumplirlo.
-Puedes retirarte –Terminó de decirme.
Entre en la madriguera y me tumbe en el suelo ya que ya era tarde para estar levantado.
Tiempo después me desperté gracias a unas voces.
-Aún es muy joven-La voz de mi madre era inconfundible –No creo que este preparado.
-Tonterías –La seria voz del jefe de la manada contestó –Es el heredero de la manada, esta perfectamente cualificado.
-Esos entrenamientos son demasiados duros –Madre parecía preocupada.
-Para convertir a un pokemon en un líder se ha de tratar con dureza y sin mostrar piedad –Seguía diciendo Padre.
-Ni siquiera le conoces –Protestó madre.
-Por más motivo, ya es hora de que me conozca y aprenda a ser lo que es-Terminó de decir –No hay más que hablar, comenzare su entrenamiento mañana al alba.
¿Entrenamiento? No será para tanto me repetí a mi mismo con el fin de dormirme. Mis ojos fueron cerrándose hasta que quede profundamente dormido.
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772128   |   12/10/2009 22:47
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

# Ubicación: Sisimut - Grønland

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Capitulo 2 de Cronicas de un pokemon, espero que sea de su agrado ^^(PD: Se me pegó la educación de eevee xD)

CAPITULO 2 –LA OTRA CARA DE LA MONEDA-

-¡Levanta!-Una voz ronca me despertó bruscamente.
-¿Qué..? -Pregunté aturdido.
-¡Levanta! – Conseguí ver la cara de mi padre mirándome seriamente con mueca de desagrado.
-¿Qué ocurre padre?-Pregunté poniéndome en pie.
-Sígueme –dijo mientras se giraba al exterior de la madriguera.
La luz que llegaba al interior de la cueva era de un color anaranjado. El jefe de la manada saltaba de un saliente a otro con gran agilidad. Yo intentaba seguirle torpemente.
Cuando puse mis patas delanteras en el suelo de la cueva mis ojos se iluminaron, ¿Sería aquel entrenamiento la salida de la cueva? Si era así mis ansias de exploración se verían saciadas.
Así que salí al exterior con los ojos bien abiertos y llenos de expectación, pero más que la vista de todo el paisaje lo que más me llamó la atención eran todos los olores que invadía mi nariz, eran maravillosos, los notaba tanto que casi podía degustarlos en mi paladar.
Caminamos durante bastante tiempo ya que la gran luz del cielo a la que solían llamar sol se había dado un paseo por el cielo.
-Muy bien –Padre se paró en seco.
Miré a mi alrededor. Nos habíamos adentrado en un claro del bosque donde al mirar hacia delante se podía ver como se extendía una gran pared de piedra.
Seguramente el entrenamiento habría terminado y este sería el punto desde el que deberíamos volver a la cueva. No había sido tan duro, bueno es cierto que las patas me dolían un poco, se notaba que era el hijo del líder ya que el duro entrenamiento había sido solo un juego para mí. Una sensación parecida a la que sentía cuando las crías me lanzaban cumplidos recorrió mi cuerpo.
-Empecemos –Dijo mi padre.
-¿Empezar?-Que quería decir con empezar- Perdóneme pero, no le entiendo.
-Ponte ahí enfrente –Me ordenó seriamente.
Obedecí sin rechistar.
-Probemos tu resistencia –Me observo detenidamente, mientras que yo seguí erguido mirando al frente –Aun qué no te quede la mas mínima fuerza deberás levantarte.
Aquello ya empezaba a darme un poco de miedo, ¿Mi resistencia? ¿La más mínima fuerza? ¿Es que tendía que seguir caminando?
-¿Preparado? –Terminó diciendo.
-Si- Respondí, no me atreví a preguntar qué significaba resistencia.
De repente un gran barrera de agua me estampo en mi cuerpo, intente gritar pero el agua lo impidió bruscamente. El ataque me tumbó en el suelo sin piedad.
-Ah…-Gemí en el suelo, estaba empapado y dolorido.
-¡Levanta! –Gruñó padre -¡¿A que estas esperando?!
Su voz me sonaba entrecortada pero aún así tuve que acatar la orden que me fue recompensada, por decirlo de alguna manera, con otro chapuzón en la fría agua que lanzaba contra mí.
-Un líder no puede ser débil, debe aguantar cualquier golpe sin rechistar-Me reprendía mientras me atacaba de nuevo –Tus enemigos nunca deben verte caer.
¿Dónde había quedado el venerable jefe que conocí el día anterior?
Estaba claro que mis días de dulce vida se las había llevado el agua. Intente ponerme en pie una y otra vez, ya no tenía control sobre mí, solo sentía dolor. Las piernas me temblaban, parecían suplicarme que desobedeciera las órdenes de mi padre y me quedara tumbado en el suelo para recobrar energía.
A los cinco ataques deje de escuchar la voz del líder que me obligaba a levantarme cruelmente.
Esto era la cara oculta de ser el heredero de la manada, por un momento desee con todas mis fuerzas estar dentro de la madriguera que hasta la fecha siempre pensé que era mi prisión.
Después de un rato con el adiestramiento empecé a ver borroso y ya no pude mover ningún músculo.
En la lejanía oía a mi padre ordenando levantarte pero mi cuerpo no accedía a dejarse maltratar de aquella forma.
El pecho me ardía y el respirar se me hacía cada vez un reto mayor. Por favor devolvedme a mi celda, pensaba una y otra vez, lo suplico, devolvedme a mi celda. Pero nadie parecía escuchar mis lamentos dentro de mi cabeza.
Cuando poco a poco recobre la vista intente ponerme sobre mis cuatro patas. Aun estaba empapado y mis patas volvían a suplicarme que me echase.
-Nos vamos –La cara de mi padre me inspiraba temor, No parecía decepcionado simplemente estaba molesto conmigo. Se giró y empezó a caminar.
Mis pequeñas extremidades parecían llorar cada vez que daba un paso siguiendo a mi padre. Pero aún así estaba contento, bueno todo lo contento que se puede estar tras una paliza, ya que había conseguido pasar el entrenamiento. Aunque había algo que me intrigaba, ¿Cómo conseguía el líder de la manada lanzar chorros de agua? ¿Sería porque era superior a los demás miembros del clan? Entonces eso significaba que yo también podría hacerlo.
Los ojos se me iluminaron por la emoción. Abrí la boca y comencé a hacer fuerza mientras mi padre seguía caminando. No conseguía lanzar agua ni un poco así que hice más fuerza hasta que, un sonido que no había salido de mi boca me llamó la atención, había salido de mí pero no por la boca. Olisquee el ambiente.
-¡Que peste! –Exclame dándome la vuelta bruscamente –No sabía que mi cola oliese tan mal al hacer fuerza.
Intenté correr hacía mi padre que me llevaba bastante ventaja, al correr sentía un dolor en el pecho como si me cayese repetidas veces desde una gran altura. Cuando llegué cerca de él pare en seco, él miro hacía mi y simplemente puso otra de su muecas de desagrado. El bello paisaje ya no llamaba mi atención, ni los olores jugaban en mi paladar además ya no podía oír el sonido de algún que otro pokemon que se había atrevido a salir teniendo a mi padre por ahí.
Cuando llegamos a la cueva un Jolteon que también parecía ser de la alta sociedad por la forma en que estaba sentado perfectamente erguido esperaba a mi padre bastante inquieto. Su apariencia estaba perfectamente cuidada su cabello de color dorado se mezclaba al llegar al cuello con otro de color albino perfectamente blanco que casi daba miedo mirar por tal perfección.
-Señor-Dijo el pokemon haciendo una reverencia.
-¿Ocurre algo? –Pregunto él al verle allí.
-Ha habido avistamientos de Ninetales por los alrededores –Respondió.
-Eevee, vete dentro –ordeno gruñendo.
-Si, padre-Respondí sin rechistar.
Saltar de saliente en saliente era difícil y no era lo mejor para mi cuerpecito.
Podía observar como el Jolteon y el jefe de la manada hablaban y se alejaban de la cueva.
Cuando llegue al saliente más alto me desplome aunque quise entrar mis piernas dijeron basta.
Mi madre no estaba en la guarida y la mayoría de los pokemon seguían dormidos.
-No sabe la suerte que tiene -Una voz terminó con mi pequeña tranquilidad.
Puse los ojos en blanco y dirigí la cabeza ante un saliente cercano. Un Eevee me hizo una reverencia mientras le observaba con curiosidad.
-No sabe lo que dice –Le respondí sentándome y rememorando el entrenamiento.- ¿Quién es?
-Soy Eevee, hijo de Jolteon, camarada de su padre-Me dijo –Si me permite el atrevimiento. Adoraría estar en su lugar.
-¿Hijo de Jolteon?-Pregunté – ¿Por casualidad no será su padre quien estaba abajo esperando a mi padre?
-Creo que esta en lo cierto príncipe –Dijo asintiendo lentamente.-Señor ¿Por qué dijo que no sabía lo que decía?
-Eso sí es atrevido de preguntar –Contesté molesto.
-Perdóneme, de veras no pretendía…-Un fuerte rugido paró en seco al pokemon.
-¡No nos han dado ni un día de descanso! –Gritaba fieramente un Flareon macho.
-¿Qué está ocurriendo? –Pregunté en voz baja bastante preocupado.
-Tranquilo-Me dijo el Eevee–Los machos adultos se encargaran de ello sin problemas.
De pronto algo parecido a un aullido de dolor inundó la sala.
-Seguramente ya hayan acabado con los intrusos –Sonrió el pokemon adentrándose en su madriguera.
Con los machos aquí no hacía más que sorprenderme rápidamente. Espere un poco observando las vistas del revuelo formado y poco a poco volví a quedarme dormido.
Más tarde me desperté por una gran murmuración que precedía en la cueva.
-Era un buen guerrero –Mi padre parecía lamentar alguna perdida -¿Cómo esta su hembra?
-Desconsolada –Le respondió otra voz –Ha sido una gran perdida para la manada.
Asome la cabeza hacía al suelo.
-¡Ah! –exclamé aunque no pudieron oírme, Reconocí al cuerpo inerte del pokemon tumbado en el suelo, era el Jolteon con el que mi padre había charlado , aunque mi primera impresión fue pensar que dormía no era así, no se movía y estaba palido.
-¿Cómo dice que ha muerto? –Preguntó un Espeon.
-Ninetales –Contestó mi padre.-Lo asesinaron unos Ninetales.
-Muerto….asesinado…. –Me repetí a mi mismo, eran palabras que no conocía pero me inspiraban dolor. Giré la cabeza hacía el saliente de Eevee. Allí estaba él, erguido contemplando el panorama y sin una lagrima mojando su rostro.
-De veras lo siento –Le dije con tristeza.
Ni siquiera me miró, eso era una falta de respetó hacía mi puesto pero algo dentro de mí decía que no le reprendiera nada.
Así los días iban pasando uno detrás de otro cada uno anunciando la condena de mis entrenamientos duramente. También intente entablar conversación con Eevee aunque este se mostraba reacio. Mi mundo de atenciones se había convertido en un infierno para hacerme un líder fuerte y respetado y yo solo podía pensar ¿Cuándo acabará mi tortura?
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772129   |   23/10/2009 23:39
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

# Ubicación: Sisimut - Grønland

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Capitulo 3 -¿Amarga despedida?-



Habían pasado dos semanas duras de entrenamiento, por llamarlas de alguna manera. Habían pasado dos interminables semanas desde la muerte de Jolteon. Habían pasado dos improductivas semanas de intentos de conversación con el hijo de Jolteon…
Recuerdo qué aquel entrenamiento fue especialmente duro, mientras intentaba seguir el ritmo a mi padre el observaba con preocupación los alrededores del territorio, aquel día decidió marcar una ruta más cercana a las orillas del territorio para volver junto a la manada.
-¿Ocurre algo Padre? –pregunté temeroso por su contestación.
-Limítate a pensar lo penosos que son tus adiestramientos –Me dijo gruñendo.
Fue un golpe bajo para mi autoestima, aunque ya estaba acostumbrado a recibir esas críticas de aquel Vaporeon.
Cogí aire lentamente para que no me doliera tanto al respirar, ya que era una ruta nueva deseaba investigarla.
Lo primero que note fue el olor, nunca había olido algo tan putrefacto, me daban ganas de llorar, pero con Padre delante era un lujo fuera de mi alcance.
Haciendo un esfuerzo extra averigüé la procedencia del hedor, procedía del este, lo observé detenidamente, un gran bosque se extendía hasta algo que me llamó mucho la atención, parecía una montaña de color gris con muchos agujeros, pero sin embargo era más estrecha que una. Imaginé la posibilidad de que fuera un árbol que no tuviera hojas, pero la falta de ramas y el color tan poco natural me quitó rápidamente la idea de la cabeza, además era demasiado alto para ser un árbol.
De pronto sentí un empujón de mi padre para que dejara de observar la extraña montaña, parecía querer apartarme de ella todo lo posible. ¿Qué había en ella que tanto le molestase? Mire un segundo más a la extraña montaña y hubo algo más que me llamó la atención algo blanco, grande y peludo me miraba con unos diminutos ojos de color rojo. ¿Sería el habitante de la montaña?, fuera lo que fuera era un pokemon que nunca antes había visto, eso me hizo pensar en lo que habría fuera de la protección de nuestro territorio.
Al llegar a la cueva observé a Eevee el hijo de Jolteon sentado en la entrada de su madriguera. Nunca me había hablado desde aquel fatídico día, yo no se lo tenía en cuenta, aunque era una gran falta de respeto. ¿Conseguiría entablar una conversación aquel día? ¿O sería otro intento en vano?
Subí de piedra en piedra mientras mi padre se alejaba hacía el exterior sin decir ni una palabra.
-Hola –Dije sentándome en mi saliente.
-Hola- Dijo él para mi asombro, aunque no me miró.
-¿Qué tal esta?-Pregunté enérgicamente, aunque la pregunta era delicada.
-Aburrido-Contestó mirándome -¿Damos un paseo?
-Me tienen prohibido salir-Respondí aunque la idea me entusiasmaba.
-No le encontraran-Me dijo con una sonrisa extraña- sus padres no volverán hasta el anochecer.
Dudé un segundo.
-De acuerdo –Finalicé acercándome al pokemon, quien empezó a saltar de saliente en saliente mientras le seguía a su lado.
Aquella salida a la exterior fue la mejor que tuve hasta aquel momento, aunque siempre debía de estar alerta por si alguien le descubriera.
-Supongo que ser el hijo del líder de la manada serán muchas responsabilidades –Comenzó para mi asombro una conversación.
-Si-Contesté dudosamente –pero siempre anhelo un poco de libertad.
El sonrió maliciosamente, aunque no hice caso.
-Por curiosidad –Señale -¿A dónde nos dirigimos?
Ya nos habíamos alejado bastante, los árboles, hierba alta y de más vegetación parecía querer que no nos desviáramos tanto de la cueva.
-Bueno, no tenemos rumbo fijo- Me dijo- ¿A no ser que le resulte tentadora otra ruta?
-¿Podríamos acercarnos hacía el este? –pregunté esperando la contestación afirmativa. La idea de volver a ver la extraña montaña me hacía mover la cola con gran ilusión.
-¿El este? –Eevee parecía incomodo –No es posible.
-¿Ocurre algún problema?- Pregunte molesto –Dijo que no había ningún rumbo fijo.
- Cierto –Contestó pensativo –Pero si nos dirigimos hacia el este anochecerá.
-No creo que sea tan tarde –respondí girándome.
-Hágame caso, por favor – Respondió –Conozco el territorio.
Eso era cierto, había observado salir a aquel pokemon sin compañía multitud de veces, además yo no conocía muy bien mi propia tierra.
-¿Y hacía donde propones ir? –pregunté resignado, aunque lo dije
-Recto –Respondió –Hacia el norte.
Me puse a caminar, por delante de él, mientras le observaba de vez en cuando como miraba hacía su alrededor, me pareció sospechoso, aunque pensándolo mejor estaría observando todo cuanto nos rodeaba.
Habíamos llegado a un lugar con poca maleza por el que daba gusto caminar, aquello a lo que llamaban sol se había agachado y escondido entre los árboles, dejando el cielo de color anaranjado.
De pronto mi compañero se paró en seco.
-Giremos hacía aquí –Me dijo señalando con su hocico hacía la derecha.
Mire de reojo hacía allí dudoso.
-¡Pero si esta mi padre! –exclamé, observando como el pokemon conversaba con sus más allegados camaradas.
-Exacto –Dijo sonriente.
-Nos van a descubrir –Dije casi gruñendo, mi gruñido era débil pero amenazante.
-Qué pena –Siguió sonriendo –Pero no es a mí a quien tienen prohibido salir.
-Traidor –Gruñí fuertemente.
-Perdone pero ¿en algún momento le pedí que confiara en mí? - Se puso en pie.
No sé porqué aquello me dolió muchísimo, era como cada vez que acababa un entrenamiento multiplicado por un número infinito. No lo entendía, si no me habían golpeado ¿por qué dolía tanto?
-Pensé que éramos amigos –Dije cabizbajo, la frase me salió sola al igual que la postura, mis orejas se habían bajado tanto que podía observar mi marca en la oreja con total perfección, si no fuera por qué mis ojos estaban inundados de agua.
-¿Amigos? ¡Ja! –Se mofó –No se puede ser amigo de un débil, solo eres líder de nombre, eres un débil asqueroso.
Su educación se acababa de desvanecer, pero no podía seguir así, si padre me veía de esta forma sería más decepcionante de lo que era ahora para él.
-¡¿Crees qué eres mejor que yo?! –Dije poniéndome en posición de batalla, o al menos eso creía yo. Ya que desgraciadamente no me habían enseñado a pelear. Eevee se puso en posición al momento con una sonrisa picara.
-¡Fuego! –gritó una voz que procedía de la cueva. Una gran nube de humo negro llegaba desde allí.
El líder y sus camaradas corrieron hacía allí con la mala suerte que pasaron por nuestro lado, de padre solo recibí una rápida muestra de asco.
Le veía correr rápidamente hacía allá, con gran preocupación…
Me encontré solo en aquel bosque, ya que Eevee había huido hacia el lado contrario.
Dudé un minuto, tenía miedo, pero si no me preocupaba por la manada ¿Qué clase de líder sería?
Corrí hacía allí, no era muy lejos pero el camino era interminable para mí, todo rojo y parecía como si el suelo estuviera moviéndose bruscamente, además el humo impedía ver bien.
Llegué a la cueva, todo el mundo corría, mientras que unos seres de color blanco lanzaban llamaradas, De pronto una imagen me llego a la cabeza, ¡Yo había visto a esos seres aquel mismo día!, Los vi solo un momento al fijarme en la extraña montaña pero los había visto. Ese pelo que parecía tan sedoso, la abundancia de colas que caían elegantemente mientras el viento las movía dulcemente.
-¡Estúpidos Ninetales! –Un Glaceon huía con algunas crías hasta un lugar más seguro.
-Ninetales…- susurré viendo como aquellos seres arrasaban la vegetación lanzando bolas de fuego.
De pronto uno de los árboles cercanos comenzó a quebrarse, cayendo rápidamente sobre mí, con un gran estruendo.
Después de aquello todo ocurrió muy rápido, solo recuerdo caer colina abajo arrastrado por un gigantesco tronco y la imagen de la extraña montaña mientras caía. Hasta llegar a estar en los aires bruscamente y caer en un suelo muy oloroso, con unas paredes de color verde oscuro mientras oía en mis oídos un fuerte pitido mientras poco a poco me quedaba inconsciente…


Continuara…
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772130   |   30/10/2009 17:01
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

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# Ubicación: Sisimut - Grønland

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Capitulo 4-Extraño mundo-



-¿Qué haces este tipo aquí durmiendo? –Una voz amarga resonó en mis oídos.
-¡Tu!- Gritó otra voz ronca-¿No sabes qué este es nuestro territorio?
-¿Vuestro? –Dije débilmente despertándome e intentando abrir los ojos.
-¿¡Que pasa!?- Dijo una molesta -¿¡Quieres pelea!?
Abrí los ojos rápidamente, allí en frente mío, me encontré dos seres de grandes dientes, un color morado por encima y blanco el pecho.
-Perdonen –Pregunté educadamente -¿Podrían explicarse qué son?
-¿¡Eso va con segundas!? – Preguntó uno de esos extraños seres.
El otro comenzó a bufar de forma amenazante y su gran diente comenzó a brillar. ¿Qué debía hacer? Estaba muerto de miedo. Pensé en correr, pero mis piernas temblaban demasiado. Dudé entre intentar aguantar el dolor o luchar, pero mi cuerpo estaba paralizado.
De pronto caí al suelo, pero no había sido por culpa de aquellos seres.
-¡Comida! –Dijo otro extraño ser escarbando en el suelo.
Los dos seres habían sido empujados al suelo al igual que yo.
-¿¡Otra vez tu!? –preguntó el ser que había intentado atacar.
-¡Este es nuestro basurero! –Respondió el otro.
¿Basurero? No sabía qué era eso, así que observe a mí alrededor y pude observar unas colinas de olor pestilente de color grisáceo y marrón, era difícil de describir, ya que no conocía nada de lo qué había allí.
-Pues yo no veo vuestro nombre en ningún lugar –Dijo el nuevo ser sin dejar de escarbar.
-¿Acaso quieres verlo grabado en tu cara? –Rió uno
El ser morado recibió una patada, que le tiro de nuevo al suelo.
-Vale, vale –Dijo el ser morado levantándose y alejándose con su compañero –Tranquilo.
Observe como los seres se alejaban lentamente y me acerque al qué escarbaba para darle las gracias por salvarme.
-Señor –Comencé.
-¿Todavía hay uno? –Dijo levantando la cabeza.-Asquerosos Ratatas
Un pokemon de color naranja con rayas negras, y en la cabeza y el pecho además de la cola un pelaje suave y sedoso de color blanco. Era bastante bonachón y rechoncho. Sus ojos me miraban sin ningún signo de curiosidad al contrario que yo a él. Me pareció buen ser, es decir, él me había salvado de aquellos seres.
-¿Qué quieres tu? –preguntó vacilando, seguramente en porqué yo le miraba tan fijamente.
-Si, le quería dar las gracias-Dije agachando la cabeza- Sr. Flareon
-¿¡Qué que!? –Preguntó alarmado.
-Que le doy las gracias por salvarme antes –Dije dudando en si algo le había molestado.
-¡Si, si! ¡Eso vale! –Siguió alarmándose-¡Pero ¿Cómo qué Flareon?!
-Bueno, es cierto que es un Flareon extraño, si me lo permite –Dije yo dudando –Por qué tiene rayas de color negro y tiene la cara más redonda.
El parecía estar petrificado.
-Pero es un Flareon, al fin de al cabo –Sonreí feliz tras haberle aclarado lo qué era.
-¿Pero este de qué árbol se ha caído? –Suspiraba el ser.
-Yo no he caído de ningún árbol –Le explique.
-Primeramente soy un Growlithe –Dijo él – Segundo, ¿por qué hablas como si hubiera otro pokemon?
-Perdone, no le entiendo – Dije, no sabía que quería decir, yo hablaba con él todo el tiempo.
Suspiró mirando al cielo.
-A ver, plumero con patas –Dijo él mirándome fijamente – Cuando hables con alguien se dice”No te entiendo” cuando hablas de alguien “No le entiendo” ¿Comprendes?

-Bueno yo solo se lo dije educadamente –Dije sentándome –A propósito ¿Qué es un plumero?
-Dejémoslo…-Suspiró el Growlithe
Observe mí alrededor.
-¿Qué es este lugar? –Dije por lo bajo, aunque el pokemon me consiguiera oír.
-Es un basurero –Dijo el –Ya sé que no es tan cómodo como la ciudad, pero al menos hay más comida, aunque de peor calidad…
-¿Basurero? ¿Ciudad?-Le pregunté, este lugar era nuevo para mí, no conocía nada y todo me resultaba extraño.
-No eres de por aquí ¿verdad? –Preguntó poniéndose en pie.
Negué con la cabeza.
-¿De dónde vienes? –Preguntó mirando mi oreja cortada.
-Vengo de una gran manada–Dije apartando la oreja –Una manada con un extenso territorio que llega hasta donde alcanza la vista…
-Si, si, muy interesante –Dijo poniéndome su cola en la boca -¿Cómo has llegado hasta aquí?
Retiré la boca de su cola.
-Solo recuerdo haber caído en un lugar con paredes de color verde y que emitía un extraño sonido –Dije rememorando.
-Siento decirte esto, pero creo que te será muy difícil volver a casa –Me dijo poniéndose a andar –Ven.
¿Volver a casa? Recuerdo perfectamente la sensación que me invadió en aquel mismo momento. Lo más normal es que la tristeza me hubiese asaltado como fuertes latigazos, y aunque así era, había un segundo de felicidad penetraba entre aquella inmensa angustia.
Pensar que no volvería a ver a mi madre me hacía estar triste, pero al rememorar a mi padre… ¿Era eso lo que me hacía sentirme feliz?
No, no lo era, yo no sentía eso por mi padre, yo le respetaba…. No, no puedo decir esto ya que sería mentir, mentirme a mí mismo .Aunque era lo que debía sentir, no era cierto, Ya que efectivamente era ese líder duro y sin compasión el qué hacía que el extraño sentimiento me invadiese.
-¡Eh! –El gritó me aparto de mis pensamientos- ¿Vienes?
-¡Si! –Respondí poniéndome a correr, estaba lleno de energía y no recuerdo haber corrido tan rápido nunca.
Caminamos durante bastante tiempo, algo en mi interior me decía que no me fiase del pokemon, supongo que estaba rememorando la traición cometida por el que yo creía que era mi amigo.
-Mira –Dijo el bonachón pokemon sentándose para rascarse su oreja izquierda.
No pude contener mi cara de sorpresa al ver unos extraños seres, grandes, qué emitían un extraño sonido y de ese color verde.
Corrí hacía uno de ellos, si eso me habían traído, significaba que sabía dónde estaba mi manada.
-Perdone, ¿Es usted quien me ha traído ha este…?-Pregunte dudoso -¿Cómo lo ha llamado…? ¿Bacurero?
-En primer lugar es un basurero, enano –Dijo mi acompañanta por detrás –Enano… si, me gusta, además te pega
-¿Y en segundo lugar? –Pregunté disculpándome con el ser.
Growlithe comenzó a reírse fuertemente.
-Enano, ¡me matas de la risa! –Rió -¡Eso es un camión! ¡No un ser vivo!
-Pero si anda…-Susurré- ¡Y mi nombre es Eevee!
-Ya sé que anda –Me dijo el pokemon –Para eso lo crearon los humanos.
-¿Qué es humanos? –pregunté rememorando la primera vez que vi al líder de la manada, dando aquel discurso donde aquella palabra también había surgido.
Growlithe se quedo pensativo.
-Ellos han construido todo esto, maquinas que andan, vuelan o vuelan, imitándonos –Me explicó –No sé si son buenos o malos.
-¿Cómo qué no lo sabe? –Le pregunté.
-No me trates así, te lo pido por favor –Suspiró, sacudiendo la cabeza –No me gusta.
-De acuerdo, lo intentaré –Dije, no entendía como mi educación era molesta –Pero explíquemelo.
-Bueno, es que a veces son buenos, por qué hacen medicinas y curan a los pokemons, además de construir todo tipo de cosas –Pero… cazan pokemons con instrumentos redondos, y nos hacen luchar por diversión, algunos pokemons dicen que los humanos son sus amigos, pero…no se… además también crean cosas malas, yo no estoy seguro de que sean buenos.
-Creo que me hago una idea –Suspiré con muchas dudas en la cabeza.
Algo me hizo sonreír precipitadamente.
-¿Qué es eso? –Dije señalando la extraña montaña grisácea que ya conocía. La montaña era inmensa, debía subir muchísimo la cabeza y aun así no llegaba a ver la parte más alta, además tenía bastantes agujeros.
-Un edificio –Dijo él – Donde viven los humanos
-¿Eso es como su madriguera? –Pregunté entusiasmado.
Growlithe dudó.
-Se podría decir-Dijo pensativo –Oye ¿Tu quieres volver a casa?
-¡Si! –Dije sin pensar –Bueno…
Rememoré a mi padre, de pronto sentí un dolor insoportable en la espalda. El recuerdo del dolor de los latigazos acuáticos parecía real.
-¿Por qué no pasas la noche en la ciudad y mañana decides? –Preguntó –Conozco la ciudad como la palma de mi pata.
Growlithe levanto su pata derecha todo lo que pudo dejando ver unas almohadillas de color castaño.
-No quiero molestar –Dije.
-No molestas, me gusta la compañía-Rió- Aunque sea viniendo de un ilustre plumero con patas, que no sabe nada de su alrededor.
No sé porqué la risa me contagió aunque fuera solo un poco.
-Muchas gracias –Sonreí, además la idea de explorar “La Ciudad” hacía que me brillaran los ojos. ¿Abría allí mas “edificios”? ¿Conseguiría ver un humanos?
Comencé a andar con Growlithe felizmente, aunque lo que más me llamaba la atención era saber que era un plumero, y porqué Growlithe me llamaba así, aparte de lo de enano.
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#772131   |   03/12/2009 19:33
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Siento haber tardado tanto, pero entre examenes y que el capi es algo largo ha pasado tiempo.


Desigualdad de opiniones


-¡Enano! –Gritó Growlithe -¿Te has decidido hoy por fin?
Abrí los ojos sonriente, al ver los pequeños de colmillos mi compañero asomando desde el exterior de lo que los humanos llamaban un “Cubo de la basura” que había sido mi nido desde que había llegado, al estar caído era fácil entrar.
-¿No te gusta tenerme aquí? –Dije estirándome.
-Vaya, como hemos cambiado –Reía Growlithe –No sé que prefiero, al remilgado del basurero, o a ti.
Era cierto, verdaderamente había cambiado mi actitud en los pocos días que había convivido con Growlithe.
Caminé hacía el exterior del cubo, la luz del sol se escondí tras las madrigueras de los humanos, lo cierto es que estábamos rodeados de las madrigueras, La ciudad era una gran manada, que se extendía hasta donde la vista llegaba.
-El callejón esta muy tranquilo hoy –Observó el pokemon–Será fácil conseguir comida de la basura.
La comida, eso era lo malo de la ciudad, era difícil conseguirla suculenta y a veces había que pelear por ella, bueno… En realidad era Growlithe el que luchaba por ella, de los dos, era el que más intimidaba, sí a ese pokemon se le podría llamar intimidante.
Observé el callejón, así llamaban a la parte estrecha que dividia las madrigueras humanas, no había ningún ser merodeando por aquel lugar, exceptuando un anciano humano que asomaba su cabeza por un agujero y nos miraba con curiosidad mientras que golpeaba una pequeña rama de color blanco que de vez en cuando se llevaba a la boca y hacía lanzar bocanadas de humo.
-Es extraño- Dije acercándome a otros cubos de basura que tan fielmente me habían servido de alimento.
Growlithe me siguió extrañado, al ver algo fuera de lo común en la basura.
Observe uno de los cubos también atónito, uno de ellos se tambaleaba de un lado a otro con gran violencia.
-Ya me parecía a mí que iba a ser demasiado fácil –Dijo acercándose al cubo-Enano, apártate.
-¿Qué vas a hacer? –Pregunté dando dos pasos hacía atrás, aunque ya conocía la respuesta.
-¡Este es mi territorio! –Gruñó Growlithe golpeando el cubo con sus patas traseras.
El cubo se tambaleó con más fuerza aún y cayó bruscamente con un tremendo ruido que retumbó en mis oídos.
-Así aprenderás –Rió Growlithe observando el cubo.
De pronto de aquel cubo comenzó a brillar algo diminuto que se fue extendiendo violentamente hasta volverse una gran bola de color negro.
La bola fue lanzada al exterior del cubo causando algunos destrozos en la parte exterior de los edificios.
-¿Me lo vas a poner difícil? –suspiró Growlithe –Sal de ahí, venga demuéstrame tu valentía.
-No creo que sea buena idea –Dije observando con temor los destrozos ocasionados por aquella bola en la pared con gran temor.
-No te preocupes – Respondió sentándose –Los bola sombra no me asustan.
-Bola sombra… –dije hacía dentro mientras observaba algo salir de entre la basura.
-¿Tu territorio?- Rió dando un paso adelante una voz suave con un tono de agresividad –Yo no veo donde dice que es tu territorio.
-Yo no hago esas porquerías –Contestó Growlithe rascándose la oreja –Creo que ya se quien eres.
Miré a Growlithe confuso.
-¿Por qué los plumeros con patas se cruzan en mi camino? –Terminó mi amigo.
-¿Quizas porque estas lleno de suciedad? –Dijo un ser de color castaño saliendo del cubo, era igual que yo exceptuando que era de color más oscuro y que sus rasgos pertenecían a una hembra, sus ojos de color castaño observaban con una chispa de maldad a Growlithe, mientras yo pasaba desapercibido ante ellos.
-¿Yo? –Ironizó mi compañero -No te has mirado ¿verdad?
-Hola –Dije intentando que aquello no se combirtiera en una disputa –Mi nombre es eevee, encantado de conocerla.
Aún no se por qué, pero esperé la misma reacción que con las hembras de la gran manada de donde procedía, aunque eso no iba a cumplirse al parecer.
-¿Y este? –Preguntó la joven con un tono de burla –Growlithe ¿Qué haces tu con este tipo?
-¿Tiene algún problema? –Dude con mi habitual educación, al parecer mi lenguaje coloquial se limitaba a Growlithe.
-¿De donde has sacado este bicho? –Rió ella.
-Déjale en paz , Eevee –Suspiró Growlithe poniéndose delante mio –Creo que ya tiene suficientes problemas como para que tu…
La defensa de Growlithe me enfureció, me hizo parecer débil, por lo tanto recordar el odio que sentía mi padre hacía este carácter.
-No necesito protección –Gruñí a Growlithe –Puedo luchar mis propias batallas.
-Espera un momento –Dijo él a la joven que obsevaba con curiosidad lo que ocurría en la escena mientras Growlithe se giraba hacía a mi.
Gruñí más fuerte aún.
-¿Qué te pasa ahora? –Preguntó, no parecía estar molesto.
-Ya te lo he dicho –Me calmé un poco- No necesito protección.
-Pues yo creo que si la necesitas –Dijo Growlithe mirándome fijamente - Tienes un serio problema entre manos, que no conoces nada de lo que hay aquí.
Fruncí el ceño y observe a la hembra que me miraba con una curiosidad bastante interesante.
-¿Qué vas a hacer? –Preguntó reprendiendomé.
-No puedes regañarme –Dije furioso, con una gran rabía en el cuerpo. Comencé a andar. No podría explicar la sensación que en aquel momento me embargaba.
-¡¿A dónde vas?! –Preguntó mientras me alejaba lentamente
No contesté y seguí caminando.
-Growlithe, yo…-Oía a la joven que parecía disculparse.
-Calla, que ya has hecho demasiado –Le respondia el pokemon con un leve gruñido.
No se si su conversación siguió, ya que me aleje demasiado.
Anduve aproximadamente un par de horas por una ciudad que apenas conocía, una ciudad como cualquier otra, una ciudad que me estaba haciendo ver que no estaba en lo alto de la sociedad, más bien lo más alejado de aquello.
Observe mis sucias patas al sentarme cerca de una humana joven que acurrucaba a su cría mientras se sentaba, en lo que Growlithe llamaba un banco.
Pense en todo lo ocurrido en tan pocos días. Aquella hembra del callejón, Mi encuentro en el vertedero con Growlithe, El incendio , La traición del hijo de Jolteon y los duros entrenamientos de mi padre. Había algo que diferenciaba una cosa de las demás, algo dentro de mí me lo decía, pero desgraciadamente no encontraba esa diferencia en un mar de recuerdos.
-¿Tienes hambre pequeño?- La humana extendió su mano hacia mí.
Di tres pasos hacía atrás, tenía miedo de que quisiera atacarme.
-Tranquilo –Dijo teniendo algo sobre su mano.
Olisquee la muñeca durante unos segundos para asegurarme de que no fuera nada peligroso. Observe algo redondo de color marrón claro con puntos de color más oscuro, su olor incitaba a mi hambriento estomago a llenarse aunque fuera un poco.
Mordisquee sin dudarlo, tenia hambre y aquello… Creo que fue lo mejor que comí en mucho tiempo. Aquella humana me acariciaba la cabeza mientras yo comía. Era una sensación que me habría gustado que nunca hubiera acabado.
-¡Treecko destructor! –Oí a alguien gritar.
Corrí hacía unos árboles bastante asustado por el sonido.
Lo que me encontré fue algo que siempre recordare, dos humanos dando órdenes a pokemon que luchaban como simples peones. ¡Eso era algo imposible!
-Somos mucho más fuertes que los humanos, ¿Por qué estamos peleando sus batallas?- Pensé en voz alta.
-¿Ves las bolas que llevan en las patas delanteras? –Una voz se hacía eco por detrás –Han capturado a esos pokemon con ellas.
Growlithe se sentó a mi lado y comenzó a observar aquello como algo usual.
-Pero...-Aquella situación me llenaba de rabia -¡Eso es un insulto!
Growlithe me miró asombrado, suspiró mientras volvía a mirar la batalla.
Sin darme casi ni cuenta observe al treecko que luchaba agonizando en el suelo mientras que un chimchar se enzarzaba con él. Los humanos simplemente contemplaban la escena.
-Un buen líder no debería dejar a sus camaradas así, aunque sean los menos importantes –Murmuré, había algo extraño en aquel pensamiento, supe bastante bien lo que era, mi padre nunca pensaría así. Por lo tanto ese no era el pensamiento de un buen líder.
-Eevee –Dijo el pokemon sin mirarme.
-¿Si? –Dije observándole.
-Nunca he conocido a nadie como tú – Era la primera vez que observaba a mi compañero así –Sinceramente, eres fascinante.
-No se a lo que te refieres – Dije lanzando una mirada al suelo.
-Es… Es como si tu tuvieras miles de ideas en la cabeza, pero no pudieras lanzarlas – Dijo pensativo observando al vencedor de la batalla –Necesito saber algo de tu pasado.
Dudé un segundo, aquella descripción sobre mi me hizo pensar bastante. No se a lo que se refería Growlithe, estaba demasiado confuso para hablar.
-Prefiero no hablar de ello –Respondí temeroso de su contestación.
El silencio embargo la conversación mientras observábamos como los contrincantes encerraban a los pokemon en las extrañas bolas. Me pregunte, y sigo haciéndolo, como era posible aquello.
-No pasa nada, si no te sientes a gusto contándolo –Dijo sonriendo –Somos amigos ¿No?, puedo confiar en ti.
-Amigos…- Intente contestar algo ,pero una imagen me paró en seco.
Observe cerca de allí a un muchacho de pelo castaño y revuelto ,con ojos azules, vestía… ¿Cómo lo llaman? Una cazadora de color beis y una camista blanca, también unos ¿vaqueros?¿se llaman así? De color oscuro y en sus pies llevaba algo de color blanco…
Pero no era eso lo que me impactaba, si no que entre sus brazos tenía a la joven hembra que conocí en el callejón mientras la acariciaba suavemente la cabeza.
Pensé rápidamente en la batalla que acaba de terminar, mientras los jóvenes humanos se alejaban dejando atrás la escena que llamaba mi atención.
-No –Dijo mi compañero –Pero ella lo desea con ansías.
Growlithe acababa de leer mi mente, pero… ¿Cómo alguien podría desear que la combirtieran en eso?
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#772132   |   26/12/2009 19:20
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Para los que creyeron que el fic murió aquí está lo que pasa es que me he centrado en trabajar este capi además de que no se por qué me daba la sensación de que nunca se acababa O.oU. Y aquí estamos con un cap de según el mas o menos Word 3267 palabras x3.
SECRETOS CONFESADOS



Intenté gritar lo menos posible. Tenía el dorso dolorido, como si me estuvieran dando latigazos, a decir verdad así era. Observe la figura de mi padre mientras intentaba ponerme de pies una vez más.
-¿Ya está? ¿Hemos acabado? –Preguntó molesto -¿Eso es todo lo qué puedes aguantar?
-No… - Mentí - No hemos acabado.
No quería seguir con aquello. El lomo me ardía al darme pinchazos de dolor. Pero no podía permitirme ese lujo.
-Un buen líder no puede ser débil –Decía –Se ha de dejar a los enclenques atrás.
-No… no puedo más - Me rendí
-¡¿Se puede saber qué estás diciendo?! –Gruñó enojado.
-Lo-lo siento –Dije mientras los ojos se me inundaban de lagrimas –Esto me supera…
Caí desplomado en el suelo, ¿Qué acababa de hacer? , Me había rendido, era un perdedor, solo era líder de nombre… en mí interior no se albergaba el fuerte líder que era mi padre…
Observé una figura azul acercándose a mí, con una expresión de dureza en unos ojos que junto con aquella cicatriz que cortaba uno de ellos les hacía parecer mucho más intimidantes.
-Mentiría si te digo que no me lo esperaba –Gruñó dándose la vuelta, mientras yo seguía allí en el suelo…
Comencé a jadear fuertemente, mientras sentía una permanente sensación de dolor.

-¡Ah! –Me sobresalté
Miré hacia los lados, estaba en el cubo de la basura con Growlithe a un lado, mirándome fijamente el costado.
-¿De qué son? –Preguntó mirándome a los ojos
-¿El qué? – Dije dudando
-Tienes unas buenas cicatrices debajo del pelo –Dijo señalando con el hocico mi lomo –Y además te duelen nada más que las toco ¿verdad?
¿Me había quedado marca de los entrenamientos? Era normal, aquello…, aún sigo dudando de que si hubiera seguido allí tan pequeño hubiera muerto en alguno de ellos. Aunque supongo que mi padre no hubiese llegado hasta tantos extremos.
De pronto sentí un fuerte dolor en aquella parte que me hizo soltar un sollozo.
-Lo siento – Dijo apartando su pata de mi cuerpo – ¿Qué te han hecho?
Lo dijo en voz baja, aunque lo oí de lleno.
-Nada –Dije saliendo del cubo.
Era de noche, pero la ciudad no estaba oscura, los humanos habían inventado alguna especie de jaula para atrapar el sol en pequeños lugares. Miré al suelo, ¿Era así como siempre me había sentido? Como el sol atrapado en aquellas jaulas...
-Enano – Susurró mi compañero saliendo - ¿Estás bien?
-Me siento apresado en esta ciudad –Dije sin mirarlo –A decir verdad siempre me he sentido así.
-¿Siempre? –Preguntó el pokemon sentándose a mí lado.
-Si –Contesté, necesitaba contarle a alguien quien era –Verás, yo nací en una manada… Yo era como si fuese el príncipe de allí, mi padre era el líder…
No sé por qué, pero en aquel momento decir la palabra príncipe me hizo soltar una risilla.
-¿Algún enemigo de tu padre te hizo eso? –Preguntó con curiosidad.
Lo qué hablaba sería lo más normal… Un intruso llega, me ve allí y me ataca por ver sufrir a mi padre, que pena que esa no fuese la realidad.
-No –conteste suspirando con la mayor firmeza posible –Me lo hizo él.
-¿¡Qué!? –El pokemon se sorprendió tanto que casi me asuste de que fuese a él a quien le acabaran de hacer algo.- ¿¡Como te pudo hacer tu padre esas cicatrices!?
-Yo debía y debo llegar a ser un líder de una poderosa manada –Seguí mi historia – Por eso mi padre probaba mi resistencia con entrenamientos.
No podía hablar más, me costaba muchísimo, quería llorar y las lágrimas caían tímidamente mientras intentaba retenerlas.
-Si me lo permites – Dijo Growlithe llamando mi atención –Tu padre es idiota.
Gruñí, aquel comentario me molestaba, desde siempre mi me habían enseñado que mi padre era un fuerte e inteligente líder y yo debía ser igual que él.
Growlithe volvió a adivinar mis pensamientos.
-Has dicho que tienes que ser un líder de manada ¿no? –Growlithe me examinó detenidamente –Si todos los lideres son como tu padre, prefiero ser un solitario.
-¿Tan malo te parece mi padre? –Dije mientras Growlithe comenzaba a jugar con mis orejas.
No contestó, simplemente siguió enredando con mi corte, como si la pregunta ya se contestará sola.
-¡Pues yo debo ser como él! –Dije dando tres pasos hacia atrás.
-¡Debo, debo, debo! –Se mofó poniéndose panza arriba -¿No sabes decir otra cosa?
No contesté, no sabía que decir, ¿Tendría esa pregunta respuesta?
-Pero lo interesante sería saber… -Dijo Growlithe poniéndose de pies mientras su mirada se fijaba en mis ojos -Qué es lo qué quieres…
-¿Qué es lo que quiero? –repetí dudando, la verdad es que me sorprendió la pregunta.
-Llevo todo el rato oyendo que es lo que debes hacer –Explicó sonriendo, sus afilados colmillos en aquel momento le parecerían una amenaza a cualquier joven pokemon que no tenga más de un año de vida, también a mí, no porque fuera atacarme físicamente ya que lo haría psicológicamente –Pero no he oído lo que tú quieres hacer.
-Yo…-Dudé buscando la respuesta correcta, pero caí en la cuenta… No existía una respuesta correcta -¡Quiero ver mundo! ¡Vivir aventuras!
Me emocioné y comencé a gritarlo una y otra vez. Nunca me había sentido así, aunque esto a growlithe no le pareció muy asombroso, creo que se esperaba esta reacción, aunque él dudaba en sí yo la conseguiría.
-Entonces ¿quieres irte de la ciudad? –Preguntó Growlithe mirándome de arriba abajo.
Miré el suelo, sí, quería irme… pero Growlithe era mi único amigo, no quería dejarle solo, no quería separarme de lo que me había traído mis momentos de felicidad sin un engaño detrás, Growlithe era la diferencia en todos mis recuerdos, growlithe era mi camarada… ¿Qué debía hacer?
-¡Oh venga ya! –Sonrió -¿Crees que me voy a pudrir en esta ciudad mientras un plumero con patas se lleva toda la acción?
-¿Vendrías conmigo? –Agité el rabo con gran intensidad, me emocionaba la idea de que mi amigo me acompañase.
-Sí –Terminó diciéndome con gran serenidad –La verdad es que pasar mi vida en este mugriento callejón no me llama mucho la atención.
-¡Es genial! – Mi entusiasmo cada vez era mucho más grande, no podía evitar gritar, pero llegue a gritar demasiado.
-¡Estúpidos pokemon! –Dijo un humano tirando algo desde su madriguera.
Un estallido contra el suelo me hizo callar en un segundo. No conseguí ver el rostro del humano.
-¡Corre! –Gritó Growlithe esquivando el estallido.
-No creo que sea buena idea quedarse aquí –dije mientras me empujaba con su hocico.
Corrimos hasta salir del callejón… Bueno lo cierto es que seguimos corriendo después de aquello. La adrenalina impedía que cualquiera callera al paso.
-¿Y cuando nos vamos? –Pregunte dando una zancada tras otra.
-No lo sé –Dijo parándose en seco.
-¿Ocurre algo? –La parada me disgustó, ansiaba volver a correr. Observé como Growlithe miraba con curiosidad una gran madriguera de humano, de color blanco, estaba apartada de la ciudad y cercada por arbustos y una gran red de acero que hacía sus veces de entrada.
-¿Qué hace allí? –Dijo poniéndose al paso -¡Eevee!
-¿Eh? –Dudé viendo como se alejaba. Entonces la vi. Girándose hacía mi camarada, la hembra del callejón, observaba al pokemon con una mueca disgustada por la intromisión pero contenta por ver a Growlithe.
-Alguna vez me podrías contar algo… -Suspiré siguiéndole.
-Veo que sigues con tu peluche –Rió alejándose de la verja.
Me di cuenta de que el llamado peluche se refería a mí.
-No creo que sea la más indicada para decir eso, señorita –Respondí con malicia.
Calló un segundo, pero después busco contestación en lo que la mayoría de pokemon de ciudad pensaban.
-Habla raro –Dijo mirando a mi compañero.
-¿¡Verdad!? –Ironizó Growlithe riendo.
-Muy graciosos…-Dije agachando las orejas.
-¿Qué haces aquí? –Preguntó Growlithe mientras se sentaba.
-Voy a ver a Lucas- Dijo agachando las patas delanteras hacía la verja.
-¿Lucas? –Dudé al no reconocer aquel seudónimo.
Growlithe me miró y me explicó susurrando lo qué quería decir.
-Es el humano del parque –Siseó sin dejar de mirar a aquella hembra.
-Bueno yo me voy –Dijo la chica dedicándonos una mirada –Growlithe, Peluche...
Gruñí por el mote qué había decidido para mi pokemon.
-Venid si queréis –Señalo la chica lanzándose por un hueco de la valla con gran agilidad.
Salté casi sin pensarlo, aunque el hueco por donde Eevee había entrado quedaba demasiado alto. Patalee para intentar subir un poco más. Mi constitución algo más pequeña que la de aquella hembra conseguía que mis patas fueran más torpes de lo que nunca me hubiese imaginado.
-¡Vamos! –Exclamó Growlithe empujándome con su hocico.
Caí al suelo, a los pies de aquella joven que no se molestaba en esconder su risa, no parecía que acabase de congeniar con ella.
-¿¡Por qué no harán estos agujeros más grandes!? –Se quejó mi camarada intentando traspasar el estrecho hueco.
-No creo que deba reírse de mi pequeña estructura –Explique a la joven hembra –Como podrá observar, no es bueno ser voluminoso siempre.
-Ya, ya –Me ignoró ella acercándose a mi camarada.
Me sentí despreciado, antes, nunca nadie se atrevió a hacerme sentir esto. Pero debía dejar de engallarme, ya no era principito de mi mundo.
-¡Ya está! –Dijo mi amigo acabando de caer al suelo –Gracias por la ayuda.
Growlithe bufó durante un segundo y me empujo con la pata para que caminase. Eevee iba liderando la marcha a la gran madriguera.
-Ya basta ¿No le parece? –Se me hizo raro volver a hablarle así a Growlithe, pero estaba molesto por los acontecimientos ocurridos.
-Pensaba qué ya habíamos acabados con esa faceta, hacía mí al menos–Rió el pokemon – ¿Qué te pasa? ¿Ya basta de qué?
-De tratarme como si no pudiese valerme por mí mismo – Bufé molesto.
-Solo me preocupo por ti –Rió él.
-Pues no lo hagas –Dije adelantándome.
Mi compañero puso los ojos en blanco e intento cambiar de tema para que no entrásemos en conflicto.
-¿No tenía varios houndoom tu amo? – Preguntó el pokemon a la joven.
-¿Tienes miedo? –Rió Eevee. –Y no es mi amo, si no mi amigo
-¿Yo? ¿Miedo? –Ironizó él – Claro qué no.
Daba la sensación de que aquellos pokemon se llevaban realmente bien, me sentí un poco desplazado en aquel momento, así que me dedique a observar la gran madriguera a la que nos dirigíamos con paso firme.
Sus colores pálidos se podían ver claramente aunque fuese de noche, lo qué no se observaba con tanta claridad era la parte de arriba, sus colores eran más oscuros y se hacían casi invisibles para mis ojos.
-Growlithe –Llamé la atención del pokemon –Hay una cosa que me resulta extraña.
-¿Qué? –Retardó su paso para ponerse a mi altura, dejando que eevee llevase el grupo.
-Lucas… -Contesté –Es decir, nosotros llamamos a todos los pokemon de una raza por un igual nombre, Ellos lo hacen distinto ¿no?
-Son raros, tan raros como tu lengua –Se mofó el pokemon –Bueno, yo creo que lo que ganan en inventos lo pierden en… ¿Cómo decirlo? ¿Lo más esencial?
Le observé dudoso, ya qué no entendí lo qué quería articular. ¿Lo más esencial?
-Veras… -Intento explicármelo más fácil de entender-¿Por qué me haces tantas preguntas? No se me da bien expresarme.
Seguí mirándole, deseaba una respuesta, aunque no quería atormentar a mi compañero con unos interrogatorios tan confusos para él.
-Tú y yo aunque seamos de diferentes especies nos entendemos ¿no? – Dijo él observando las pocas estrellas que asomaban en el cielo – Incluso los entendemos a ellos, los humanos.
Asentí con la cabeza mientras Growlithe echaba pequeñas miradas a Eevee, quizás para ver si podía ayudarle con la conversación. Por desgracia para él, la muchacha parecía no prestar atención mientras se acercaba con sumo cuidado hacía un costado de la gran madriguera.
-Pues ellos no entienden a los pokemon –Concluyó aliviado –Son seres idiotas.
-¿Podrías decirlo sin insultarlos? –Reí cerrando los ojos –Solo si no es una molestia.
El pokemon puso los ojos en blanco por mi pequeña burla, aunque no pudo esconder una pequeña sonrisa.
-Sí, no tienes idea de lo que me molesta no insultarlos –Contestó riendo.
-Vale –dijo la muchacha parándose cerca de un gran árbol que acercaba una de sus anchas ramas a una ventana abierta seguramente que aquello no fuese una casualidad.
-Será mejor que cojas a tu peluche –Rió ella- no quiero que se haga daño.
-Muy graciosa –Murmuré alejándome de Growlithe, ya qué conociéndole me habría cogido para llevarme.
-Como quieras –Dijo él al ver mi gesto –Yo primero…
Si hubiera pestañeado, me hubiese perdido lo que ocurrió a continuación. Con una maestría nunca imaginada en un pokemon de sus proporciones mi compañero saltó al árbol y comenzó a trepar hasta llegar a aquella rama más acercada a la ventana.
-Te espero arriba –se despidió de mí la chica –Si es que llegas…
La chica hizo la misma acción que mi compañero. Observé detenidamente, o al menos todo lo que pude. Las pequeñas garras de la joven se clavaban en el tronco del árbol hasta llegar a donde la abundancia de ramas era mayor, en ese espacio se limitaba a saltar de rama en rama.
-No será tan difícil… -Intenté darme ánimos a mí mismo -¡Venga, Eevee! ¡Tu destino es ser el líder de la mayor manada que se haya visto!
Me lancé hacía aquel árbol y casi sin darme cuenta mis garras estaban clavadas en el tronco.
-¡No te pares! ¡Corre! –Exclamó Growlithe -¡Si no, te caerás!
¿Correr? ¡Estaba en un árbol! ¿¡Como demonios quería que corriese!?Me hacía daño el simple hecho de que mis zarpas estuviesen allí clavadas. Quizás moverme fuese la solución a aquel dolor, quizás el consejo de mi compañero fuera la salida, pero eso me replanteaba una duda ¿Cómo podría moverme?
-¡No pienses y corre! –Gritó Growlithe.
Y eso justamente hice, mis acciones ya no eran mías, mi cuerpo no me pertenecía, algo en mi pecho me golpeaba con deseo de salir.
No recuerdo bien lo que ocurrió, la adrenalina no me dejaba ver nada, solamente podía intentar que aquello que me golpeaba por dentro no saliese al exterior. En un abrir y cerrar de ojos sin casi darme cuenta me encontraba en frente de mis acompañantes.
-¿Qué? –Esbocé una sonrisa prepotente al ver la cara de asombro de los pokemon, sobre todo de aquella hembra.
-No pienses que nos has sobrecogido –Dijo dándome la espalda –Yo he hecho eso miles de veces.
Observe algo desilusionado como la cola de la Eevee iba moviéndose rápidamente mientras ella se alejaba. Eevee… ¿Cómo decirlo? Quizás fuese la mayor diferencia entre los dos mundos que conocía.
-No te deprimas –Intentó animarme mi compañero –Ella es muy difícil de impresionar.
-Si tú lo dices…-Me resigné a contestar. No me gustaba el sentimiento que sentía cuando alguien me infravaloraba, me hacía sentir mal como si fuese un idiota que solo ha hecho alguna tontería que solamente a él le ha parecido la mayor hazaña del universo.
-Eevee –Una voz que nunca antes había escuchado me retiró de mis pensamientos -¿Te has traído amigos?
Hay estaba él, observándonos desde la ventana, el muchacho que había estado con nuestra acompañante en el parque.
Los ojos azules del joven se clavaban en Growlithe y en mí con curiosidad.
-Tendréis hambre –Dijo alejándose de la ventana hacía el interior de su madriguera –No os prometo nada, pero lo intentare.
-Pasad –Dijo la hembra saltando al interior.
No sé por qué pero no me lo pensé dos veces para seguirla. Cuando entre ahí, no podía explicar aquello, tantas cosas me llamaban la atención y la cosa era que lo desconocía todo.
-No toques nada – Me gruñó Eevee- No quiero que nada se rompa.
Los colores claros predominaban, algo en concreto me llamó especialmente mi atención. Había alguien igual que yo en esa habitación, tenía el mismo corte en la oreja que yo, me acerqué, el hizo lo mismo.
-No pensaras hablarle ¿verdad? Solo es un espejo –Rio por lo bajo Growlithe.
-¿Espejo? –Pregunté.
-Solo es tu reflejo –Dijo mirando el supuesto espejo.
Observe como ahora también Growlithe estaba allí. ¿Eso era yo?, nunca antes me había visto así, me resultaba bastante extraño, conocía mis tonos de piel al ver mis patas y demás, pero era extraño.
La puerta se abrió sin ninguna especie de chirrido, y se cerró con la misma suavidad.
-Aquí está –Sonrió el muchacho que acababa de entrar sacándose multitud de alimentos de dos agujeros de sus pantalones.
-Podéis agradecer que os demos de comer gratuitamente –Rió Eevee con su sonrisa maliciosa, seguramente querría que alguno de nosotros entrásemos en su juego, pero Growlithe estaba demasiado ocupado comiendo y yo prefería ignorarla.
-Eevee, mañana ya nos vamos ¿eh? –Rió el chico acariciando la cabeza de el pokemon –Por fin voy a salir de este infierno.
-¿Este infierno? –Dudé dejando de comer mientras observaba como el muchacho miraba a su alrededor.
-Es algo difícil de comentar–Dijo Eevee intentando escabullirse de las caricias, cosa que me pareció extraña, ya que yo adoré el momento en que la humana del parque me las hizo.
-Pues haga un esfuerzo –Dije dándole la espalda a la comida. Me costó hacerlo, ya que era difícil de conseguir y menos de tan buena calidad. Bueno, me había acostumbrado a estar hambriento.
-Vale, vale-Dijo poniendo los ojos en blanco –Veras, el padre de Lucas es un hombre de negocios.
-¿Hombre de negocios?- Pregunté dudando por aquellas palabras.
-No pienso explicártelo –Se enfurruñó Eevee –Bueno a lo que íbamos, total que quiere que Lucas siga el negocio familiar pero Lucas quiere ser un entrenador pokemon y al final ha convencido a su padre, con la condición que solo lo haga en vacaciones.
-¿Vacaciones? –En la historia había una multitud de palabras que desconocía pero como sabía que Eevee no era como Growlithe no me moleste en preguntar –Sigo sin entender por qué su compañero dice lo del “infierno”
-Bueno, Lucas se ha estado escapando mucho de internados para poder venir y…-Eevee intentaba disuadir las preguntas, aunque se le daba bastante mal esconderlo, me resultaba muy dulce.
-Oye Eevee – Dijo Growlithe dejando atrás lo que en su día fue alguna fruta.
-¿Si?- Eevee y yo nos giremos al unísono al oír nuestro nombre.
-Vamos a entendernos –Dijo mi compañero poniendo los ojos en blanco –Eevee y Enano.
La muchacha soltó una sonrisita dulce a la explicación de Growlithe.
-Sí salís mañana, será mejor que descanséis tanto Lucas como tú –Contestó mi amigo a su sonrisa –Enano, nosotros también debemos descansar. Mañana quiero planearlo todo.
Observé como Eevee seguía con una sonrisa los movimientos de Growlithe, no era la misma sonrisa de malicia con la que me miraba a mí, no sé por qué la sensación que me recorrió el cuerpo no me gustó en absoluto.
Salté hacía la ventana para no tener que seguir viendo la escena, para mí asombró aquel salto fue bastante fácil, ya que la ventana era baja.
-Adiós, Eevee –Oí como Growlithe se despedía seguramente con una sonrisa –Espero que nos volvamos a ver.
-Adiós –También me despedí yo aunque con un tono más serio.
-Hasta la vista chicos –Respondió la hembra.
Caminamos un rato en un molesto silencio hasta que Growlithe decidió hablar.
-Tranquilo, estará bien –Sonrió el pokemon –Eevee sabe cuidar de sí misma.
-¿Quién te dice que pensaba en ella?-Dije cerrando los ojos mientras esbozaba una sonrisa de maldad –Tu eres el que piensa en ella ¿no es cierto?
-¿¡Yo!? –Exclamó el pokemon –Estás más confundido que cuando me llamaste Flareon.
-El olor de la basura me confundía –Reí –Ahora no hay basura.
-Sí, sí –Contestó Growlithe refunfuñando –La basura, será eso…
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772133   |   23/01/2010 10:55
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

# Ubicación: Sisimut - Grønland

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OMD!!! Ke tardona me he vuelto u.u
Estaremos aprendiendo de Sandl (?) culpa de el entonces >=3
¿?-Nup, a no ser ke Sandl haya pagado a las monjas para ke te pongan exámenes
Askeroso imperio bizantino ¬¬
¿?- Sep, exámenes de sociales no rlz.


RECORRIDO




Bostecé poniéndome en pié mientras salía de mi pequeña madriguera, El sol me cejaba cuando abría mis cansados ojos.
-Buenos días Growlithe –Dije sin esperar una respuesta.
¿Por qué no la esperaba? Por qué Hacía una semana que no hablaba, Hacía una semana que parecía no dormir nunca, Hacía una semana que comía lo justo, Hacía una semana que ella se fue…
Eevee, ¿Ese era el causante de su depresión? Observé a Growlithe mientras seguía tumbado, mirando al suelo con unos ojos cansados.
-Ya no lo aguanto –Terminé diciendo enojado pero intente ser lo más sereno posible-¿Cómo puedes estar así?
-Déjame, Eevee –Se limitó a decir mientras comenzaba a caminar.
Le seguí, parecía estar demasiado fatigado, cuando pasábamos cerca de un humano esté se alejaba unos pasos. Aunque era algo incomodo y muy descortés por su parte. Tuve que entenderlo, Growlithe andaba todo lo contrario a una línea recta y parecía estar enfermo, sus ojos estaban cansados y no tenían la energía de un pokemon tan joven como él.
Seguiamos caminando sin rumbo por las calles de una gran ciudad a la que no importaba si estábamos en ella o nos íbamos, quizás para no volver. Intenté no tener este pensamiento en la cabeza, pero Growlithe… En aquel momento temí por él.
Cuando me quise dar cuenta mi compañero se había parado en frente de una entrada a una madriguera humana.
-¿Ocurre algo? –Pregunté mirando como Growlithe se acercaba a la puerta con sigilo. Observé como levantaba una de sus enormes patas y la apollaba en la puerta. ¿Debía hablar?¿O mejor callaba y seguía observando?
-Eevee –Dijo, le respondí con una mirada sorprendida al oírle decir mi nombre. Bajó su enorme extremidad al suelo mientras observaba mi cara.
-¿Si? –Titubeé, al oír que no había usado mi apodo, estaba temeroso, ¿Por qué? No podría explicarlo ¿Tenía desconfianza sobre lo que me iba a decir? No lo sé, simplemente tenía miedo.
-He estado pensando –Miró de nuevo la puerta e intentó articular unas palabras- Se que no confías mucho en mí.
-¿Qué no confío en ti?- Me sorprendí por aquel pensamiento –Growlithe eres el ser en quien más confió, tú me salvastes cuando estábamos en el basurero,me has dado un hogar.
-¿¡Un hogar!? –Exclamó enseñando los colmillos -¿¡Crees qué esa asquerosa calleja es un hogar!?
-¡Para mí sí!- Contesté en el mismo tono.
-¿¡Ves esto!?-Dijo señalando con el hocico la puerta-¡Esto!¡Esto es un verdadero hogar! ¡Con gente!
-¡Tu mismo dijiste que los humanos podrían ser malvados! –Grité molesto ya que sabía que era lo que quería hacer, no quería experimentar la sensación de que los humanos me hicieran luchar por su diversión.
Calló en un momento y se quedó mirando al suelo, ese no era el Growlithe que yo conocía, era demasiado preocupado.
-¿Es por Eevee por lo que estás así?-Pregunté dudoso de si le molestaría.
-No –Contestó mirándome fijamente- Es por ti.
No supe como contestar a aquello.
-¿Por mí…? –Repetí dudoso.
-No pienses cosas raras –Dijo poniendo los ojos en blanco –Es qué, eres como mi hermano pequeño Eevee y por eso no quiero que te pasé nada.
-¿Tu hermano pequeño?-Me sorprendió la idea de aquello -¿Qué me pasé algo?
-Veras Eevee, tu eres…Mi familia-Terminó el pokemon, creo que se sentía mal al decirme todo esto, ya que sabía lo poco que a mi amigo le gustaba dar discursos y expresarse.-Antes de que te encontrase en el basurero, estaba solo, luego llegaste tú y…
-¿Y Eevee? –Pregunté sentándome en frente de él, aún un poco sorprendido por todo.
-Eevee apareció un día al igual que tú, lo único que ella se acercó a Lucas y hasta el que se fueron tuvo tambien que ser un pokemon “vagabundo” –Explicó- Y bueno la conozco por que nos encontramos en los contenedores de basura.
-Entiendo –Dije, ¿Tanto le importaba a él? Éramos amigos, la palabra amigos aún seguía resultándome extraña y ahora….
-No me hagas caso pero…-Siguió- Te he traido aquí por qué no he podido pasar la semana bien por culpa del pensamiento de que pasaría si uno de los dos cállese enfermo.
-Por eso has pensado en que entremos en esta casa ¿no? –Sugerí algo más sonriente.
-No –Respondió- Yo no voy a entrar.
-¿Cómo que no vas a entrar? – Un escalofrió me recorrió el cuerpo, ¿No iba a entrar?¿Me iba a dejar solo? Despues de ese discurso tan sensible que me había contado ¿esto?, Observé como se levantaba.
Las lagrimas me inundaban los ojos, el corazón parecía haber dejado de latir mientras la lluvia comenzaba a caer y mojar mi pelaje.
-No te preocupes por mí, Se cuidarme solo –Dijo Comenzando a caminar –Suerte Eevee.
El pokemon comenzó a recorrer el camino por cual habíamos llegado. No puedo explicar por qué dije lo que dije, supongo que la situación me hizo sentirme así ya que la sensación que reinaba en mí en aquel momento era demasiado dolorosa.
-Tenían razón…-Repasé-No estoy hecho para ser un líder, solo soy un debilucho.
-Eevee…-Oí a mi espalda –No digas eso…
Supongo que Growlithe terminó de comprender la importancia que le daba a este tema.
-Es la verdad –Seguí intentando que las las lagrimas se retuviesen en mis ojos- Hasta tú piensas que estaría mejor…siendo… siendo una mascota.
La palabra mascota me hacía sentir la cosa más baja de la pirámide socilogica. Esa palabra la había escuchado de los humanos… Quizas eso fuera lo que debía hacer, quedarme con los humanos.
-Eevee yo no pienso eso… -Me llamó el pokemon –Es que no creo que ser un líder sea tan importante.
-¿¡Qué no es impotante!?-Me confundí al pensar que había entendido la impotancia que tenía, simplemente quiso animarme- Como se nota que no has nacido donde yo…
-Vaya con la monarquía…-La voz de Growlithe me hizo imaginar que estuviese poniendo sus ojos en blanco mientras se acercaba –Eevee…
-Supongo que tienes razón –Admití mientras los humanos comenzaban a correr, la lluvia comenzaba a convertirse en tormenta.-Adiós.
-¡Eevee eres un idiota! –Exclamó poniéndose en frente de mí-¡Yo la verdad, no te entiendo!
No contesté, estaba paralizado por sus enormes colmillos que amenazaban aunque no lo deseasen.
-Un día gritas que quieres ver mundo y otro estás con el dichoso tema del liderazgo- Intentó calmarse al observar mi rostro que seguramente estuviese más palido que de costumbre-¡No sabes lo que quieres!
Mire al suelo resignado, ¿No sabía lo que quería? Quizás tenía razón… Estaba demasiado confunso, pero no podía quedarme callado así que levante mi cara y le miré a los ojos.
-Puede que tengas razón y que no sepa lo que quiero –Comencé –Pero si que sé lo que no quiero…
Creo que fue la primera vez que le vi tan sorprendido, esa cara, en ese momento me pareció extraña pero cada vez que la recuerdo no puedo evitar sonreír, Esa expresión en su cara era prácticamente indescriptible.
-¡No quiero ser una insignificante mascota! –Exclamé lleno de furia.
La verdad es que no se como sería mi expresión en aquel momento, recuerdo que notaba como mi ceño estaba fruncido y que enseñaba un poco alguno de mis pequeños colmillos mientras resoplaba con fuerza.
No sé que podía estar pensando Growlithe acababa de dar dos pasos hacía atrás y me miraba con una cara entre sorpresa y temor. ¿Temor? No, era imposible que fuese temor, Growlithe ¿tener miedo a un crio enano como yo? Eso era imposible.
Algo me liberó de mis pensamientos, algo que me sorprendió muchísimo, ya que no era una voz como ocurría habitualmente. Mis lagrimas caían, no sé porque no hice nada por retenerlas, simplemente las deje caer…
-¿Sabes? –Dijo recobrando la compostura –Tienes razón, y sobre lo que te prometí del viaje…
Su mirada seria se convirtió en una pequeña sonrisa, no se por qué, pero me pareció que tenía mejor aspecto que antes. No pude evitar sonreír yo también al observar como intentaba sin conseguirlo parar de mover su cola que se zarandeaba de un lado hacía otro alocadamente.
-¡Lo haremos ya! Pero… -Exclamó -¡Tendrás que ser rápido!
El pokemon comenzó a correr con gran energía, la verdad es que Growlithe nunca dejaba de sorprenderme, hasta hace poco tenía pensado que había caído enfermo y ahora…. Verdaderamente estaba costándome seguirle el paso.
-¿¡A donde vamos!? –Pude articular mientras daba una enorme zancada tras otra.
-¡A la estación! – Contestó esquivando a algún humano que se interponía en nuestro camino -¡Cogeremos un tren!
-¿¡Qué es eso!? –Dije intentando no tropezarme con mis propias patas.
-¡Ya lo veras! ¡Seguro que te encanta! –Rió sin dejar de mirar al frente -¡Ya estamos llegando! ¡Solo hay que entrar de polizones!
-¿¡Polizones!?- Pregunté.
No contestó supongo que estaría demasiado ocupado planeando algo y verdaderamente era difícil pensar a esa velocidad.
Sobre lo que debía ser la estación, no puedo describirla mucho ya que desconocía muchas partes que lo formaban además cabe añadir la gran rapidez que llevábamos , también que había una gran muchedumbre y que con mi altura solo podría decir cómo eran las objetos que los humanos colocaban en sus patas traseras.
-¡Corre más! –Gritó Growlithe corriendo mientras observaba como un gran ser de color azabache comenzaba a emitir un sonido ensordecedor mientras emprendía un paso ligero -¡No quiero esperar otro tren!
¿¡Hay que montarse en eso!?- Pregunté asombrado mientras esquivaba a un anciano humano -¡Pero sí está en marcha!
-¡Pues habrá que correr! – Dijo acelerando el paso un poco más.
Cada vez nos acercábamos más al extraño ser, me di cuenta de que seguramente aquello sería lo que antes mi compañero había llamado tren.
De pronto para mí sorpresa Growlithe alzó sus patas delanteras y saltó hacía una pequeña especie de terraza que había al final del tren.
-¡Te toca! –Dijo acercándose a un extremo.
-¿¡Qué dices!?- Exclamé sorprendido-¡Me voy a matar!
-Pues ahí te quedas –Suspiro cerrando los ojos.
Seguramente yo tenía el suficiente miedo a quedarme solo para saltar, o simplemente que era tan idiota como para que por la culpa mis cortas extremidades mi vida acabará ahí. Tenía miedo pero pensé que sí Growlithe me había pedido que saltase significaba que la distancia no era tan grande como yo pensaba.
No sé de donde encontré fuerzas, pero cerré los ojos y salté, para mí sorpresa mi fe en Growlithe me había jugado una muy mala pasada, sentí como caía al vacio sin llegar a mí destino. ¿Ya está?¿Ahí acababa todo? Ni manada ni aventuras ni…
Noté unos dientes que me agarraban por el pescuezo. Abrí los ojos, ojala no los hubiese abierto, esa imagen no se me olvidará nunca, El suelo se movía rápidamente mientras yo estaba suspendido en el aire y observaba como mis patas traseras pataleaban haciendo unos inútiles esfuerzos por encontrar un suelo cercano que fuese aquel que se agitaba tan bruscamente.
Noté como me balanceaba hasta llegar a un suelo parado. Mi cuerpo temblaba de ¿Alegría? ¡No!¡La sensación era de terror!
-¿Estas bien?- Dijo Growlithe observando una puerta negra que llevaría al interior del tren.
-¿¡Bien!?- Exclamé -¡Casi me matas!
-Casi te matas, querrás decir- Rió arañando la puerta –Yo no tengo la culpa de que seas un pequeño enano.
-¿Siempre te tienes que meter con mi estatura?-Suspiré
-Sabes que eso no es verdad – Explicó dándose por vencido con la puerta –También lo hago con tu forma de hablar, bueno yo ya no, Quizás cuando me vuelves a hablar raro…
-Muy gracioso–Ironicé tumbándome en el suelo- ¿No se abre?
-No hay manera –Dijo mirando la entrada resignado mientras se rascaba la oreja con una de sus patas traseras - ¿Qué te apetece hacer?
-¿Me preguntas a mí? –Dije mientras intentaba observar un paisaje que se movía rápidamente.
-¿Te apetece un poco de entrenamiento? –Dijo jugueteando con mi oreja cortada.
-¡No! –Me sobresalté poniéndome en pié.
¿Entrenamiento?¿Pero no era Growlithe a quien le había parecido espantoso lo que le había contado sobre mi padre? ¡No pensaba consentir eso de parte de Growlithe!
-¿No quieres jugar?- Se sorprendió –Yo hace muchísimo que no juego a estas cosas.
-¿¡Jugar!? –Ironicé –Es una forma muy coloquial de llamarlo ¿no te parece?
-¿Qué?- Preguntó con una expresión que acabó en risa- Vale, vale Tu nunca te has entrenado jugando ¿no?
No dije nada y callé simplemente mientras le observaba con curiosidad y algo de miedo.
-Qué raro eres, mira que tener que enseñarte a jugar también-Dijo poniendo los ojos en blanco –Primero agacha las patas traseras y sube el trasero.
-Estarás de broma –Dije mientras esbozaba una mueca de rechazo –No pienso hacer eso.
Aquello era demasiado… ¿Como decirlo? Patético.
-Oh, sí que lo vas a hacer –Dijo acercándose a mí –Como que soy un Growlithe que tú te pones en esta postura.
-Ni lo intentes –Dije dando dos pasos atrás al ver sus intenciones.
Posó una de sus enormes zarpas en mi cabeza y me obligó a bajar la cabeza.
-¿Ves? –Dijo sin dejar de apoyar su pata en mi cabeza -¿A que no ha sido tan difícil?
Puse los ojos en blanco mientras él se alejaba y se ponía en la misma postura mientras movía la cola con brusquedad.
-¡Empieza tú! –Exclamó -¡Ataca!
-¿¡Qué te ataque!?-Dudé -¿¡En que estas pensando!?
-Vale, vale –Dijo mientras soltaba una pequeña sonrisa –Empezaré yo.
De pronto se abalanzó sobre mí, la verdad es que aquello fue...Extraño para mí pero a la vez ¿divertido? Sí, era divertido, estabamos peleando pero no nos haciamos daño era cierto que de vez en cuando algun mordisco dolía, pero solo eran pequeños accidentes que te hacían seguir jugando. Hasta que no se como... No recuerdo como me sentí la primera vez que lo hicé, Tengo una laguna en aquel recuerdo. Solo me acuerdo de ver algo negro salir disparado desde mi dirección y explotar en el aire mientras el juego parecía acabar definitivamente con una mueca de asombro de Growlithe.
-Bola sombra...-Se sorprendió el pokemon-¡Eso ha sido una bola sombra!
-¿Lo he hecho yo? -Dije mientras habría los ojos todo lo que podía con la sorpresa.
No lo podía creer ¿yo hacer eso?¿pero cómo? Recordé la primera vez que ví a Eevee y inmortalicé aquel momento, cuando ella atacó... El ataque fué el mismo que yo acababa de hacer.
-Vaya, vamos aprendiendo -Sonrió Growlithe -¿Puedes volver a hacerlo?
Hice fuerza, toda la que pudé pero no conseguí resultados, ningún resultado.
-Bueno, hay tiempo de aprender- Respondió el pokemon- Esta anocheciendo, habra que dormir aquí.
Se tumbó en la madera mientras yo observaba la puerta negra que se camuflaba al ser del mismo color del tren mientras el sol caía para dar paso a una noche larga y fría, a lo lejos se podía observar como la ciudad ya no estaba a la vista, me pregunté si algun día volvería, si me estaba alejando cada vez más de mi lugar de nacimiento y si volvería a ver algo que me resultase conocido....
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Siete días y dos horas ♥
#772134   |   21/02/2010 16:46
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

# Ubicación: Sisimut - Grønland

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Bueh! aquí llego para atormentaros una vez más x3
ESCORIA HUMANA


Los humanos se pasan la vida buscándole sentido a esta, dicen que es para encontrar el bienestar, y vivir felices ¿Pero acaso cuando no buscaban el sentido eran desdichados? Lo más sorprendente es que hay gente que dice haber encontrado ese sentido. Su familia, personas obsesionadas con tener descendencia. El amor, simples soñadores. El poder... El poder, que decir de este último grupo...¿Materialistas?¿Egoístas? Supongo que cualquiera de esos adjetivos podrían ser perfectos, pero es que... Yo no creo ser materialista ni egoísta, yo solo quiero el poder ya que es el deseo que se me ha enseñado desde mi nacimiento. Entonces ¿Cual es el sentido de mi vida?
Growlithe siempre ha odiado mi manera de pensar en ese aspecto, creo que en los momentos que estábamos en aquel tren él simplemente fingía escucharme cuando yo hablaba del tema o puede que quizás siempre lo hiciese.
-El paisaje se repite..-Señalé por lo bajo.
Sabía que no iba a tener contestación ya que Growlithe dormía acurrucado junto a la pared, era extraño que yo me hubiese despertado antes, pero no quería sacudirle para que lo hiciera, era consciente de lo poco que había descansado los últimos días y prefería observar una y otra vez como algún que otro árbol se perdía en un horizonte verde que me recordó realmente a mi anhelada manada, a veces parecía que ganaba terreno al azul del cielo que impresionantemente aquel día no estaba adornado con ninguna nube. El camino que recorría el tren también se perdía junto a ellos y siempre era el mismo. Madera, piedras, madera, piedras, madera, piedras.... Una y otra vez. Cuanto me habría gustado haber tenido una hoja cerca para jugar a mantenerla en el aire.
El aburrimiento era insoportable, no había absolutamente nada con lo que entretenerse, y estando mi amigo durmiendo no podía hacer mucho ruido...
-¿Quieres salir?- Oí una voz tras la puerta dulce y algo aguda que podía ser algo molesta para unos oídos finos.
Me asusté un poco, la voz era humana. ¿Qué debía hacer?
-Prepárate para entrar corriendo -Dijo Growlithe abriendo un ojo.
-Vale-Dije tartamudeando. Me sorprendió que estuviese despierto, no..., en realidad ya nada me sorprendía viniendo de él.
La puerta se abrió dejando ver unos pequeños zapatos rosados que escondían los pies de una joven.
Observé la figura de Growlithe entrando mientras empujaba las rodillas de la muchacha a la que pertenecían esos zapatos con una gran rapidez.
No seguí al pokemon, si no que me quede allí asegurándome de que no hubiese causado daños mientras él seguramente pensando que iba detrás se aventuró al interior.
La humana estaba sollozando. Era una muchacha de joven edad, realmente me recordó a Lucas ¿Tendría la misma edad? Su pelaje era de un color anaranjado y le caía hasta la cintura escondiendo un vestido de color rosa pálido adornado con un estampado florar de color blanco bastante infantil... ¿Soy al único que el pelaje de los humanos le resulta extraño? Lo tienen de colores diferentes y solo en la cabeza, ¿y el resto del cuerpo? Pero bueno, si se tienen que poner telas para protegerse del frio.
-¿Se puede saber que hacías?-Oí gruñidos desde detrás de la muchacha.
Observé un ser de color grisáceo oscuro que se acercaba intimidantemente hacía mí.
Me retiré dos pasos, mientras la chica abría los ojos dejando ver el castaño mezclado con un tono miel que presidía en ellos.
-¿Un Eevee?-Se emocionó la muchacha -¡Que pequeñito!
-Por qué todo el mundo está siempre con el mismo tema...-Mascullé poniéndome en posición de pelea.
-¡Vamos!- Sonrió la chica a su pokemon -¡Ataca!
¿Atacar? Que oportuna la situación, sin Growlithe a mí lado... ¿cómo iba a saber cómo tenía que actuar?
Observé las pupilas rojas del pokemon que se mezclaba con un iris amarillo bastante innatural mientras enseñaba unos colmillos que intentaban ser intimidantes. ¿Intentar? Lo eran, pero graciosamente para mí no. Los de Growlithe eran mucho más grandes.
El pokemon se abalanzó sobre mí, por suerte pude esquivarlo a tiempo y observarle con más atención. Sus movimientos eran muy agresivos, lo cierto es que en aspecto físico me recordó a mí, sus orejas eran más cortas y puntiagudas además su pelaje oscuro que terminaba en un extraña cola que parecía estar realmente aplastada, pero por encima de todo era tan elegante que podría haberme quedado mirándolo todo el tiempo del mundo... Pude observar como tenía una cicatriz que le rodeaba el cuello, era algo bastante desagradable de ver ¿Qué le habría pasado? Su nariz rojiza olfateaba mi olor lentamente sin necesitar ningún tipo de concentración
Ante todo tenía que pelear como pudiese, por simplemente puro instinto....
Me abalancé sobre aquel pokemon que cayó a los pies de su humana mientras le mordía. Mi ataque no era muy fuerte ya que mis dientes no eran lo suficientemente grandes, pero por mucho que aquel pokemon hincara los dientes en mi piel, el daño que yo aparentaba sentir era el mínimo. Creo que por primera vez en mi vida agradecí esos estúpidos entrenamiento del pasado, pero realmente solo me servían para aparentar no sentir dolor.
-¡Bola sombra! -Gritó la chica.
¿Bola sombra? Yo concia ese movimiento ,realmente no sabía cómo usarlo... Aunque esa sería la ocasión perfecta para aprender.
El pokemon se alejo de un salto, tenía que fijarme bien en todos sus movimientos para poder copiarlos. Abrió la boca mientras sus ojos se cerraban lentamente y una bola de humo de color negro comenzó a emerger. Verdaderamente era muy elegante de ver, casi me olvidaba de que estábamos luchando...
Observé como la bola sombra se acercaba agresivamente a mí dirección ¿Qué hacer? Realmente estaba demasiado molesto para intentarlo, y la puerta estaba abierta, con Growlithe dentro, si encontraba a mi compañero habría más posibilidades de vencer. Así que comencé a correr antes de que el ataque llegase.
-¡Poochyena! -Exclamó la chica observando cómo me alejaba.
¿Poochyena? ¿Era así como se llamaba aquel pokemon? En ese momento simplemente no me importaba. Ya que solo deseaba que mis patas fueran lo suficientemente rápidas para huir y mis reflejos lo suficientemente buenos como para esquivar a todos los humanos que se encontraban por el tren.
De vez en cuando podía escuchar algún sobresalto de los pasajeros, pero realmente tenía que olvidarme de ellos y concentrarme en buscar a Growlithe.
-¡Cobarde!-Gritó el pokemon siguiéndome -¡No huyas!
¿Cobarde? si tenía pensado luchar... sí... pero antes debía encontrar a mi camarada.
Quise observar a la muchacha que acompañaba al pokemon pero estaba demasiado ocupado intentando no tropezar.
Observé una pared verdosa y con algún pequeño relieve que hacía que fuese hermosa de ver con símbolos humanos pero ante todo anunciaba un callejón sin salida en ese tren.
-Ahora no te escapas...-Oí a mi espalda.
Me gire rápidamente y me coloque en posición de ataque, ¿y ahora qué? ¿Qué iba a hacer? Estaba solo ante ese pokemon, mirando el lado bueno no se veía a ningún humano por los alrededores, ni si quiera a su compañera.
Observé como comenzaba a abrir su mandíbula lentamente mientras sus parpados bajaban al mismo ritmo.
¡Era mi momento! Debía copiar todo lo que hiciera el pokemon.
Abrí la boca y cerré los ojos entreabriéndolos de vez en cuando para poder copiar todo lo que hiciera el pokemon.
Me concentré bastante... Tenía que ser rápido, no quería sufrir un ataque... Entonces ocurrió, la sensación más extraña que sentí hasta ese momento. Eran como chispas en mi boca, no podía abrir los ojos pero notaba como las chispas cada vez abundaban más en mi lengua... Lancé una mirada como pude intentando no perder la concentración y observe algo unas chispas de color negruzco que saltaban sobre mi hocico. Lo cierto es que mantenerlo en la boca era molesto, la lengua me ardía ¿La lengua? ¡Claro! Podía expulsarlo al exterior si movía la lengua. Lance la bola todo lo rápido que pude, observe como el ataque llego con gran agresividad y se estampo en el hocico, lo que hizo que retrocediera bruscamente unos pasos, creo que le dolió.
-Eres rápido -Rió -Pero no haces apenas daño y si crees que me has engañado antes, estás equivocado, sé perfectamente el daño que te he hecho...
¿Qué? No puede ser, ¿Realmente se había dado cuenta del daño que me hacía? Entonces estaba claro que no debía agradecerle nada a mi padre...
-Ahora me toca a mí -Dijo mientras se oponía en posición de pelea
Estaba realmente muerto de miedo, mis patas temblaban y querían caer en cualquier momento que les fuera posible, ¿Ahí acababa todo? Cerré los ojos y me espere lo peor mientras mi rival se preparaba para acabar conmigo.
-¿Tienes algún problema? -Escuche un gruñido en frente de mí.
Abrí los ojos rápidamente y observé la figura de Growlithe detrás de Poochyena. Respiré aliviado, aún no estaba seguro del todo, pero me sentía mejor.
-¿Tienes tú alguno?-Dijo mi rival sin dejar de mirarme mientras mostraba una mueca de desprecio hacía mi compañero.
-¿Contigo?-Respondió él con una mirada realmente seria -No puedes imaginar cuantos.
-¿Que eres? ¿Su niñera? -Rió girándose hacía él
-Su amigo -Respondió Growlithe -¿Sabes lo que es eso?
Me sentía inútil, Growlithe me estaba mirando como si fuera una reprimenda, pero realmente no tenía por qué, ¿Acaso había algo que me obligase a seguirle? Yo creo que no.
Observe como el pokemon me llamaba la atención sin que Poochyena se diera cuenta... Lo entendí perfectamente.
Bien, era fácil. Tenía que abrir la boca y comenzar de nuevo el ataque, las chispas comenzaban a hacerme cosquillas en la boca, pero realmente estaba feliz acababa de aprender a usar un ataque que no comprendía ningún tipo de simple poder físico, ya que morder lo puede hacer cualquiera sin saber luchar.
Casi sin darme cuenta, el ataque se estampó en el cuello del pokemon quien gimió de dolor.
-¡Poochyena! -Dijo la humana apareciendo por detrás -Venga, descansa un poco chica...
La muchacha cogió en brazos a su pokemon.
-¿¡Eres hembra!?-Me impresioné, nunca me lo hubiese imaginado.
-¡Pues claro que sí! -Bufó ella -¡Idiota!
-Y encima no me quedan pokeballs...-Suspiró la chica -Si ya sabía yo que tenía que comprar en la tienda de la estación.
-Perdone mi ignorancia y mis malos modales -Me disculpe agachando mis orejas y olvidándome de la humana-Espero no haberla ofendido.
-¿Qué?-Dudó ella con los ojos mirándome fijamente.
-Le ruego que me disculpe...-Seguí.
-¡En mi vida había conocido a alguien tan fino! -Se carcajeo Poochyena
Ya no sé si me molestaba o no que se rieran de mi forma de hablar, ¿Tan gracioso era que alguien hablase con educación? A mí realmente la verdad es que no me lo parecía.
-Vámonos enano -Dijo Growlithe comenzando a caminar.
-Todavía me debes una pelea -Gruñó Poochyena.
-Está bien -Rió el pokemon -Si nos volvemos a encontrar.
-No te decía a ti -Contestó la hembra lanzándome una mirada.
¿Yo? ¿Una pelea conmigo?¿Qué debía hacer ahora? Realmente contestar a eso se me hacía imposible así que simplemente asentí y le di la espalda.
-¡Oh! -Oí a la muchacha a mi espalda -¿Vosotros tenéis hambre?
Miré hacia atrás y observé como la muchacha buscaba algo en sus bolsillos.
-Bueno, algo tengo que daros -Dijo ella al ver mi cara que mantenía gesto de inseguridad hacía ella.
Observé como sacaba algo redondo y de color claro que llevaba envuelto en un plástico transparente mientras lo abría con suavidad.
Eran galletas, creo que en mi vida eso ha sido lo que más me ha gustado de los humanos.
-Canela...-Rió Growlithe olisqueando el ambiente -Que recuerdos...
Le miré y le empuje para que siguiera andando, bueno, empujar... Digamos que le di un toque en el lomo con la cabeza. Realmente no me fiaba de alguien que había usado un pokemon para atacarme.
-Venga enano -Dijo él -Seguro que te mueres de hambre.
-No acepto comida de estos populachos -Contesté caminando, realmente el comentario sonó más mal de lo que debía, pero pasar de la pelea a la amistad es algo que no entendía. Para mí cualquier ser que haga eso no era alguien con el que debiera juntarme.
-¿Enano?-Se asombró Growlithe -Me preguntó si alguna vez te entenderé.
Poochyena ya se había alejado bastante y había entrado a una de las pequeñas habitaciones en las que estaba dividido el tren.
-Vale... -Dijo la chica dejando las galletas en el suelo -Si no las queréis...
Comencé a caminar observando como Growlithe me seguía anonadado de mi comportamiento.
-¿Al menos pasaremos por el vagón restaurante?-Preguntó intentando clavarme la mirada.
La verdad es que me moría de hambre, pero mis sentimientos estaban demasiado revolucionados, sabía que los humanos luchaban entre ellos por simple diversión pero solo si nosotros éramos las armas ¿Estaba bien luchar con alguien y luego ser "amigos"? No... Los humanos estaban equivocados, si se luchaba era por odio, no puedes luchar con alguien y después ser amigos... Ellos nos utilizan para ello, pero nunca he visto a un humano atacando a otro y al terminar la pelea ser amigos al momento. Mi odio hacía los humanos comenzó a crecer dentro de mí. Ellos eran seres muy bajos en la verdadera pirámide que debía formar el mundo realmente, no... Ellos simplemente eran escoria, una escoria que sobraba en el mundo, una escoria que debía aprender donde estaba su lugar. Dios... ¿En que estaba pensando? Realmente estaba comenzando a parecerme de una manera aterradora a mi padre ¿Realmente era eso lo que quería? ¿Parecerme a mi padre? Estaba madurando, madurando por un camino muy oscuro.
-Enano - Me llamó Growlithe -Habla un poco, cuando te sumes en tus pensamientos me aburro.
-¿Eh? - Contesté -Ah, Lo siento, no me di cuenta ¿Has encontrado algo interesante?
-Bueno, sé que este tren irá a un pequeño pueblo por lo que he oído de los pasajeros -Explicó.
-¿Como se llama el pueblo? -Pregunté olisqueando el ambiente.
-No he oído el nombre -Dijo él adelantándose un paso a mí.
-¿Hay alguna forma de averiguarlo?- Pregunté mientras pasábamos una puerta abierta para cambiar de vagón.
-¿Sabes leer esos símbolos tan raros de los humanos? -Preguntó mientras se relamía.
-No -Contesté notando el olor a comida al que nos acercábamos.
-Entonces nada -Puso los ojos en blanco mientras observaba que nadie estuviese por los alrededores -La cocina está vacía.
¿Growlithe estaba molesto por alguna cosa? Esa ironía me resultaba muy extraña en él, realmente Growlithe era una caja de sorpresas y eso me recordó que debía hacer algo.
-Growlithe -Le llamé con una mirada pícara -¿No crees que es tu turno?
-¿Mi turno? -Dudó saltando a una silla -No sé de que hablas.
-Tu turno de contarme algo sobre tu pasado -Dije mientras soltaba una sonrisa.
-¿Mi pasado?- Ni siquiera me miro, el estaba en una mesa y yo desde el suelo solo podía observar una cola blanca inmóvil.
Había dicho algo que no debía haber dicho, pero... Él conocía lo más oscuro de mi pasado ¿Por qué yo no podía saber nada de él?
-Growlithe...-Dije dando un salto e intentando subir a una silla.
-¡Nos subas! -Escuché desde arriba -No vas a conseguir llegar a la silla.
Eso era mentira, tenía las patas delanteras subidas ahora era cuestión de dar un empujoncito que no conseguía dar, tras mucho patalear me rendí y caí al suelo sentándome encima de mi cola.
¿De verdad había dicho algo tan malo? Tenía que averiguarlo como fuese, pero no debía forzar a Growlithe a que me contara algo pero ¿cómo hacerlo?
-Enano -Escuché.
¿Me iba a contar algo? Genial, tenía muchas ganas de conocer algo sobre mi compañero.
-¡Sí! -Contesté a su llamada.
-Vigila que no venga nadie - Terminó diciendo.
-Ah...-Me desanimé -Esta bien.
Esperé un gracias que nunca llego, me resigné a caminar hacia la puerta y esconderme bajo una silla que había junto a ella por si acaso un humano llegara.
Vale, realmente no sabía qué hacer con Growlithe, en cuanto viniese él la situación sería muy tensa ¿cómo hacer que no lo fuera? Realmente creo que imposible.
Escuché como un plato se rompía en pedazos a mí espalda, el sonido irritante hacía que mis pobres oídos se resintieran.
-¡Maldición! -Exclamó mi compañero mientras bajaba de la mesa -¡Corre Eevee!
Escuché pasos de humanos que se apresuraban hacía la cocina.
-Vamos, he oído algo -Dijo una voz.
-Aquí hay un escondite-Dijo Growlithe mientras se acercaba a una pequeña puertecilla que hacía las veces de rejilla de ventilación entre los vagones, por alguna razón estaba rota y era perfectamente posible entrar, además de que estaba ridículamente al alcance de un salto de mi compañero desde su posición.
-No puedo-Contesté agachando las orejas -Ve tú, yo saldré por aquí después.
-¿Estás seguro? -Preguntó.
-Sí -Contesté -Si voy, me encontraran.
-¡Si te quedas ahí te encontraran! -Gritó, realmente parecía molesto por algo.
Lo comprendí, sabía que si me quedaba debajo de la silla no me encontrarían, los humanos serían demasiado idiotas para buscar ahí debajo cuando el plato estaba lejos de mi posición, además de que varios objetos tapaban la visión, entonces por qué Growlithe quería que saliese de ahí. ¿Para protegerme?
-Growlithe... ¿Piensas que estaría mejor con esa escoria de humanos?-le Pregunté mientras soltaba una pequeña risa al darme cuenta de que lo había planeado todo desde que entramos.
-¡No me vengas ahora con esas! - Exclamó -¿¡Es que no te quedo claro!?
-Entonces...-Dije mientras levantaba mi oreja buena -¿Por qué quieres que me atrapen?
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772135   |   18/04/2010 19:29
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

# Ubicación: Sisimut - Grønland

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POOCHYENA

-Growlithe... ¿Piensas que estaría mejor con esa escoria de humanos?-le Pregunté mientras soltaba una pequeña risa al darme cuenta de que lo había planeado todo desde que entramos.
-¡No me vengas ahora con esas! - Exclamó -¿¡Es que no te quedo claro!?
-Entonces...-Dije mientras levantaba mi oreja buena -¿Por qué quieres que me atrapen?
El pokemon se quedo en blanco, sus grandes ojos me observaban con una muestra de desprecio e incredulidad que me enseñaban que había acertado.
-Espero una respuesta -Reí.
Realmente estaba claro ¿no? Entrar en el tren, puede que en ese momento la emotividad le llevara a querer comenzar la aventura, sí, puede que fuera así, pero al pensarlo por la noche siguió en su idea de los humanos. Solo había que conseguir juntarme con un de ellos para que comenzará la lucha. Entonces escuchar la voz de aquella muchacha le vino a pedir de boca, si la hacía caer, supuso que yo me preocuparía por su bienestar. Más tarde cuando se encontró solo preparó un plan de emergencia por si acaso no funcionaba la pelea y captura. En la cocina destruyó el conducto de ventilación para así tener dos cabos atados, un escondite para que no le descubrieran y algo para hacerme caminar y que los humanos me viesen cuando llegasen atraídos por un fuerte ruido. Pero había algo que fallaba ¿Por qué se preocupo por mí cuando luchaba contra Poochyena?
-Niño estúpido...-Masculló -Si crees que no van a mirar allí te equivocas.
De pronto con un movimiento de gran brusquedad lanzo un plato de porcelana hacía mi dirección, Me encontré rodeado por decenas de pequeños trozos de aquel blanquecino material.
-Un placer haberte conocido enano -Dijo dándome la espalda -Si sales de esta, te prometo que te dejaré en paz.
¿Y cómo hacerlo? El pokemon desapareció, pensé en huir pero desgraciadamente era demasiado tarde. Unos zapatos de color azabache habían aparecido y unos alaridos se escuchaban amenazantes.
-¿¡Qué ha pasado aquí!?-Exclamó una aguda voz de un macho humano -¡Está todo destrozado!
-Cállate, sí alguien se ha colado debe andar por aquí -Le respondió con serenidad una voz mucho más grave que acababa de entrar en escena- Tú mira por aquel lado - agachó su cuerpo para recoger un trozo de porcelana cerca de los zapatos del primero.
Observé unos ojos grises observándome mientras una sonrisa maliciosa les acompañaba.
¡Maldición! ¿Qué debía hacer ahora? estaba totalmente petrificado, le observé atentamente mientras se pasaba la mano por su cabeza sin ningún tipo de pelaje en él, aunque en realidad se veían unos pequeños puntos de color oscuro, me resultó extraño, quizás acabara de mudar su pelaje pero... ¿Los humanos mudan de pelo? En ese momento no tenía tiempo de pensar. Salí corriendo de ahí debajo mientras aquel humano intentaba agarrarme entre algún que otro comentario para pedir ayuda a su compañero. Sin darme cuenta yo no hacía nada más que correr en círculos, en unos pequeños metros cuadrados de aquella habitación, pero realmente no había casi espacio y estaba solo... Solo y deprimido ¿Deprimido? No sé si esa sería la palabra correcta, es decir, Growlithe a quien yo creía mi amigo, me había hecho daño, era la segunda vez que alguien me hacía algo así, aunque que decir, está vez era totalmente diferente ¿Por qué? Porque Growlithe lo hizo pensando que aún los ideologías que él tenía hacía los humanos, y mis negativas. Aquel pokemon quería hacerlo por mi bien, aunque esa no fuese la manera correcta, en la otra ocasión, lo único que pude encontrar era odio.
Entonces... ¿Por qué me hacía más daño esto? No podía evitar que las lágrimas cayesen mientras que daba enormes zancadas. Hasta que entonces lo sentí, frio... En aquel momento no sabría como describirlo, pero era como si me hubiese lanzado a un lago en pleno invierno. Estaba empapado y la sensación me hizo pararme bruscamente.
Escuche las carcajadas de los humanos a mi costa, gire la cabeza y lance una mirada amenazante al humano que me intento agarrar. Tenía una gran jarra trasparente y vacía entre sus manos, estaba boca abajo, por lo que quedaba claro que acababa de ser él, el único culpable de que yo estuviese así.
-Así se te bajaran los humos -Dijo mientras me miraba con aires de superioridad.
Esto era simplemente humillante... Humillante para mi condición, humillante para mis pensamientos hacia los humanos, ¿Como esos seres idiotas habían conseguido ridiculizarme? ¿¡Y como se atrevía a mirarme de esa manera!? ¡Yo era mejor que ellos! ¡No al revés! De pronto noté como una robusta zarpa me agarraba del pescuezo. Por un momento me recordó a mi madre, las madres siempre llevaban agarrando del pescuezo a sus crías de un lado para otro, mientras estas tenían que aguantar que las limpiaran a lametones sin rechistar. ¿Volvería a ver a mi madre? Ella era uno de los pocos buenos recuerdos que tengo de mi manada, por no atreverme a decir el único. Me sentía mal, era otro sentimiento que añadir a la lista en aquel momento, sentimientos que odiaba tener, y poseerlos juntos... Era... Simplemente estresante.
-¡Pero esto no es un Eevee normal! -Rió aquel humano colocando mi cara frente a la suya- ¡Es demasiado pequeño!
-Seré pequeño, pero no me apesta el aliento a muerto- Mascullé sabiendo que la idiotez de su especie no le permitiría entenderme.
Realmente su aliento era asqueroso, era como enterrarme en el más oloroso de los basureros. Un basurero... En un lugar así, fue donde toda mi vida cambio por completo ¿Cuanto había pasado de aquello? Alrededor de tres meses. Tres meses... Era cierto, por aquel entonces yo tenía solo cinco meses de existencia... Realmente todo aquello se hacía espeluznante, que toda mi vida cambiase en tan poco tiempo y sin darme ni un solo segundo para poder reaccionar.
-¿Y qué hacemos con él? -Preguntó el humano que me sostenía, algo que realmente odie, ya que su putrefacto aliento era lanzado a mi delicada nariz a cada palabra que emitía.
-Traeré algo para que no se escape -Dijo el otro dejando lo jarra en la mesa -Cuando lleguemos al pueblo puedo ir a por pokeballs.
¿Pokeballs? Growlithe había conseguido lo que quería, yo no tenía ninguna escapatoria. ¿Debía resignarme? No, eso no era digno de mí, pero patalear habría sido más humillante a la vez que inservible.
-¿¡Pero qué pasa aquí!?- Una voz aguda penetró en mis oídos. Creo que fue la vez que más feliz me sentí de verla, la chica del pelo anaranjado estaba mirando la escena con gran asombro -¿¡Se puede saber qué hacéis!?
¿Me iba a salvar? Era una situación extraña, ya que acababa de pelear contra su pokemon. Pero aunque lo odiase, eso era algo de los humanos que ya no me sorprendía.
-¿Es tuyo?- Preguntó el hombre del aliento zarandeándome como si fuese un muñeco.
-¡Pues claro qué es mío! -Exclamó ella mientras se ponía histérica.
¿¡Suyo!? ¡Pero bueno! ¿¡Qué se creía está humana!? Era de agradecer que quisiese salvarme, pero había multitud de maneras de hacerlo y está era con una gran diferencia, la peor y más humillante.
-Te pido disculpas -Dijo el humano del extraño pelaje mientras dejaba la jarra en la mesa -Pero creo que no soy el único que debe pedirlas -Señaló el suelo con su mano izquierda mientras tomaba una bocanada de aire -Tu amigo se ha estado divirtiendo a costa de nuestra vajilla.
¡Eso no era cierto! ¡No había sido yo! ¡Y la situación podía describirse con todas las palabras excepto con esa! Esto no era divertido, por lo menos para mí, que era el supuesto culpable según ellos.
-Está bien -Dijo abriendo un pequeño bolso de color sonrosado y sacando unas hojas verdosas -Esto servirá para pagar las molestias.
Su expresión era seria hacia aquel hombre al que miraba los ojos, la estatura de la chica respecto a ese hombre era realmente baja.
-Perfecto-Dijo él contando las hojas verdes con una sonrisa burlona. ¿Tanta importancia le daban a esas hojas? ¡Pero si en los árboles había miles! Eso es algo que nunca he entendido de los humanos por mucho que lo intente.
Observé como la chica extendía los brazos hacía a mí y me recogía abrazándome contra su pecho.
Me sentí extraño, incomodo podría llegar a decir, me asustaba mirarla a la cara no sé porque mientras comenzaba a caminar. Miré al suelo de reojo, estaba tan lejano... Si me intentaba escurrir pataleando, seguramente no saldría ileso de aquella situación. Solo podía esperar a lo que el futuro me deparará, sacudí la cabeza violentamente para secarme un poco. Escuche una dulce risa que procedía de la muchacha, antes de que me diera cuenta ya estábamos frente a una puerta grisácea con unos extraños grabados en la parte central. La chica abrió la puerta mientras soltaba un pequeño suspiro.
Una hermosa habitación apareció tras ella, predominaban unos tonos pasteles en las paredes. Mientras, dos sofás de color pistacho estaban colocados uno en frente del otro sin ningún fallo de concordancia entre ellos mientras se pegaban contra la pared, rodeaban una mesilla de color castaña clara que era cruelmente tapada por un pequeño mantel blanco lleno de agujeros que sorprendentemente hacían con gran elegancia el dibujo de una gran flor que era rodeada por lo que parecían ser tallos, alguna que otra hoja y unas florecillas más pequeñas.
-Vaya, vaya...- Escuché una conocida voz - El pequeño Eevee - Observé como tumbada en uno de los sofás Poochyena observaba mi llegada con una mueca algo extraña -¿Te has dado un baño antes de venir? Muy considerado por tu parte- Se carcajeó sin miedo a parecer ruda -La verdad es que apestabas.
-¿Es siempre tan bruta?- Intenté contraatacar mientras la muchacha me dejaba en el suelo con gran dulzura, al posar mis patas en el suelo tarde un poco en recobrar el equilibrio. Era extraño pasar de observarlo todo desde un ángulo de gran altura a estar en el más bajo que se podía conseguir en esa situación. Pero realmente, si hablamos de alturas... La madriguera donde nací era la más alta de aquella enorme cueva, esa cueva... Era muy extraña ahora que lo pienso, llena de agujeros que se separaban a la medida exacta, y que en cada un pequeño saliente que hacía de entrada y de escalón para poder comunicar a las más altas con las demás, era simplemente impresionante de ver.
Escuche como la puerta se cerraba con un leve sonido a mis espaldas, no pude evitar girarme ya que aquello solo significaba una cosa, mi única vía de escape había desaparecido para no regresar, a no ser claro está, que se volviera a abrir.
-Creo que tenía las toallas por alguna parte -Dijo la chica por detrás, no le hice caso, estaba demasiado embobado mirando la puerta cerrada como para mostrarle atención, daba igual, tampoco sabía lo que significaba toalla y en ese momento no sé por qué, pero simplemente, nada me importaba.
-Resígnate, sí lo que quieres es salir no vas a poder hasta que lleguemos al pueblo ese - Escuche una carcajada de Poochyena que hizo que inmediatamente me girara -¿Por qué no hablamos?- Su voz siempre tenía un tono burlón que me incomodaba bastante pero asombrosamente al mismo tiempo hacía que sus palabras me resultaran interesantes de escuchar -¿De dónde eres?
Pensé la pregunta un segundo mientras observaba sus hipnotizantes ojos escarlata que se mezclaban con un extraño color ámbar eléctrico. ¿Realmente debería decirle de dónde venía realmente? ¿Debía arriesgarme? No lo sé, pero preferí no hacerlo.
-De la ciudad - Mentí acercándome hacía ella sin darme cuenta de mis pasos -Vengo de la ciudad.
-¿Naciste allí? -Dudó ella -Interesante- Sus ojos cada vez eran más grandes para mí, y me sentí muy desvalido hacia aquella mirada- ¿Puedo hacerte otra pregunta?
-Claro -Contesté sin bajar la vista -Como quiera.
-¿Por qué razón tu hocico está tan cerca de mí?- Rió, su risa en aquel momento fue diferente, no fue una de sus usuales carcajadas sino una más tranquila, más dulce.
Di unos rápidos hacía atrás al darme cuenta de que aunque ella estuviera en el sofá y yo en el suelo nuestros hocicos estaban realmente cerca, no me había dado cuenta de aquello hasta ese momento, aquello era demasiado vergonzoso. Sin darme cuenta tropecé con mis propias patas y caí al suelo sentándome sobre mi propia cola levantando mis dos patas delanteras, seguramente llevando una humillante cara en mi rostro avergonzado por aquella situación.
-¿Te gusta?- Preguntó enseñando unos afilados colmillos tan blancos como una nube que se asemejaban a los de Growlithe exceptuando su limpieza, no me sorprendió. Supongo que aquella humana le daba especial cuidado a la estética de su pokemon.
-¿¡Gustarme!? ¡No! Es decir...- No sabía que contestar a aquello, no sabía como ella me había hipnotizado de aquella forma, no sabía si realmente me había gustado, no sabía explicar el sentimiento de sumisión que había padecido en aquel momento, así que solo podía callarme para hacer lo más correcto posible.
Ella soltó una gran carcajada que me hizo sentir más incomodo que antes, ¿Tanta gracia le hacía aquella situación? ¿Tan cómico era yo para ella? Noté como mi cara ardía, era como mirar al fijamente al cielo un día de verano donde no divisaríamos ni una sola nube, aunque fuera pequeña e insignificante.
-No te preocupes- Siguió riendo mientras se levantaba y sacudía su cabeza de rápidamente de arriba abajo -Ya sé que soy irresistible -Le era imposible terminar con su risa, entonces lo entendí, comprendí lo que ocurría.
-¿Ha sido un ataque? -Pregunté sin dejar de sonrojarme mientras mi voz titubeaba y hacía que mi hocico temblase violentamente.
Nos quedamos en silencio durante unos segundos, mirándonos con expresión sorprendida que en ella parecía convertirse en un tono de desagrado mientras comenzaba a caminar dando vueltas por el sofá. Seguí observándola mientras me daba la espalda, se dirigía hacia la ventana y comenzaba a observar el azul del cielo.
-¿Por qué dices eso?- Preguntó mientras intentaba llamar la atención de la chica pelirroja para poder abrir una pequeña separación de la parte superior de la ventana.
-Espero no haberle molestado con mi comentario- Me disculpé -Le ruego que perdone mi estupidez, es solo que nunca me había ocurrido algo parecido...
-¡Para! -Me cortó ella dedicándome una mirada asesina - ¡No aguanto que hables de esa manera!- Me quede callado, sus gruñidos eran amenazantes y tampoco quería ser descortés e incomodarla con mis comentarios -Además, no tienes por qué hacerlo - Cogió una bocanada de aire y la lanzó con gran tranquilidad mientras cabeceaba suavemente - Es un ataque, se llama Atracción.
-Atracción...- Repetí bajando la vista durante un segundo antes de volver a mirarla-¿Por qué lo ha hecho?
-Me pareció divertido - Contestó mientras observaba como la chica se alzaba para conseguir abrir la pequeña separación - Aire...Maravilloso...- Cerró los ojos e intento alzarse para acercarse lo más posible a la brisa que entraba por el hueco -Eres demasiado inocente Eevee.
-¿Inocente? ¿Cómo que inocente?- Dudé.
-Olvídalo -Finalizó ella.
Me quede observándola mientras olisqueaba la pequeña cantidad de aire que dulcemente rozaba hasta su hocico mientras su nariz parecía querer dar empiece a un sonoro estornudo que nunca llegaba.
-Vale, ven aquí -Sin casi darme la humana me agarró de nuevo con una manta de color amarillento -A ver si te seco un poco -Lanzó un suspiro mientras comenzaba a mover de bruscamente la manta contra mi cuerpo-Estate quieto.
Poochyena no pudo evitar lanzar una gran carcajada al verme mientras yo intentaba escabullirme de aquello
-Leire es así -Rió mientras observaba la escena -No patalees tanto.
-¿Leire?- Pregunté resignándome a aquello -¿Ese es el nombre de su humana?
Poochyena asintió mientras se apartaba de la ventana y se sentaba de nuevo en el sofá.
-¿Dónde está tu amigo?- Dudó moviendo una oreja.
-No es mi amigo- Gruñí -Para mí ya no es nada.
Ese idiota ya no significaba nada para mí o simplemente estaba demasiado ofuscado en mi furia como para tratarlo como tal, simplemente era un Growlithe que se había entrometido en mi camino.
-¿Puedo preguntar qué ha ocurrido?- Poochyena me devolvió de mis pensamientos.
-Preferiría no hablar de ese tema, sino le importa -Contesté mientras me sentía liberado de la humana y me lanzaba hacía el suelo, intenté conseguir llevar la conversación a un punto que no tuviera que hablar de mi pasado, además había algo que me había llamado bastante la atención-¿Puedo preguntar yo algo?
-Claro- Dijo ella mientras se pasaba una de sus patas superiores por la oreja derecha.
-¿Qué le ocurrió en el cuello?- Pregunté intentando no ofenderla con aquella pregunta.
Me miró de arriba abajo con gran atención, sentí que quería huir de aquella conversación, de aquel tema, de aquella pregunta en concreto. Sus ojos me miraban de arriba abajo lentamente hasta que se pararon en un punto, un punto en el que la mayoría de la gente solía fijarse.
-¿Por qué tienes ese corte en la oreja?
-Me peleé con un peligroso pokemon para proteger a una hembra antes de entrar a este tren -Le lance una sonrisa burlona.
-¿Intentas ser gracioso? -La pregunta fue fría y dolorosa para mi orgullo, El rostro de Poochyena era un tanto inexpresivo y me hacía sentir incomodo-Un consejo, no vuelvas a hacer eso.
Callé por un segundo ante la vergüenza que sentí hacia aquel comentario, estaba algo humillado y de veras me habría gustado no haber intentado hacer reír a Poochyena de una manera... Digamos... Diferente.
-Me corté con una pico del huevo al nacer - Suspiré, me daba vergüenza admitir que una marca que tanto me definía había sido causada por algo así.
-¿De veras? -Se sorprendió ella -Parece que han cogido unas tijeras y te han cortado un poco, -¿si te tiro de la oreja se rompe?- Su risa burlona comenzó de nuevo. No pregunte el significado de "Tijeras", ya que como había dicho antes era un pokemon de ciudad y un pokemon de ciudad debe saber el significado de aquellas cosas.
-Acababa de nacer, era normal que mi oreja fuera débil y aquel pico estaba muy afilado -Sonreí mientras lanzaba una fingida mirada de superioridad.
-Claro, claro -Siguió ella -Todo el mundo sabe lo peligrosos que son los huevos.
-¿Y como se hizo esa cicatriz?- Yo ya le había contado la vergonzosa historia de mi corte, ahora le tocaba a ella.
- Pero bueno ¿Como pretendes que te lo cuente?-Se carcajeó ella mientras se lanzaba al suelo de un elegante salto y caía de la forma más maravillosa para la vista - ¿No ves que la historia de tu corte es tan impresionante que hundiría cualquiera mía? Mi historia es aburrida contra el intento de asesinato de un huevo.
-Vale, vale-Me resigné mientras cabeceaba -Supongo que eso significa que no va a contarme nada -Observe a la humana que estaba mirándonos con una expresión curiosa pero que en toda nuestra conversación no había pronunciado ni la más mínima palabra- Son muy diferentes...
-¿Ella y yo?-Preguntó pasando por delante de mí y acercándose a Leire -Sí, puede que tengas razón.
- ¿Desde cuándo llevan juntas? - Seguí preguntando para intentar conseguir una respuesta.
-Desde que tenía tres meses- Contestó subiéndose al sofá donde estaba sentada la humana con la misma elegancia de antes -Y ahora tengo seis.
-¿Como la capturó?-Seguí con mi pequeño interrogatorio mientras lanzaba una mirada de reojo al cielo azul que se divisaba por la ventana.
-Digamos que no me capturó -Explicó siguiendo mi mirada hacia la ventana -Simplemente me encontró.
-¿La encontró? -Dudé, no entendía bien que era lo que quería decir con aquello de encontrar, quizás se refería algo parecido a lo que les pasó a Lucas y a Eevee, pero viniendo de Poochyena me extrañaba -Sin ofender, pero me resulta extraña.
-¿Yo?-Dudó
Asentí un segundo, no quería incomodarla con eso así que preferí aclararlo antes de que se tomara como un mal comentario.
-Es que es un pokemon bastante agresivo pero sin embargo aunque sus movimientos puedan parecerlo la elegancia con la que los realiza lo esconde a la perfección.
-Bueno, sí, soy un tanto agresiva a veces -Puso los ojos en blanco durante un segundo- Pero taparlo de esa manera es lo que les gusta a los jueces.
-¿Jueces?
-Sí, Leire es coordinadora -Explicó mientras me observaba atentamente -No todo van a ser peleas ¿no?
-Supongo...-Mascullé aun un poco confundido por las nuevas palabras que acababa de oír -¿Y qué se hace en los concursos?
-Bueno, pues...-Intento comenzar a explicar pero el sonido del tren acercándose a la estación nos hizo callar a los dos.
-¡Única parada! -Una voz humana se hacía oír por todo el tren, aquello significaba que los momentos que yo había pasado aquí llegaban a su fin.
-Vaya...-Suspiré observando como la humana comenzaba a levantarse y prepararse para marchar, la verdad es que me apetecía seguir conversando con Poochyena, no era la imagen de pokemon que yo tenía -Que inoportunos...-El paisaje que se veía por la ventana se había parado en un cielo anaranjado que se había tragado el inmenso azul pasado que había desaparecido sin que yo me hubiese podido despedir de él.
-Vamos Eevee-Me llamo la atención Poochyena mientras comenzaba a caminar -Tenemos que irnos ya.
Casi como un acto reflejo comencé a seguirla, pero... ¿Qué estaba haciendo? No estaba siguiendo a Poochyena y a su humana simplemente, si las seguía estaba renunciando a mi libertad ¿A caso debería resignarme a vivir con humanos? Quizás sí, mi cabeza me decía que yo no era lo suficientemente fuerte como para no estar con ellos y vivir solo...Pero, en mi pecho, fuertemente algo latía tanto que hacía que doliese suplicándome a gritos que no las siguiese, pidiendo que escapara. Mi cabeza era más fuerte que aquella presión en el pecho y me impedía hacer algo que aún sin sabiendo yo que era mi cuerpo estaba ansioso de hacer .Seguí caminando cabizbajo detrás de Poochyena pensando en que me estaba ocurriendo hasta que...
-Creo que aquí cerca venden pokeballs- Rió Leire -Que bien que por fin tengas un amigo Poochyena.
Mi cabeza bajo la guardia al llegar a tocar el asfalto fuera del tren y mi cuerpo tomo la delantera al oír esa palabra "Pokeballs"
¡Maldición! ¿De veras quería estar atrapada en una de esas bolas toda mi vida? ¡No! ¡Yo no estaba hecho para eso!
- No sabe cuánto lo siento -Comencé a decir mirando su cola aplastada mientras los pies de los humanos salían del tren formando una marabunta, por desgracia alguno despistado podría pisarnos al ser tan pequeños para aquellos gigantes que a mi manera de ver no tenían ni una pizca de cerebro para darse cuenta de que estábamos allí.
-¿A qué te refieres?- Dijo dando la vuelta con una maniobra peligrosa por culpa de la estampida de humanos en la que estábamos envueltos. Miré a Leire, estaba junto a nosotros temerosa de que los humanos usaran represalias por estar allí parada y preocupada de que nos pudiera ocurrir algo, pero aún así seguía sin dejar de observarnos ni un solo momento.
-Lo siento -Dije cruzando mis ojos castaños con sus enormes ojos bicolor- Pero yo no estoy hecho para estar con los humanos.
-Vas a acabar tarde y temprano aquí, admítelo -Me lanzó una mirada, esa mirada para mí ya era conocida, no era una de las miradas de nuestra pasada conversación sino una de las miradas de la pelea.
-Eso ya lo veremos -Terminé de decir con una sonrisa pícara antes de que mi corazón se acelerada de nuevo y mis piernas no pudiesen parar de correr hacia el interior del pueblo como si estuviera compitiendo en algún tipo de carrera de velocidad.
-¡Recuerda que me debes una pelea! -Escuché un grito de Poochyena que sobresalía entre los comentarios de los humanos, no pude contestarle pero tampoco evitar sonreír mientras recorría los callejones de aquel pueblo sin fijarme demasiado en su estructura de piedras que me recordaban ligeramente a una caverna.
Estaba solo, solo en mi historia como nunca antes lo había estado, pero... aún así no cabía en mí de gozo. Como muchas otras veces la adrenalina me impedía estar tranquilo, aquellos momentos me encantaban peor a la vez eran estresantes ya que mi cabeza forcejeaba sin resultado recoger de nuevo las riendas de mi cuerpo autónomo de mi mente. No sabía a dónde ir, no sabía qué hacer, lo único que podía saber es que yo no controlaba la situación por lo tanto debía dejar que el destino marcara mis pasos por aquel nuevo paisaje para mí.
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772136   |   01/07/2010 14:12
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

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CAPITULO 10 - Lo que faltaba



La noche paso sin ningún tipo de altibajo, la verdad es que me reconfortó haber encontrado un sitio donde dormir a gusto en aquel pequeño pueblo, el lugar me gustaba, era más tranquilo que la ciudad y el número de humanos que habitaban en él era menor. Bajo un aparato que los humanos denominaban tobogán encontré mi pequeño refugio. El suelo de arena era muy cómodo para dormir, cerca había una especie de extraña cascada que hacía que el agua saliese al pulsar encima de ella, además desde aquel lugar podía divisar contenedores de basura. Solían tener una comida de extraordinaria, no quiero ser denominado un glotón, pero muchos de mis lugares de residencia han sido dictaminados por el alimento, como en todas las manadas se necesita que haya abundante comida en lugar donde se resida, además mi paladar es bastante selecto. Aún puedo recordar las sabrosas bayas que se podían encontrar en los extensos terrenos de mi manada. Pero claro, como todo lugar también tenía sus pequeños inconvenientes, una marabunta de crías humanas tomaban posesión del terreno de arena desde que el sol se alzaba en el azul del cielo hasta que se escondía de nuevo para dejar ver un gran oscuridad con un cielo estrellado, Esas estrellas, ¡Nunca creí poder ver tantas juntas! En la cueva era imposible ver el cielo y en la ciudad solo se podían observar alguna que otra por culpa de esas extrañas jaulas de sol, sin embargo verlas allí tan juntas era algo simplemente imposible de explicar. Estiré las patas al escuchar como los humanos comenzaban a acercarse lentamente hacía mi posición, significaba que era hora de marchar, no quería tener contacto con los ellos.
Las calles del pueblo eran de piedra al igual que las madrigueras humanas mucho más bajas que las que yo había conocido antes, muchos de los pokemon me miraban con un gesto de curiosidad en sus rostros.
-¡Eh! ¡Tú! -Exclamó una voz detrás de mí -¡El Eevee enano! -Me giré resignado al escuchar aquel comentario.
-¿Algún problema con mi estatura?- Pregunté gruñendo, a mi espalda un pokemon de color dorado me miraba con un gesto de superioridad que me enfureció, tenía el pelaje del trasero de color negruzco que acababa en una cola con forma de estrella, sus patas tenían el mismo color dorado que el pelaje de su cabeza cual recordaba al sol, en sus ojos ambarinos se podían apreciar unas cualidades de seguridad y sobrevaloración que me resultaron un tanto conocidas, a dos pasos detrás de aquel extraño ser pude observar como otro de carácter sumiso al primero, se mantenía cabizbajo, era igual que su compañero, exceptuando que el pelaje de su cabeza recordaba al cielo azul que se extendía encima de nosotros.
-¿Vas al concurso?- Rió el pokemon dorado dándome con su pata derecha en el pelaje que recubría mi cuello - Sabes que no tienes posibilidades contra mí, ¿verdad?
-No me toques, escoria -Gruñí mientras le dedicaba una mirada de superioridad con una pequeña mezcla de desprecio,-¿Por qué no tengo posibilidades? Pareces un debilucho.
No sé por qué, pero aquel pokemon me molesto tanto que reaccioné de aquella extraña manera casi sin darme cuenta. Ni si quiera le había podido tratar con respeto, pero la verdad ¿lo merecía? Observe como en su rostro aparecía el terror ante mis palabras mas no duro mucho tiempo.
- Soy un pokemon brillante ¿O es que no te das cuenta? - Su rostro volvió a adoptar la mueca del principio pero su voz obtuvo un tono de alerta, parecía molesto ante la serenidad con la que yo había hablado -Además, no soy ningún debilucho ¿quieres comprobarlo?
-¿Brillante?- Ignoré sus tentativas de pelea e intente saciar mi curiosidad.
-Sí -El pokemon azul se abrió paso cabizbajo -Los Shinx normales somos de mi color, sin embargo Sol es dorado por lo que es muy apreciado entre los coleccionistas.
-¿También nos coleccionan? Lo que me faltaba por escuchar...-Mascullé, realmente los humanos eran escoria si se creían que podían coleccionarnos como si fuéramos unos simples juguetes que poner en su vitrina -¿Ha dicho que su compañero se llama Sol?
-Sí- Sonrió, por su forma de actuar y la dulzura de su voz pude identificar que se trataba de una hembra joven - Es el nombre que le puso nuestro humano.
Un gruñido acabo con la apacible conversación, mire al Shinx brillante que erizaba su pelo, sabía que quería que entrásemos en batalla y, no me pude negar. Me puse en posición y comencé a abrir la boca para que las chispas comenzasen a surgir mientras él dejaba ver unos brillantes colmillos que comenzaban a tener un extraño color transparente nada natural, di dos pasos hacia atrás y lance mi ataque dando un salto por culpa de la potencia del ataque y mi ligera constitución. Esquivó la bola azabache que se estampó contra el suelo formando una nube de polvo mientras el pokemon dorado saltaba hacía atrás ágilmente y se lanzaba a atacarme con sus transparentes colmillos. Antes de que me diese cuenta ya se habían clavado en mi lomo consiguiendo que mi sangre se helase por dentro y haciéndome desear correr hacía el sol de una manera inimaginable, sacudí la cabeza y contesté su ataque con un severo mordisco en su oreja izquierda que hizo que soltase mi lomo mientras lanzaba un gemido de dolor, ciertamente algo fingido. Alcé la cabeza mientras observaba como sus colmillos volvían a tener su color natural mientras lanzaba un gruñido, me miraba con seriedad. No conseguí encontrar a la hembra con la mirada ¿Habría huido? No debía pensar en ello, tenía que estar completamente concentrado en la batalla con aquel pokemon dorado. Intente memorizar los movimientos que hizo aquel pokemon para conseguir esos extraños colmillos, por alguna extraña razón no conseguía el resultado deseado, eso me estreso bastante, ¿Por qué podía imitar bola sombra pero no aquel ataque? Comenzamos a caminar formando un circulo en la arena del suelo con nuestras huellas, nos mirábamos amenazantemente y esperando a que uno de los dos se lanzara a atacar, agitó su cola finalizada en una extraña estrella anaranjada que tomaba un color plateado con cada golpe que daba, más bien parecía que fuese marcando el ritmo de sus pasos con ella. Probé a hacer lo mismo, era complicado ya que se debía mover la cola con cada paso y siempre a un mismo ritmo pero poco a poco lo iba consiguiendo que mi cola tomase el mismo color plateado, era extraordinario ver como el pelo se volvía grisáceo y poco a poco comenzaba a brillar de una forma que llamaba la atención. Aunque no pude observarla durante mucho tiempo ya que su cola se estampó contra mi mejilla cuando me despisté un segundo. Lancé un gruñido y me levante del suelo mientras una nube de polvo se extendía a mi alrededor, mi pelaje se había ensuciado por la arena aunque no me importaba en aquel momento, comencé a marcar un ritmo con la cola lo más rápido que pude, no hacía falta estar andando, simplemente con agitar la cola en un ritmo constante, pero había algo que me molestaba. A cada movimiento la cola se iba haciendo cada vez más y más pesada por lo que costaba más preparar el ataque. Cuando sentí que la cola pesaba tanto que debía bajarla me lancé hacía el Shinx todo lo rápido que mis patas me permitieron y giré cuando solo quedaban unos pocos pasos para chocarme con él. Una nube de polvo me nublo la vista, sabía que mi cola había impactado contra su lomo pero no podía encontrar a Shinx, jadeé por el cansancio del nuevo ataque acababa de aprender. No parecía haber movimiento, lancé una sonrisa tras observar el perfil del pokemon tumbado en el suelo intentando ponerse en pie sin conseguirlo.
-¿¡ Qué has hecho!?- Escuche la voz del Shinx dorado desde mi izquierda, cuando el polvo se disperso pude ver como estaba sentado mirando a lo que yo pensaba que era él, con una cara de miedo -¿¡Cómo se te ocurre entrometerte!?- Observé como la hembra azulada había sido la receptora de mi ataque, aún así la sonrisa no desaparecía de su cara mientras me miraba dulcemente, no pude evitar sentirme mal por lo que había hecho, el Shinx dorado parecía muy preocupado -¡Era mi batalla! ¡Me has estropeado la victoria!- Solo lo parecía, lancé un gruñido y me acerque a la joven con las orejas y la cola gachas para mostrarle mis disculpas.
-Discúlpeme- Dije intentando no mirarla a los ojos -No era mi intención hacerla daño.
-Tranquilo, por favor -Sonrió poniéndose en pie, su pelaje estaba lleno de arena y polvo al igual que el mío y el de su compañero -Es culpa mía por querer apartar a este idiota.
-¡Habría ganado a este enano de no ser por ti!- Gritó enseñando agresivamente los dientes a la hembra -¡Lo has estropeado todo!
Se lanzó con sus potentes mandíbulas hacía el cuello de ella como si fuera a castigarla, todo fue muy rápido, observé como la hembra cerraba los ojos esperando el mordisco, no era un mordisco de batalla normal, cómo la que acabábamos de tener, más que eso me recordó a un combate fuerte, de los que no se intenta vencer al rival sino acabar con él. No sé por qué, pero no pude evitar hacer lo que hice. Antes de darme cuenta, casi por un reflejo me encontré entre la hembra y el macho de Shinx con los colmillos de este clavados en mi dorso que comenzaba a sangrar. Dolía, pero no contraataque.
Simplemente me quede mirando al suelo sin una expresión en mi rostro, lancé una mirada de reojo a la hembra quien observaba sorprendida mi actuación. Le dedique una pequeña sonrisa mientras en el suelo comenzaban a aparecer unas gotas rojizas que cada vez eran más abundantes. Sol soltó mi cuerpo y dio tres pasos hacia atrás con los colmillos llenos de mi sangre, parecía confundido.
-¿Por qué la castigas por intentar protegerte?- Gruñí mientras observaba como sus ojos ambarinos estaban abiertos lo máximo posible -Es tu compañera ¿no? Eso es lo que se debe hacer en una manada protegerse los unos a los otros- No sabía si era verdaderamente eso lo que se hacía en las manadas, pero esa idea crecía en mi interior de una manera tan fuerte que no podía evitar lanzarla- No mereces que se te hable con respeto.
Bajo la vista hacia el suelo. Lanzaba miradas a su compañera pero eran demasiado cortas por la vergüenza que estaba sintiendo en aquel momento. De pronto olisqueé un olor conocido en el ambiente, era difícil de encontrar, ya que el olor de la sangre era lo que más llamaba la atención, pero el olor me resultaba demasiado familiar.
-Me disculpo por las molestias causadas -Dije con la cabeza gacha -Hasta la vista.
Sabía lo que iba a ocurrir dentro de poco, y si debía suceder prefería que nadie más lo escuchase. Cojeé por el camino mientras el olor me seguía con una velocidad parecida a la mía, aunque le resultara forzado desde mi punto de vista. Giré el cuerpo para observar lo que ocurría a mis espaldas. No encontré al productor de ese olor, pero observé como el Shinx dorado parecía pedirle disculpas a su compañera. No pude evitar sonreír, después de todo, aquella pelea había servido para algo más de lo que intentábamos que sirviese.
Gemí al girar para seguir andando, estaba dejando un camino de puntos rojos a cada paso que daba. Algún humano con el que me encontraba me miraba sorprendido e intentaba acercarse pero los reprendía con un fuerte gruñido para que se apartasen de mí, no me apetecía tener compañía en esos momentos. Me habría gustado huir del olor pero me dolía demasiado moverme pasara salir corriendo ¿Debía seguir caminando? ¿O enfrentarme? Lo que estaba claro era, que si intentaba que fuese por las buenas no lo conseguiría fácilmente. Descubrí un pequeño hueco a una madriguera humana donde ya no parecía residir ninguno de estos seres. Era perfecto, por fin mi estatura serviría para algo útil. Me acerque a la mayor velocidad que pude, jadeando fuertemente por culpa de la herida, cuando iba a arrastrarme para entrar, casi como si hubiese estado todo el tiempo a mi lado, sentí sus colmillos en mi pescuezo mientras me levantaba del suelo con un rápido movimiento para que no huyese, puse los ojos en blanco, era justamente lo que me faltaba por ver.
-¿Te importaría soltarme?-Dije mirando al frente, la madriguera parecía poder caerse en cualquier momento. Noté como me zarandeaba para expresar una negativa y se ponía a caminar para llevarme un lugar donde no pudiera escapar- Me siento ridículo -Mascullé mientras escuchaba una pequeña risotada, cada vez nos íbamos acercando más a la verde hierba, a los altos árboles que parecían sentirse superiores cuando se les acercaban unos pokemon como nosotros, sinceramente no me importaba que parecieran, simplemente sabía que eso significaba bosque, significaba un mundo sin humanos, significaba manada... Por fin ese idiota hacía algo que yo quería, me zarandeé para que me dejara caer, pero no lo conseguí. Estaba ansioso por que mis patas tocaran la hierba de nuevo, y no iba a permitir que me lo arrebatara.
-¡Suéltame!-Exclamé, sacudiéndome cada vez más -¡Me haces daño!
Mentí, pero le conocía demasiado como para saber que eso le haría soltarme lo más rápido posible, caí sobre mi cola, que quedo aplastada. No me importo ya que había logrado estar sobre la apreciada hierba, no recordaba su olor, ni que fuera tan verde. Pero me encantaba poder volver a verla de nuevo. De pronto caí tumbado de un zarpazo sobre mi lomo. Noté como colocaba sus dos patas delanteras sobre mí. Una en mi cuello y otra casi al empiece de la cola.
-No parece muy grave-Dijo antes de comenzar a lamer la herida para intentar curarla -Es solo un rasguño -La voz de Growlithe me aportaba más seguridad que nunca, pero estaba demasiado enojado por haberme boicoteado para mostrarlo -Escapaste... Lo cierto es que me alegro.
Lancé una mirada a su hocico blanquecino mientras seguía lamiendo la herida, no tenía forma de moverme, así que me resigné a entablar una conversación, eso sí, con un tono serio y frio.
-¿Cuanto llevabas ahí?- Pregunté casi gruñendo.
-El suficiente- Respondió en tono cordial, eso hacía que me sintiera cada vez más tirante con él -Felicidades por aprender Cola Férrea.
No pude evitar lanzar una pequeña carcajada, me estaba volviendo más fuerte cada vez. Growlithe lo notaba, y eso me gustaba.
-Eso da igual -Mentí -Lo que me importa es saber por qué estás aquí ¿Crees que te voy a perdonar por haberme vendido?
No contestó, sentí como sus enormes zarpas se apartaban de mi cuerpo mientras intentaba ponerme en pie, creo que le dolió lo que le dije, me sentí mal por aquello, pero no debía por qué, él había ganado su culpabilidad con su comportamiento.
-Escucha Eevee, vale, me he dado cuenta de que ese no es tú sitio-Comenzó Growlithe mientras fijaba sus enormes ojos castaños en una pequeña roca que golpeaba con su gran pata anaranjada y que parecía gemir a cada zarpazo que le daba- Pero solo lo hice por qué pensaba que...
-¿Cómo quieres que confié en ti?-Pregunté fríamente poniéndome en pié e intentando limpiar el polvo de mi pelaje -Intentaste que esos idiotas me capturaran.
-Eevee...-Me cortó, sonaba casi como un gruñido, no pude evitar asustarme -Por una única vez en tu vida deja de pensar que estás por encima de los demás -Me quede mirando al suelo, el tono de Growlithe me asustaba demasiado como para mirarle a la cara - Aquí no hay jerarquías, y si las hubiese, no creo que tuvieses un puesto muy alto-Su voz se tornó a un tono más amable, por lo que intente decir algo, pero no conseguí mi propósito por qué sus enormes se fijaron en los míos para avisarme de que no debía interrumpirle- No eres mejor que ellos, ni ellos son mejores que tú.
Solté una carcajada mientras me giraba. La idea de ser igual que los humanos me resultaba demasiado graciosa y absurda como para no hacerlo.
-Pero míralos, son idiotas, además ¿Quien creen qué son para usarnos cómo juguetes? Si has estado lo bastante tiempo, sabrás que tambien nos coleccionan -Gruñí mientras fijaba la vista en el pelaje de su pecho -Soy mejor que ellos.
-No generalices -Contestó con un gruñido más grave mientras se ponía en píe y se alejaba unos pasos -Para ser mejor que ellos, tienes que ser mejor que yo-Cogió una bocanada de aire y me miró con una muestra de superioridad que nunca habría imaginado llegar a observar en él -Y para eso, aún estás muy lejos.
-¿Me estas retando a una pelea?- Reí mientras me ponía en posición de lucha, acababa de salir de una y aunque estaba dolorido, ya casi no lo notaba.
-Ahora no -Dijo tumbándose en la hierba -Pero tendrás una pelea conmigo.
No iba a permitir que quedase así, corrí moviendo la cola de la forma más rápida que podía, pero en cuanto me acerque unas ascuas delante de mis pies hicieron que me parara en seco. Aunque fue un simple ataque de Growlithe, no pude evitar recordar el día que me aleje de mi manada, aquellas llamas carmesí acababan de desaparecer dejando unas cenizas azabaches en el lugar donde antes había un alegre color verdoso que hacía que mi corazón palpitase de la emoción. Lancé una mirada a Growlithe quien agitaba la cabeza de un lado para otro mientras intentaba fijar una mirada en mi cuerpo petrificado. Estiró la cola y se sentó sacando la lengua mientras jadeaba por el calor que comenzaba a hacerse notar.
-¿No puedes ser obediente? -Rió con un tono sarcástico, mis recuerdos se alejaron de mi mente mientras lanzaba un severo gruñido al pokemon, quien se lo tomó como un simple juego e hizo una carcajada mayor.
-Adiós Growlithe -Dije dirigiéndome a unos árboles cercanos, pude observar todo el pueblo desde allí. Lo cierto es que bastante más pequeño de lo que me había imaginado mientras caminaba por sus calles de piedra. La estación de un color canela esperaba al próximo tren con ilusión mientras se erguía elegantemente junto a un edificio de color sonrosa en el que no había fijado la atención en aquel momento. Una muchedumbre de humanos se encontraba alrededor de él, quizás esperando poder pasar a su interior quién sabe en busca de qué.
Escuche como las grandes zarpas del pokemon rascaban la tierra detrás de mí, giré la cabeza y le lance una mirada para que parara.
-¿No quieres venir conmigo? -Preguntó con una sonrisa de las suyas, esas sonrisas en las que sus enormes colmillos son los protagonistas, esas sonrisas que tanto le gustaba lanzarme -Esta bien, esta vez, seré yo el que te siga -Me quede sorprendido por aquellas palabras. ¿De verdad me iba a dejar a mí elegir el camino? Puede que sí, aunque lo único que quería era que no fuese solo. Puse los ojos en blanco y comencé a caminar a un paso más rápido mientras él seguía con el mismo ritmo. Al ser más grande que yo sus patas eran más largas, y mis zancadas eran comparables con dos de sus pasos.
-Hagamos un trato -Dije parándome en seco, recordé algo que me había llamado la atención desde hace tiempo. Supuse que si tanto deseaba que siguiésemos caminando juntos, tendría que aceptarlo aunque fuese a regañadientes.
-¿Sí? -Dudó al escuchar aquellas palabras. Estiró la cola y alzó las orejas para concentrarse en mis palabras -¿Qué quieres?- Parecía desconfiar en mi tono de voz.
-¿Aceptas?- Necesitaba que aceptara para que se sintiese frustrado cuando le enseñara las partes del trato. No me apetecía que huyese de aquello.
Titubeó manteniendo una larga mirada sobre mis orejas mientras intentaba encontrar algún punto en mí que le diese alguna pista de lo que quería hacer.
-Primero, dímelo -Intento no caer en mi trampa-Si no, no hay trato.
Observé un agujero en el tronco de un árbol cercano, era un poco más grande que el de la madriguera pero aún así el pokemon no podría entrar en él. Señale el agujero con el hocico mientras miraba a mi compañero de reojo lanzando una maléfica sonrisa. Gruñó mientras buscaba por todo su alrededor algún tipo de salida que desgraciadamente para él no la encontró.
-Está bien -Se resignó a mascullar cruzando sus enormes ojos con los míos mientras se sentaba a esperar las condiciones del trato -Habla.
Sonreí recogiendo una bocanada de aire mientras disfrutaba de mi victoria contra el enorme pokemon.
-Yo olvido lo ocurrido y volvemos a estar como anteriormente... -Me calle durante un segundo para deleitarme con su rostro -Si tú me cuentas sobre tu pasado antes de encontrarme.
-Lo que faltaba...-Masculló mientras me mostraba una mueca de desagrado -Pero... Tienes razón -Suspiró cambiando su rostro radicalmente mientras me observaba con las orejas caídas -No es justo que tú me hayas contado lo del liderazgo y todo eso y yo no te haya dicho nada sobre mí- Sus ojos adoptaron un gesto sumiso mientras se tumbaba en la sombra de un árbol que se alzaba hasta donde los ojos llegaban a ver -Quizás esto te ayude a ver las cosas de otro modo...
Sonreí por la victoria, pero... Mi rostro cambió al momento, observe con preocupación como el pokemon miraba el suelo cercano a una de sus patas delanteras con unos ojos deprimidos y melancólicos, algo poco frecuente en mi amigo ¿Qué pasaba? No podía permitir que Growlithe estuviese así. Estaba molesto por lo que había ocurrido, pero no podía permitir que pasara eso por mi enfado. Agité la cabeza un segundo, tenía que crecer, las rabietas formaban parte de una cría de dos meses, yo debía comportarme como un pokemon maduro.
-Da igual Growlithe-Dije dejando caer mi oreja buena mientras agitaba la otra-No me importa no saberlo.
Sonreí durante un segundo mientras sus enormes ojos me miraban con un extraño gesto que no podría describir.
-No, no da igual -Dijo sacudiendo la cabeza mientras lanzaba un enorme bostezo hacía el cielo - Es mejor que tú también sepas cosas sobre mí.
-¿Seguro?- Dudé girando la cabeza un poco.
-Seguro -Sonrió en un gran suspiro -Además, he aceptado el trato -Guiñó el ojo derecho mientras enseñaba los colmillos en una pequeña sonrisa poco natural y comenzaba a articular unas pocas palabras...
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#772137   |   23/08/2010 14:07
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11-CONTRASTES


- Vale, allá vamos - Suspiró observando mis enormes ojos curiosos - ¿Listo?
Afirmé suavemente con la cabeza sin cambiar la expresión de la cara mientras movía las patas delanteras con impaciencia.
- Eevee - Llamó mi atención con un ligero olfateo del ambiente - Al igual que hay pokemon por las calles de una ciudad, también hay humanos.
- ¿Qué quieres decir? - Dudé sin poder evitar que mis patas siguieran temblando, la cola se unió a ellas, lo cierto es que temí acabar lanzando un ataque con todo aquel alboroto - ¿Humanos? Sí, los he visto, las calles siempre están abarrotadas y parecen ir con mucha prisa.
- No me refiero a esos - Lanzó una risotada que me hizo tensarme y quedarme quieto durante un buen rato - Quiero decir los que no tienen madriguera.
- Entiendo... - Murmuré intentando hacerme a la idea, aquello era extraño. Había multitud de madrigueras a cada paso que dabas en un territorio humano, y aún así ¿algunos no tenían? Cabeceé dando a entender que quería que Growlithe siguiese su historia.
- " En la época que yo nací, era un pobre cachorro asustado del mundo por aquellas calles, nunca había visto a mis padres, nadie recuerda el día de su nacimiento , pero verdaderamente me habría gustado hacerlo. Lo único que recuerdo es estar llorando en la calle, pidiendo comida a gritos sin que nadie me escuchara ni le importara, cuando él me recogió en brazos. "
- ¿Growlithe? - Le corté sorprendido, me miró dudoso, parecía temer mis preguntas - ¿Él? Entonces... ¿Tú has tenido un humano?
- ¡Qué alivio! - Rió poniendo en ridículo la seriedad con la que yo había formulado - Creí que ibas a preguntar si era verdad que alguien había conseguido cogerme en brazos - Puse los ojos en blanco y bufé - Vale, vale - Asintió un segundo con la cabeza y me miro impaciente por ver mi expresión - Se podría decir que sí.
- Interesante...- Observé cómo sacaba la lengua de una graciosa forma a causa del calor y se preparaba para hablar.
- " No sé muy bien cómo era, solo me acuerdo de su enorme barba blanca, ya sabes , ese pelaje que les sale a algunos machos humanos por la zona del hocico , de eso, y de que siempre vestía de la misma forma, por mucho que sus prendas estuvieran sucias o rotas. La cuestión es que me cuidaba día tras día, con él aprendí a encontrar buena comida, él me enseño que en un basurero hay más comida pero la calidad es peor, también aprendí que un pokemon con rasgos "bonitos" era lo mejor para conseguir comida ante crías de humanos y hembras. Él... Él me enseñó todo y yo ya no recuerdo ni su nombre"

Una lágrima brotó de sus ojos y comenzó a tartamudear, fue entonces cuando supuse que debíamos dejar el tema, busqué en todas direcciones algo que atrajera mi atención y así poder evitar el tema. Fue el momento perfecto para observar como un tren negruzco llegaba a la estación con un gran pitido.
Fui a decir algo lleno de un entusiasmo fingido para hacerle pensar en otra cosa, pero me cortó con una seria mirada que no inspiraba ganas de que yo interrumpiera con tonterías.
- "Pero aunque yo le tuviera tanto respeto, aquel hombre también tenía sus defectos, no podía aguantar menos de tres días sin tomarse unas bebidas, que a mi gusto no olían mejor que un Muk "

Me miró y le respondí con otra mirada dudosa, los dos sabíamos el porqué de aquellas miradas, pero no sabíamos que se debía hacer en aquel momento, no creí que aquello de "Muk" fuera un dato relevante así que le pedí que siguiese con su historia.
- Ya me explicaras que es eso más adelante - Dije finalmente.
- " Bueno, cuando a él le daba por la bebida, me asustaba siempre, aunque lloviera, nevara o granizase yo debía quedarme a la puerta de un extraño lugar, en una calle que no inspiraba confianza mientras él , cómo lo llaman los humanos, él se convertía en un borracho al que daba asco oler el aliento e incluso tener cerca, pero , después de todo, él era mi compañero, yo debía estar siempre a su lado, él me había cuidado desde que tengo memoria, por lo tanto, debía devolverle el favor cuidándolo cuando salía tambaleándose de aquel lugar, pero siempre tenía a un hombre detrás gritando algo cómo " ¡Esta vez tampoco has pagado! " a lo que él contestaba una y otra vez lo mismo "Apúntamelo" recuerdo cuanto le costaba hablar, y cómo iba balanceándose mientras caminaba. Yo siempre tuve miedo de que acabará cayendo por culpa del poco equilibrio que tenía...Pero bueno, así caminando detrás de él, llegábamos a algún lugar cubierto donde podíamos dormir sin miedo a que lloviese, colocábamos un par de palos y... yo los encendía, para así no tener frío mientras estuviéramos cercanos al fuego"

El silencio se apoderó unos minutos de él, acababa de cerrar los ojos con una sonrisa que para mi sorpresa no dejaba ver ni un centímetro de su dentadura, esa imagen me reconfortó, no sabía con perfecta certeza que eran los pensamientos que rondaban la enorme cabeza de Growlithe en aquellos momentos, pero eran tan firmes y cálidos que aquella sensación que el pokemon tenía en aquellos momentos se me pegó al cuerpo de una manera inimaginable. Cerré los ojos y me relaje, la brisa acariciaba suavemente mi pelaje castaño, era extraño, pero aún no sé por qué pero en aquel momento el recuerdo de mi madre me llego a la cabeza. Sus oscuros ojos y la dulzura de sus movimientos... Las noches que pasaba acurrucado junto a ella antes de que él llegase a mi vida, esa figura tan maternal, tan protectora conmigo. ¡Cuánto habría deseado volver a sentir cómo su cola rozaba con suavidad mi cuerpo en aquellos momentos! Habría dado cualquier cosa por tan solo verla una vez más... Abrí rápidamente los ojos ¿Y si nunca más tendría la oportunidad de verla? Aquel pensamiento se me clavó por todo el lomo hasta llegar a mi pecho para intentar dejarme sin respiración. Cabeceé una y otra vez para intentar que aquello se fuera con la misma rapidez con la que llego, desgraciadamente no fue posible, pues parecía haber atado mi cuerpo cómo si yo fuese la tierra donde un árbol echa sus raíces. El dolor que sentía por dentro era tan fuerte que no podía soportarlo, en mi mente solo existía su imagen despertándome dulcemente cada mañana ¡Quería verla de nuevo! ¡Aunque solo fuera una vez! Casi sin darme cuenta lance unas lágrimas seguidas por unos jadeos que aunque sonaran ridículos a mí, ya no me importaban.

-¿Enano? - Observé cómo Growlithe me lanzaba una mirada dudoso, levanté una de mis patas delanteras al ver cómo parecía haber abandonado aquella sensación de confort que estaba sintiendo hasta ese momento - ¿Qué pasa?
-No es nada - Dije bajando las orejas, al escuchar la voz de mi compañero el dolor de aquel recuerdo se alejo lentamente dejando solo la huella de haber pasado por allí - Es que has hecho que recuerde a mi madre...
-¿La echas de menos? - Preguntó con la misma sonrisa que tenía hace un momento.
- Más que a nada - Respondí con un suspiro - Ella era el ser más dulce y bueno que podía haber en el mundo, nunca tenía ningún problema, ningún defecto, era perfecta...
-Es extraño... - Dudó con un resoplido - No te ofendas Eevee, pero tú la describes cómo a un ser maravilloso... - Fue entonces cuando el que dudó fui yo, ¿Por qué iba a ofenderme? - Pero yo no lo creo... - Abrí los ojos de par en par y le mire esperando una explicación a aquello - Es decir, si ella era tan buena... ¿Por qué se juntaría con alguien como tu padre? - Aquella cuestión se clavó en mi corazón, sentía perfectamente cómo un pedazo de mi esperanza de vida se acababa de evaporar al escucharlo - Puede que ella viera el poder que él tenía y quisiera tenerlo también - Cada especulación se clavaba en mi mente cómo el más atroz de los dolores - El puesto de líder es sumamente apetitoso...
- Cállate - Le ordené con un gruñido, yo sabía perfectamente que mentía, si he estado seguro de algo en mi vida, es de que mi madre ha sido siempre un maravilloso pokemon del que nadie ha podido llegar siquiera tener un tercio de su dulzura - Tú no la conoces, no puedes especular sobre aquello que no sabes.
- Ahí te doy la razón - Dijo con una sonrisa, seguramente intentaba de huir de las consecuencias que había tenido su comentario, pero al menos me dió la victoria, así que decidí conformarme por aquella vez - Lo cierto es que me encantaría conocerla, sería interesante saber de dónde has salido.
No pude evitar lanzar una pequeña risa al oírle decir eso, él tenía una amable sonrisa que había llevado durante toda la situación en un mayor o menor grado.
- Yo no conocí a mis padres - Dijo finalmente - Nunca he sabido lo que era realmente tener una familia, supongo que aquel hombre y tú me habéis dado un suplente bastante reconfortante - Colocó su enorme zarpa sobre mí y sacó la lengua a modo de juego. Sacudí la cabeza para librarme de él. Sus ojos comenzaron a lanzar miradas al pueblo que se extendía hasta la estación.
- El destino es tan caprichoso... - Murmuró finalmente - Quizás si yo hubiese conocido a mis padres nunca habría llegado a vivir en la calle, quizás nunca me habría encontrado contigo y no estaría ahora mismo aquí.

Eso era cierto, el destino había cruzado nuestros caminos de una caprichosa forma, si yo no hubiese seguido al hijo de Jolteon aquel día, no me habría perdido y por lo tanto no habría conseguido llegar a la ciudad. No habría conocido a Growlithe, ni a esa Eevee hembra ni siquiera a Poochyena. Puede que hubiera muerto a causa del incendio de aquella noche. Cabeceé con rapidez, no quería tener que pensar en aquellas cosas, lo importante no era lo que podía haber pasado sino lo que había pasado. Y la realidad era, que yo estaba vivo, y que estaba viajando... Cerré un segundo los ojos, era cierto, estaba viajando... Estaba viendo el mundo que siempre quería haber visto ¿De qué me servía lamentarme de mí mismo? ¡Tenía exactamente lo que siempre había deseado!

- Oh, Growlithe...- Le llamé la atención - ¿Qué pasó con aquel hombre? ¿Por qué ya no estás con él?
Su rostro se convirtió en algo triste y la sonrisa fue desapareciendo lentamente mientras intentaba salvar algo de ella para no parecer deprimente y que no me preocupase por él demasiado.
- "Una de aquellas noches, cuando él salía de beber... Recuerdo que estaba lloviendo continuamente durante aquellos días, y esa noche no fue una excepción... La cuestión es que estuvimos caminando durante un tiempo, hubo algo que me resultó muy extraño, aquella noche nadie había salido para decirle que no había pagado..."-Me miró durante un segundo y cabeceó para seguir su historia - " Yo tenía hambre, así que me alejé de él para olisquear el húmedo suelo en busca de algún trozo de comida que los humanos habrían dejado caer", ellos no comen nada que haya rozado el suelo, es una idiotez. "Fue entonces cuando encontré algo y me he retire a comerlo, pero... Después de aquello..."

-Growlithe... - Murmuré, ni siquiera sé si llegó a escucharme, sus ojos estaban tristes y miraban al suelo mientras su boca parecía querer lanzar un gruñido... Fue entonces cuando vi caer dos gotas de sus ojos, aquella imagen se me quedo clavada en la mente, era muy escaso ver aquellas situaciones en él y siempre me habían llamado mucho la atención.
- "Yo estaba comiendo... Cuando oí aquel estallido proveniente de donde él se había dirigido y cuando miré le vi tendido en el suelo, pensé que se había caído por la borrachera, pero había un humano enfrente de su cuerpo, vestido de negro y con un extraño aparato en su mano que apuntaba a su cuerpo... Me acerqué para ver qué era lo que ocurría... Alrededor de mi humano había un enorme charco rojizo cada vez era más grande... Cuando di dos pasos, el hombre que estaba en píe hizo que aquello que tenía entre las manos lanzara algo a su cuerpo con una explosión"

- ¿Un ataque? - Dudé, no sabía que los humanos pudieran lanzar ataques, era algo en lo que nunca me había fijado.
- Algo así - Contestó él con una extraña voz - Utilizan una especie de maquinas para conseguirlo...
- Inútiles - Reí mordiéndome el labio.
-Aquella noche, hice lo más cobarde que he hecho en mi vida - Siguió sin prestarme atención - "En cuanto oí el disparo, el miedo se apoderó de mí, casi podía sentir el dolor que lanzaba aquella cosa, la sentía atravesándome las entrañas, cómo la peor de las muerte, el miedo se apoderó de mí y mi cuerpo no respondía a mi cabeza y... Simplemente huí cómo un estúpido cobarde. Dejé solo e indefenso a mi amigo por simple miedo, le dejé tirado y corrí por las calles, aunque sabía perfectamente que debía haberme lanzado a aquel hombre, tenía que haberle protegido y no lo hice..."

No sé si en aquel momento debí acercarme a Growlithe y consolarle, estaba en silencio y parecía sentirse culpable por lo que aquella noche ocurrió. Pero, el pokemon no tenía la culpa de que a él le hubiera pasado aquello. Me puse en píe y me acerqué dos pasos hacia mi amigo, quién al verme me lanzó una mirada que al momento se evaporó con un cabeceo que hizo que sus enormes orejas se agitasen bruscamente.

-" Al rato, volví a aquel lugar. Estaba lleno de humanos vestidos con uniformes que cabeceaban al ver el cuerpo tendido en el suelo. Varios pokemon pertenecientes a esos humanos olisqueaban a su alrededor en busca de algún olor que les diera pistas, mas no parecían encontrar nada interesante. Corrí hasta llegar al cuerpo inerte de mi amigo, tenía la mirada fija al cielo" - Lanzó un suspiro y se preparó a seguir - "Intente lamerle la mano, al rozarla con la lengua estaba... helada... todo su cuerpo, ya no desprendía calor, ya no podía moverse. Había muerto."

- Vaya... - Conseguí articular. Nunca pensé que el pokemon podría haber tenido aquel pasado tan... ¿Conmovedor? Es difícil de definirlo. Sin embargo, él siempre se había guardado aquel pasado para él, mientras que yo... Mi pasado, había estado gritándoselo siempre que tenía ocasión. Me hizo sentir de una manera extraña, quizás yo debía callarme mi pasado tanto cómo él - ¿Cuántos meses? - Pregunté lentamente.
-¿Cuántos meses qué? - Dudó recogiendo una nueva sonrisa.
-¿Cuántos meses tenías cuándo aquello?- Aclaré mientras observaba cómo comenzaba a caminar.
- Creo que dos o tres- Contestó golpeándome con su enorme pata para que comenzase a caminar - Ya ves, era un niño y ahora ya rozando la pubertad.
- ¿La qué? - Dudé, aquella palabra era nueva y bastante complicada para mí.
- Ya sabes, El camino que hay que pasar de cría a adulto - Rió con un trote alegre - Tendría que buscar una de esas cosas para la metamorfosis.
- Espera, espera - Le dije colocándome delante de él para marcar el paso - Me estás confundiendo con todas esas palabras.
- Vamos, Enano - Rió poniendo los ojos en blanco - ¿Acaso crees qué los pokemon adultos han sido así siempre? Por ejemplo ¿Qué nacieron siendo Leafeon? - Puse los ojos en blanco y bufe para enseñarle que ya sabía todo aquello - Vale, vale ¿Y te has decidido?
-¿Decidirme? - Dudé mirándole.
- Yo solo tengo una opción, pero tú tienes ¿siete? - Siguió con una sonrisa - Espeon, Flareon, Umbreon, Leafeon, Glaceon, Jolteon o Vaporeon... -Sonrió con sus enormes colmillos.
- Mis padres eran Vaporeon, supongo que entonces, lo más acertado será eso- Murmuré.
- ¿Seguro qué es lo que quieres? - Dudó durante un segundo mientras observaba mi rostro. Resoplé lentamente, nunca antes había imaginado las opciones que tendría al evolucionar, sinceramente en la vida no había pensado en evolucionar, tenía cosas más importantes en las que centrarme y lo cierto es que no me gustaban ninguna de mis opciones...Lo cierto es que con solo oír los nombres mi cuerpo se estremecía, no me gustaba la idea de que mi peludo y sedoso pelaje desapareciera.
- ¿Tienes dudas? Es normal, ya decidirás cual quieres - Comenzó a caminar lentamente hacia el bosque, dándome la espalda.
- No, no tengo dudas - Dije negando con la cabeza y lanzando una pequeña sonrisa - ¡No voy a evolucionar! ¡Me quedaré así!
- ¿Qué? - Dudó entre carcajadas - Enano ¿Tú sabes lo qué dices?
- ¡Pues claro! ¡Yo no quiero cambiar! ¡Quiero quedarme así! - Exclamé con todas mis fuerzas.
- Si evolucionas serás más alto- Rió acercándose, me puse a caminar de inmediato mientras levantaba el hocico ignorándole - No te llamaran más enano.
- Eso es una idiotez Growlithe - Dije poniendo los ojos en blanco -Estoy seguro de que si evoluciono seguiré siendo más pequeño que los demás y entonces sí que me lo llamaran. Además... - Me paré un segundo y baje el tono de voz - ...Estoy seguro que en estos meses he crecido algo...
- Sigue soñando - Se carcajeó colocando sus patas sobre mi cabeza y haciendo que por su peso tuviera que tumbarme - Eres un enano... Pero no tienes que preocuparte, entre las hembras humanas serás muy cotizado, eres demasiado dulce. Dentro de poco te veo junto a una joven muchacha.
- Muy gracioso... - Bufé escapando de sus zarpas, con un rápido paso comencé a acercarme hacia los altos árboles que movían sus hojas a causa de la brisa que los golpeaba con una gran suavidad - Eso nunca va a pasar...
- ¿De veras? - Rió dando una zancada para seguirme - La chica del pelo naranja parecía muy interesada en ti.
- Leire... - Titubeé al recordar el rostro de la muchacha, sus enormes ojos castaños y la amabilidad con la que me había tratado en mi viaje.
- ¿Leire? - Dudó lentamente colocándose delante de mi cuerpo - Extraño nombre para una humana.

Giré la cabeza con lentitud, el pueblo se hallaba allí, no parecía haberse movido ni un palmo, por alguna razón no podía quitarme a Leire y a Poochyena de la cabeza en ese momento. La muchedumbre parecía disiparse de aquel edificio donde antes se habían encontrado una gran cantidad de humanos. Quizás ellas estuvieran allí, me apetecía volver a verlas y no sabía el porqué.

- Aún estás a tiempo... - Suspiró Growlithe sacudiendo su enorme cabeza de un lado para otro.
- ¿A tiempo de qué? - Pregunté estirando las orejas con suavidad, no sé siquiera por qué se lo estaba preguntando cuando sabía perfectamente la respuesta.
- De irte con ellas... - Contestó cerrando los ojos - No me niegues que una parte de ti está deseando saber cómo será tener un humano...
- Puede... - Admití dudoso ¿De veras quería estar con Leire? ¿Formar equipo con Poochyena? ¿Pero eso no era echar a perder todos mis deseos de liderazgo? - No sé - bufé finalmente, sentía cómo los pensamientos pesaban en mi cabeza como si fueran enormes y duras piedras que debía transportar.
- Piénsalo - Dijo intentando finalizar la conversación - Si elijes ir con ellas no habrá vuelta atrás, y si... decides quedarte... - Titubeó un poco, no recordaba cuando fue la última vez que escuchaba a Growlithe de esa manera, cuando le costaba expresarse con firmeza me resultaba gracioso - Bueno... Si decides quedarte... Seguirás teniendo las dos opciones... Quiero decir que en cualquier momento puedes irte...


Me quede tan solo un segundo en silencio para poder observarle con detenimiento, me miraba con una falsa sonrisa, tan forzada que no parecía su rostro.

- Vaya, vaya - Dije mientras comenzaba a caminar dibujando un círculo para rodearle - ¿No eras tú el que deseaba tanto que me fuese con humanos? - No podía evitar lanzar pequeñas carcajadas.
- Sí, bueno... ¿Qué? - Se molestó poniendo los ojos en blanco - Yo solo te he explicado las dos opciones. Si no te gustan, que le voy a hacer.
- Seguro que si yo ahora me fuese te quedarías llorando aquí solito - Reí de nuevo mientras le escuchaba bufar.
- No me quedaría solo, me buscaría otro... Quizás ese Shinx - Contestó siguiendo la broma - Pensándolo mejor, vamos a buscarle y te cambio por él.
- ¿Caminamos hacía el bosque? - Pregunté con una sonrisa de felicidad antes de que sus ojos pudieran volver a clavar la mirada en mí - Para buscarle, claro.
- Caminamos hacía el bosque - Contestó con firmeza- Enano, Tú sabes moverte por estos lugares ¿No?
- No mucho, pero algo sé- Contesté comenzando a caminar por un pequeño sendero natural - ¿Por qué lo preguntas?
- Porque yo no tengo la más mínima idea de todo esto - Lanzó una falsa carcajada donde su nerviosismo y preocupación eran palpables.
- Ya nos las apañaremos - Contesté mientras olisqueaba el ambiente.
- ¿Apañárnoslas? Es decir, que ni la más mínima idea- Concluyó con aún más preocupación que antes - En mal día fui yo a ese basurero...
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772138   |   24/10/2010 19:57
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

# Ubicación: Sisimut - Grønland

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Bien, sinceramente creo que este capitulo sirve de enlace o trampolín para el siguiente, de todos modos espero que les agrade y me disculpen por la tardanza. Pues he estado bastante ocupada y he tenido varios problemas con los fics. Además en este capitulo he querido intentar cambiar un poco algun aspecto.

12-Depresión en un monte de agujeros

Llevábamos tanto tiempo caminando por los bosques que el olor a ciudad parecía haberse olvidado de nuestras narices, las cuales se habían acostumbrado al perfecto olor de las suaves bayas y el de las hojas otoñales que caían al suelo para servir de útiles piezas para los nidos de los salvajes pokemon que parecían ignorantes de lo que era un basurero. La basura... Ese putrefacto olor sí que no se me había olvidado. Pero es cierto, que aunque en aquel momento la odiase con todas mis fuerzas, ella había sido una importante parte de mi vida, tanto sirviendo de comida como de refugio entre otros factores. Miré el cielo, el cual ya estaba oscureciendo por lo que Growlithe intentaba encontrar algún tronco caído o un hueco entre las rocas llenas de musgo para resguardarnos del frio de la noche. No le gustaba dormir en el bosque sin ningún lugar donde los demás pokemon le viesen, pues aunque no los temía le molestaba cuando murmuraban acerca de él, pues mi camarada no era un pokemon al que los habitantes del bosque estuviesen acostumbrados a ver. Por esa razón no solíamos comunicarnos con ninguno aunque los viésemos en la lejanía, las crías parecían deseosas de jugar con nosotros pues también teníamos el aspecto de unos pequeños pokemon, las madres al principio parecían tener desconfianza hacia mí, aún así se lo permitían por lo que alguna vez pude olisquear a algún Seedot, esos pokemon tan perecidos a bellotas con una especie de antifaz de color arena tapando unos oscuros y negros redondeles donde deberían estar sus ojos, los cuales nunca he llegado a ver, pero al observar detrás a Growlithe, aunque los pequeños bailaban de alegría por querer acercarse al encontrar un nuevo amigo, las madres se apresuraban a llamarlos para que volviesen. Supongo que al no haber visto ningún pokemon parecido a él, sus colmillos serían algo que les encendía la alerta de peligro, mas eran los adultos los que comenzaban a lanzarle rugidos para apartarle, a los que él contestaba enseñando los dientes molesto y girándose para alejarse de ellos, sin no antes escarbar con sus partas todo lo que podía. En esos momentos no podía evitar sentir lástima por mi compañero, el cual no había hecho ningún mal para ser tratado así, y sin embargo obtenía de todos malos comportamientos.


Además hacía tiempo ya, que le veía molesto por todo, no sé si sería culpa de aquello, pues se sentía bastante subvalorado por el mundo. Pero además todo le sentaba cómo si cada palabra o gesto que yo mismo hiciese debía ser para herirle.

- Growlithe - Dije finalmente mientras tragaba saliva, él se limitó a levantar la oreja a modo de escucha - Tenía que preguntarte algo - No nos paramos en seco para entablar conversación como habitualmente solíamos hacer sino que seguimos caminando por lo que las palabras que surgían de mi boca eran más difíciles de encontrar - Lo que ocurre es que estos días te he notado más distante, cómo si no te gustará el bosque... - Suspiré un momento esperando una respuesta, pero siquiera encontré un gesto para darme a entender que me escuchaba - Y me preguntaba... Si quizás querrías volver a algún pueblo o alguna ciudad... - Lancé una nerviosa risa al final de la frase, de la cual me arrepentí al momento.

Me miró en silencio, con una mueca entre la desconfianza y la duda que inspiraba una sensación indescriptible mientras el pokemon erguía una de sus cejas. De nuevo, tragué saliva y miré a mi camarada quien cabeceaba lanzando un resoplido. La situación se había vuelto tensa, en el silencio se escuchaban como nuestros estómagos comenzaban a pedirnos algo de comida, aunque ya no parecían tan hambrientos como cuando vivíamos de la basura. Su gesto cambió al que habitualmente parecía tener, uno molesto e irritado, aunque lo reprimió con una sacudida momentánea de su peludo cuerpo, tras aquello negó con la cabeza en un momento más dulce y escarbó en el suelo, aunque parecía no enterarse de aquella acción. Los cambios de estado que Growlithe tenía me resultaban demasiado confusos.

- Este lugar parece tranquilo - Dijo finalmente mientras observaba el cielo estrellado sin dejar de mover su pata izquierda contra el suelo - ¿Nos quedamos aquí?
- Bueno eh... - Miré a mi alrededor sin saber muy bien que ocurría con todo lo que pasaba, Growlithe se había vuelto un ser extraño y sin sentido, más de lo que acostumbraba a ser, pero aún así mi cabeza me ordenó no decirle nada al respeto pues no sabía cómo se lo tomaría - Supongo.... Supongo que está bien quedarse aquí - Sonrió al escuchar la respuesta ¿Qué demonios pasaba? En ese lugar ni siquiera había un lugar donde refugiarse, era un claro lleno de arbustos y árboles altos y finos donde solo aquellos que posean la habilidad de volar podrían sentirse seguros entre ellos. Detrás de los arbustos parecía extenderse un camino rocoso con multitud de esos árboles finos rodeando el camino, mientras que en el horizonte se observaba con dificultad un monte lleno de árboles y prados verdes, el cual solo con ver, me encantaba. Mis ojos brillaban al verlo, estaba lejano y no recordaba haber visto esa imagen en mi vida, pero aún así sentía una fuerza en el pecho cuando lo miraba, algo inexplicable pero de gran fuerza.

Finalmente me senté en el suelo mientras observaba cómo Growlithe seguía escarbando por todo el territorio con gran vitalidad sin mirarme siquiera, mientras que yo observaba las hojas de color anaranjado que caían de los altos e imponentes árboles. Como mi compañero seguía a su extraña actividad me acerqué a unas cercanas y las agarré con la boca para llevarlas hasta la zona de donde habíamos venido, la cual estaba más llena de árboles, una a una las fui recogiendo y amontonando cerca de los árboles, conseguí un buen montón más alto que yo mismo y bastante ancho, tras terminarlo miré de nuevo a Growlithe quien caminaba y escarbaba todo lo que podía.

- ¿Qué haces? - Me atreví a preguntarle al fin mientras bajaba las orejas.
- Escarbo - Contestó sin mirarme si quiera, al mirar el suelo se podían ver pequeños montículos de tierra junto a agujeros de poco diámetro.
- Que interesante - ironicé mientras lanzaba un suspiro de aburrimiento y me tumbaba en el suelo junto al montón de hojas, el cual ni se inmutó - ¿Puedo preguntar por qué?
- No sé - Respondió rascando el suelo con más fuerza que antes.

Callé, no me apetecía seguir con aquella conversación tan poco fluida. Remiré de nuevo el arte de mi aburrimiento, una perfecta montaña de hojas más alta que yo pero que seguramente se destrozaría pronto por el viento que comenzaba a aparecer con una brisa. Agité la cola de un lado para otro mientras inclinaba la cabeza para ver desde todas las perspectivas posibles los anaranjados, rojizos o caobas tonos que poseían las hojas de otoño. El viento las iba a destrozar tarde o temprano qué más daba que yo me tumbase de un salto para aplastarlas y jugar con ellas. Cogí algo de impulso, observé como Growlithe no me prestaba demasiada atención y de un salto me lancé al montón cómo si la vida me fuese en ello, caí en el centro consiguiendo que las hojas revoloteasen a mi alrededor mientras yo las observaba atónito, estoy seguro de que si cualquiera me hubiese visto el rostro en ese momento habría pensado que era una cría recién nacida. Observando la majestuosidad con la que una de las hojas caía dulcemente balanceándose en la nada hasta caer entre mis patas, las cuales comenzaron a golpearla para que subiera de nuevo y no tocará el suelo de ninguna de las maneras. Aquello me recordó a los juegos que yo solía tener de niño. Una y otra vez me revolvía entre las hojas y las hacía saltar y revolotear a mi alrededor. Siempre jugaba solo, sin nadie con quien compartirlo ¿No me molestaba aquello entonces? Es decir, si en ese momento me recluyesen sin poder ver a nadie me volvería loco, no podría soportarlo. Miré de nuevo a Growlithe quien se giró momentáneamente al escucharme caer contra las hojas. Sonrió antes de volver a escarbar, le respondí con una pequeña risa.


En ese momento, en el que el pokemon escarbaba mientras yo me estiraba en las hojas un fuerte rugido se escuchó desde la lejanía del monte que se veía en la lejanía, fue tan fuerte, agresivo y terrorífico que consiguió que mi pelo se erizase y mis patas comenzasen a temblar, debía tener una expresión de pavor en la cara, pues Growlithe, quien había dejado de escarbar para mirar a la montaña mientras tragaba saliva se giró rápidamente para observarme. En el horizonte se observaban varias siluetas de pokemon que se habían lanzado a volar por el temor que el rugido les había formado. Si en el lugar donde yo me encontraba se había oído con tanta fuerza por culpa del enorme eco ¿Cómo se habría oído allí? ¿Y por qué me estaba inspirando tanto temor?

- Parece que hay un pokemon bastante fuerte por ahí - Dijo finalmente Growlithe acercándose a mis hojas sin dejar de lanzar miradas al último de sus agujeros - ¿Ocurre algo? Te has quedado muy blanco... - Suspiró él - Parece que te estás volviendo brillante - Carcajeó.
- No ocurre nada - Dije finalmente, lo cierto es que sí. Aquel ruido me había hecho erizarme y casi no me dejaba respirar, pero era algo demasiado idiota para decirle a Growlithe.
- Estaría bien poder luchar contra alguien fuerte y poderoso - Dijo finalmente - Lo chamuscaría hasta que pidiese clemencia.
- Es raro... - Intenté cambiar de tema por segunda vez - Por mucho que yo intente lanzar fuego es imposible, sin embargo cuando tú lanzas un ligero suspiro puedes chamuscar toda la hierba de alrededor.
- Bueno sí - Dijo lanzando una mirada al agujero nuevamente - Es culpa del tipo. Hay algunos pokemon que pueden controlar el agua, el fuego o miles de cosas más mientras otros no pueden, aunque también es verdad que se pueden aprender ataques de un tipo diferente al de ese pokemon.
- ¿Eh? - Dudé girando levemente la cabeza.
- Tú por ejemplo, mientras que eres de tipo normal, has aprendido bola sombra el cual es de tipo fantasma - Explicó, aunque observaba cómo mi rostro no entendía con claridad sus palabras.
- Es demasiado complicado - Bufé - ¿Y qué ataques aprendo yo?
- Ni siquiera se todos los ataques que podría hacer yo - Rió - No puedo saber los tuyos.
- De todas formas voy a aprender a utilizar todos - Decidí aún un poco aturdido por el miedo del sonido, pues el temblor de mis patas me obligó a sentarme de nuevo.
- Si quieres ser un debilucho... - Murmuró rascando su oreja con una de sus patas delanteras - No puedes más que especializarte en cuatro ataques.
- ¿Cómo? - Dudé por aquello ¿Solo podía aprender cuatro ataques?
- Imagina que esto es tu fuerza - Recogió ocho hojas con la boca y las colocó en fila delante mismo - La fuerza máxima que puede tener un ataque son dos hojas. ¿Me sigues?
- Sí - Contesté sin dejar de mirar las hojas que se habían alineado junto a mí.
- Muy bien, podemos dividir en cuatro grupos de dos hojas - Siguió explicando mientras separaba las hojas - Dando así una fuerza máxima para cada ataque, sin embargo podríamos tener ocho ataques donde la fuerza se dividiría a la mitad, incluso todos los ataques que quisieses pero... - Recogió una hoja en sus fauces y la despedazo con crueldad delante de mí - Pasaría eso - Además de que el numero de hojas debe ser siempre el mismo en todos los ataques.
- Mejor entrenarse en cuatro ataques entonces... - Suspiré desanimado - Oye Growlithe, ¿Podrías entonces ayudarme con mis ataques?
- Ya te he dicho que yo ni siquiera sé lo mismo, eso es algo instintivo - Suspiró también dando media vuelta para acercarse de nuevo a su agujero.

- ¿Y cuáles son los ataques que conoces tú? ¿Ya son cuatro? - Pregunté para evitar que volviese a su actividad anterior.
- Veamos... -Titubeo Growlithe mirando al oscuro cielo que ya caía sobre nosotros - Conozco Lanzallamas, aunque sinceramente tú solo lo has visto lanzando a muy poca potencia.
- Es cuando lanzas fuego por la boca ¿verdad? - Dije, le observé asentir, me preguntaba cuanta potencia podría tener un ataque como aquel en realidad.
- Inversión - Siguió sacando la lengua fuera - Aunque sinceramente prefiero no necesitar usarlo nunca y por último... - Sonrió con sus enormes colmillos - El viejo me enseñó a utilizar mimético, con el que puedo copiar cualquier ataque, aunque no pueda usarlo.
- ¡Yo también quiero! - Bufé mientras gritaba - ¿¡Lo puedo aprender!?
- Sí, ese justamente creo que sí - Rió, parecía que le gustase hacerme desear lo que él podía darme.
- Enséñame, por favor, enséñame - Dije siguiéndole, todo lo anterior se había deshecho en mi cabeza para solo dejarme pensar en ese movimiento.
- No me apetece - Rió tumbándose cerca del último agujero escarbado, ese que tanto había vigilado.
- ¿Por qué? - Pregunté molesto.
- Pobre, pobrecito Enano... - De pronto calló en el más absoluto silencio, levantó sus orejas para escuchar mejor algo que debía haberle llamado la atención, y comenzó a mirar nervioso a todos los lugares que le rodeaban. Yo mismo también noté algo en mi pecho, mientras una sensación lo recorría hasta dejarme sin respiración. Era una sensación de menor fuerza que la que tuve al escuchar el rugido, pero aún así era bastante familiar a aquella. En la oscura noche no se escuchaba más que el viento azotando las hojas, era una situación siniestra y no me gustaba en absoluto, pues no sabía lo que podía ocurrir en aquel momento.

- Enano - Me llamó finalmente mi compañero - ¿Recuerdas que siempre me estabas pidiendo una batalla?

Nos miramos el uno al otro durante unos eternos segundo sin contestar, sabía que los dos estábamos sintiendo aquella extraña sensación en el cuerpo. Aunque por alguna razón Growlithe parecía saber con más claridad lo que estaba ocurriendo. Me miró con un gesto de seriedad en todo su rostro mientras movía las orejas de forma graciosa, yo por mi parte seguía notando los latidos de mi corazón que avisaban de la extraña presencia que se notaba en el ambiente. Miré de nuevo al pokemon Quien entre sus gestos de firmeza dejó escapar una sonrisa pícara mientras se colocaba de perfil a mí y me indicaba que hiciese lo mismo. Obedecí con algo de duda, pues no sabía con claridad todo lo que estaba ocurriendo. A decir verdad, simplemente no entendía nada de lo que allí ocurría. Antes de que pasáramos dos segundos en aquella tensión Growlithe lanzó un extraño rugido a los arbustos a los que apuntaban nuestras patas delanteras. Le observé durante un segundo mientras giraba la cabeza bajando una de mis largas orejas en gesto de duda. Él sin embargo seguía con la mirada fija en el frente, aunque no podía evitar lanzar pequeñas miradas de reojo hacia mí. Tensó la cola

- Pues parece que ya ha llegado la hora de permitírtelo... - Sonrió mi compañero mientras rascaba el suelo con una de sus patas delanteras - Supongo que desde ahora dejarás de molestarme con el tema- En ese momento me miró con un gesto pícaro y comenzó a respirar fuertemente mientras lanzaba lo que me parecían gruñidos de advertencia a la nada.

¿Qué quería decir eso? Fijé la mirada de nuevo en la oscuridad de los arbustos mientras notaba como las patas me temblaban por el miedo a lo desconocido, tragué saliva antes de comenzar a notar cómo me quedaba sin aire poco a poco. No podía evitar recordar los entrenamientos de la manada, cómo si la misma sensación que tenía antes de que comenzasen volviera a mi cuerpo para reclamar algo que yo no entendía. Le observé de nuevo, escarbando en el suelo, como si fuese un tic que no pudiera controlar.

- ¡Ahora! - Escuché una voz que venía de los matorrales con un tono frio y seco, daba la sensación de que estaba acatarrada.

Una enorme silueta con un brillo rojizo apareció de un salto desde los matorrales para caer al claro, en el cual estábamos. Antes de que me pudiera dar cuenta un ser escandalosamente terrorífico estaba delante mío con sus escarlatas ojos de asesino, del mismo color que los colmillos que aparecían de sus fauces, los cuales creí que estaban manchados de la sangre de sus rivales No tenía patas, ni garras. Sin embargo sí una cola acabada en un cuchillo de color rojo, el cual parecía más afilado que los colmillos de mi camarada. Le escuchaba silbar desde su oscuro cuerpo el cual estaba manchado de tonos morados e incrustaciones doradas.

- Mira Enano - Llamó mi atención Growlithe, aunque yo no podía siquiera mirarle pues mi atención se centraba en el temible ser - Esa cosa tan fea se llama Seviper.
- Insignificante idiota - Marcó la "s" de insignificante cómo si no hubiese otra letra que pudiera pronunciar, mas por su voz pude descubrir que era un macho y parece que mi compañero también lo hizo.
- ¡Vaya vozarrón! - Exclamó Growlithe - ¡Si con esa apariencia pareces hembra!

Mi corazón comenzaba a latir fuertemente, quizás nos hubiésemos adentrado en su territorio ¿Pero por qué entonces Growlithe quería ponerle más furioso de lo que ya estaba? Aquel pensamiento huyo de mi cabeza en un segundo, pues detrás del pokemon pude observar cómo un humano miraba al pokemon con unos ojos verdes, su rostro apenas se veía pues llevaba una roja bufanda tapando su hocico. Tampoco le podía observar con claridad pues era de noche pero aún así le observaba tocar su cabello rubio con sus dedos mientras veía a Seviper. Parecía tener bastante frío, seguramente quería capturar a Growlithe para utilizar el lanzallamas y encender un fuego para calentarse. Pero eso era algo que nosotros no podíamos permitir. Me giré hacía Seviper y le lancé una mirada desafiante. Growlithe, bastante sorprendido me guiñó un ojo mientras que Seviper también me miró con una mirada desafiante al igual que la mía.

- ¿Dos contra uno? -Dudó finalmente - ¡Qué más da! - Tras decir eso con euforia se lanzó a por mí como si la vida le fuese en ello. Corrí para esquivar sus fuertes embestidas.

- ¡Golpe roca contra ese! - Gritó el humano, supuse que "ese" se refería a mí, por lo que preparé una cola férrea contra el pokemon, mas fue más rápido que yo. Antes de que mi cola comenzase a brillar, su enorme cabeza ya me había golpeado el lomo dejándome tirándome cerca de los árboles donde antes había jugado con las hojas. Me dolió, pero aún así disfrutaba de un combate contra un pokemon. Seviper comenzó a reír para molestar a uno de los dos, estaba deseando o que Growlithe o yo le desafiásemos en solitario, pues la euforia de antes había sido simple teatro. Creo que no se sentía lo bastante fuerte como para luchar en solitario contra dos pokemon, aunque fueran mucho más débiles que él.

Mas yo no pensaba permitírselo, por lo que me levanté y volví a mirar al pokemon, el cual había empezado a dibujar circunferencias con su cola mientras miraba a Growlithe quien estaba cogiendo impulso para saltar desde unas rocas cercanas al cuerpo de Seviper, y así lo hizo, sin olvidar la sonrisa pícara en su rostro se lanzó al aire y comenzó a abrir la boca para lanzar una llamarada de intenso fuego que consiguió sofocarme hasta a mí, pero desde su posición Seviper había conseguido crear un torbellino de agua para lanzárselo a mi compañero, el cual seguía con una enorme llama de su boca. Era impresionante, ese era su lanzallamas en máxima potencia... Era simplemente increíble. No pudo describir la fuerza que ese pokemon tenía en aquel momento, pues me impresionó demasiado. El vapor que surgió de los dos ataques nos cegó al entrenador y a mí, hasta que no veíamos más que las siluetas de nuestros compañeros, a lo que aproveché para lanzar una bola sombra y golpear a la larga silueta de Seviper quien al momento se lanzó molesto hacia mí mientras su cola brillaba con un morado chillón que me cegaba para golpearme con fuerza. Lo que me hizo soltar un sonoro gemido de dolor, aún así, sabía que no intentaba causarme mucho daño, pues no quería matarme o dejarme malherido sino solo exhausto, con las fuerzas debilitadas. Pues tenía entrenador, y eso era algo que no se permitía en combates de ese rango. Después de eso se alejó y miró el cuerpo de Growlithe el cual estaba tirado en el suelo, cercano al agujero y sin dejar de mirarlo.

- Dejemos al pequeño en paz - Dijo finalmente mi camarada levantándose del suelo por el fuerte impacto - Será más divertido si es un uno contra uno ¿No crees? Además, me apetece luchar más que nada en el mundo.
-Pero... - Intenté quejarme.
- Limítate a observar y aprender - Gruñó sin dejar de mirar de mirar a Seviper.

Me quede mirando desde detrás de los árboles, molesto y desilusionado, pero entendí que aquello sería buena idea. Pues aunque Growlithe hubiera tenido esa actitud tan extraña, con sus repentinos cambios de humor, sabía lo mal que lo había pasado con los pokemon del bosque y parecía realmente impaciente por tener un combate contra ese pokemon. Por lo que era mejor no entrometerme, los tres seres que allí se encontraban me miraban con curiosidad, hasta que yo asentí y atendí al combate. Seviper se giró hacia Growlithe y sonrió.

- ¿Uno contra uno? - Dudó el rival de mi compañero- ¿Estás seguro de que puedes conmigo?
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772139   |   19/02/2011 16:40
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

# Ubicación: Sisimut - Grønland

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Siento todas las molestias causadas, y los fallos que el capitulo pueda tener
Los combates no son lo mío ewe, me he asustado al ver en que pagina estaba Cdup (?
LA BESTIA DE FUEGO


- ¿Uno contra uno? - Dudó el rival de mi compañero- ¿Estás seguro de que puedes conmigo?

Con solo esas palabras la serpiente consiguió que mi compañero se lanzase a correr hacia él mientras que comenzaba a abrir la boca para lanzar aquellas llamas que tan preparadas parecía tener. Por su parte Seviper comenzó a girar su cola formando una circunferencia con tanta velocidad que me costaba diferenciar donde se encontraba en cada momento. Su viperina lengua silbaba con un sonido que al momento asemejé con los canticos de la muerte. Rodeé el claro donde se encontraban luchando y tras los arbustos corrí para encontrar la mejor perspectiva para ver el espectáculo, por mucho que me repetía que al ver un humano allí presente la batalla por lógica tenía como fin tan solo gastar las fuerzas del oponente. La música que Seviper hacía en aquel momento me impedía pensar en algo que no fuese la muerte. Paré en seco tras encontrarme a los dos de perfil. La cola de Seviper se había convertido en un torbellino de agua que fácilmente sería tres veces más grande que él, simplemente impresionante, una espiral que nacía desde su afilada cuchilla y ascendía al estrellado cielo que parecía querer rozar, pero cuando más maravillado estaba por la belleza del ataque, este decidió colocar su cola horizontalmente llevando aquella espiral de agua en dirección a su rival, es decir, Growlithe. Él a su vez, seguía corriendo mientras trazaba dificultosas curvas en su camino. En su mirada se podía observar un brillo de locura e irresponsabilidad que le obligaba a dirigirse directamente a la enorme espiral de agua que era lanzada hacía él. Mas cuanto la mayor tensión se palpaba en el ambiente, él abrió su mandíbula y lanzó una bocanada de fuego que hasta a mí me produjo una sofocante sensación en el cuerpo, era un espectáculo digno de ver. Las llamas de color escarlata se habían encaminado por dentro de la espiral de agua que se dirigía a la dirección contraria de estas mientras las rodeaban cómo si de una coreografía se tratase, absolutamente todo lo que les rodeaba se hacía poco a poco invisible para mis ojos, pues la mezcla de esos dos ataques producía un vapor que escondía todo lo que ocurría en la lucha, dejando solo ver las siluetas de los sucesos, no sé cuánto tiempo llegaron a durar esos ataques, pero sé que nunca antes había visto algo igual. Tosí repetidas veces a causa del vapor de agua y el olor a hierba quemada que allí se respiraba en esos momentos. Pero no era el único al que le molestaba todo eso, pues el humano parecía nervioso al no poder encontrar a su pokemon entre la extraña neblina que se había formado en el combate, por mi parte, confiaba en Growlithe, sabía perfectamente que él era fuerte y astuto, aunque me preocupaba que pudiera hacer alguna locura que le llevase a mal camino. Una vez más tragué saliva y forcé la vista para intentar ver algo.

Escuchaba de nuevo la lengua de Seviper en la escena, cómo si quisiese intimidar a su rival, mas yo sabía perfectamente que eso no le serviría de nada con el pokemon que yo conocía. Aún así, cerré los ojos con fuerza y levanté las orejas para escuchar mejor, pues lo cierto es que al contrario de lo que pensaba de mi amigo, a mí sí me asustaba. ¡No había forma de saber de dónde venía el sonido! Por lo tanto no podía descubrir la posición en la que estaba el rival en esos instantes. ¿Cómo demonios podía moverse sin escucharle reptar? ¿O es que no se movía? Todo aquello me confundía, pero por su parte tampoco escuchaba a Growlithe, parecía que los dos habían dejado de respirar en aquellos instantes. Hasta que... En un momento preciso el crujir de una hoja por la parte sur del claro rompió el silencio.

- ¡Bomba Lodo! - Gritó en aquel momento el muchacho con euforia, parecía haber estado concentrado en el combate en todo momento, pero me sorprendía la rapidez con la que había actuado.

No pasó ni un solo segundo hasta que grandes escupitajos de asqueroso barro empezaron a volar por encima de la niebla que cubría todo el campo, di dos pasos atrás por la impresión, cayendo sentado sobre mi cola mientras escuchaba unos pequeños gemidos, desgraciadamente parecía que el ataque había dado en el blanco. Me asusté por cómo podía estar en aquel momento Growlithe. Quizás con un ataque podría dar a Seviper y ayudarle algo, pero aún así... No sabía la exacta ubicación de cada uno en aquel momento, seguramente habrían corrido después del ataque, por lo que podía arriesgarme a golpear a mi compañero. Suspiré intentando seguir el combate, pero era imposible, no porque hubiese silencio, sino todo lo contrario, después de aquello no se paraba de escuchar golpes y chillidos por parte de los dos. Intenté saber en qué momento golpeaba cada uno, pero era inútil, la velocidad con la que los golpes se escuchaban producía una horrible confusión en el bosque donde nos encontrábamos. Miré de nuevo al entrenador de Seviper, el cual también forzaba la vista para poder observar algo que le hiciese pensar en una rápida estrategia. La tensión se hacía ver en cualquier lado, mi corazón palpitaba cómo si fuese yo mismo quien luchaba en aquellos momentos. De nuevo el sonido de la espiral de agua de Seviper se hizo protagonista. Por si ya pensábamos que el vapor empezaba a desaparecer, aquellos dos luchadores se proponían crearlo de nuevo. Aunque eso fue lo que creo que los testigos del combate pensábamos, no se observaba ningún movimiento de fuego en la zona, tampoco el olor a hierba quemada ni nada parecido, tan solo el agua moldeada al gusto de Seviper.

- Growlithe... - Suspiré con un sollozo. Lo más seguro es que ya lo hubiese tumbado con la lucha anterior y ahora estuviese esperando para darle el golpe de gracia, y si eso ocurriría el humano se lo llevaría y yo de nuevo estaría solo. Pero era algo que no podía permitir.

Sacudí la cabeza y forcé la vista para encontrar a Seviper, del cual, tras unos agotadores segundos encontré la silueta de aquel pokemon que había erguido todo su cuerpo llegando a coger una considerable altura. Me acomodé y bajé lentamente las orejas mientras abría la boca suplicando darle a mi objetivo y no molestar a Growlithe. Pronto una Bola sombra se formó antes que de costumbre. Cogí impulso con las patas traseras y cuando ya sentía las arcadas por tener aquello rozando mi paladar salté hacía atrás para lanzarlo sin perder de vista mi objetivo. Los segundos se me hicieron eternos antes de que el ataque llegará a su meta, pensaba que el mundo iba más lento solo por mí. Cerré los ojos por el nerviosismo que tenía y finalmente escuché un grito de dolor que hizo que el sonido de la viperina lengua del rival callase al momento. El golpe había sido propinado en el cuello de Seviper, lo que le hizo retorcerse y dejar de lanzar ese maldito ataque, el cual, poco a poco se acababa hasta convertirse en unas pequeñas gotas, al igual que el rocío.

Al retorcerse, Seviper levantaba una gran nube de polvo, que se extendía por todo el claro hasta dejar una peor visión que el estúpido vapor de agua. Mas paró en seguida, pues parecía sorprendido por lo que ocurría a su lado. El polvo y el vapor estaban desapareciendo y dejando ver otra extraña mezcla. No pude evitar lanzar un grito de asombro cuando observé un gran brillo por el suelo del campo que se juntaba para forma una extraña montaña en el centro, cada vez se hacía más grande, adoptando la forma extraña, como si de una bestia se tratase, la cual rugía y atemorizaba a todos los que allí nos encontrábamos. Pensé en huir, pero no me permitía dejar a mi camarada solo, y mis patas tampoco parecían dispuestas a moverme.

Los gruñidos de aquel nuevo ser se hicieron sonoros entre la oscuridad del bosque, el suelo brillaba con tanta belleza que la bestia, la cual había surgido de ello parecía algo llegado desde otro mundo, era enorme e imposible de observar con cuidado sin tener que girar bruscamente la cabeza hacía todas direcciones. Yo, intentando olvidar el miedo que recorría mis venas, lo miraba con curiosidad y respeto, pero sin disminuir la distancia de seguridad a la que nos encontrábamos ¿Habría venido a ayudar a Growlithe? En ese momento, cuando aquella pregunta apareció en mi cabeza olvidé por completo a la bestia e intente encontrar a mi amigo entre los matorrales y el brillo que en aquellos momentos protagonizaba la escena. Mas no conseguía verle por muchos intentos que hiciese, solo podía observar como Seviper miraba sin saber a ciencia cierta cómo reaccionar ante aquel ser que rugía mientras el humano atemorizado delante de él perdía el equilibrio al verlo.

Pasados unos segundos el brillante polvo dorado comenzó a disiparse con una sacudida de la cabeza del ser, el cual mostró el blanco pelaje que cubría su enorme e intimidante cabeza anaranjada, en la cual estaban dibujados unos parpados cerrados. El pelaje blanco y sedoso seguía por su fuerte pecho hasta acabar en una enorme cola que se levantaba y acariciaba la suave brisa que recorría el bosque aquella noche. También, entre su pelaje de color naranja observé cómo tenía unas enormes rayas de color negro carbón que se dibujaban en perfecta simetría en su enorme lomo. Debía de ser tan grande que ni cien pokemon de mi tamaño conseguiríamos ser tan altos cómo él.

- Vaya... Vaya... ¿Qué tenemos aquí? - Canturreó Seviper con un gran tono de egocentrismo - Un enorme Arcanine

- Arcanine... - me repetí a mí mismo mientras observaba la escena algo aturdido por todo lo ocurrido. Di dos pasos hacia delante, mas palidecí de pronto o al menos eso creí pues al observar la enorme cola del llamado "Arcanine" ondeando al viento con majestuosidad

- ¿Proseguimos? - Los primeros sonidos que escuché de aquel increíble monstruo sonaron tan temibles cómo su apariencia, su tono, el más grave que jamás he oído hacía que mis orejas se agacharan contra mi lomo del puro miedo que sentía.

Seviper observó a su compañero humano, esperando quizás una orden para huir o luchar. Este sin embargo, parecía estar cada vez más impresionado de lo que se le había presentado en frente. Supongo que era una decisión difícil de tomar, por lo que se encogió de hombros hacía el pokemon, dándole a este las riendas del combate. Seviper giró la cabeza colocando los ojos en blanco y se quedó observando el estrellado cielo que ya había aparecido. Parecía meditar lo que hacer ante un ser de tales dimensiones...

Antes de que mis ojos pudiesen apartar la vista del viperino ser, su enorme contrincante de fuego ya corría en busca de la pelea, pues parecía cansado de esperar la respuesta del dudoso equipo. Seviper, al observar esta conducta tan agresiva retorció la cola para engancharse a una de las patas del pokemon, el cual comenzó a lanzar fuego por la boca para intentar asustarlo. Era una escena que difícilmente se podría explicar. Seviper retorcía la pata izquierda de aquella bestia con su propio cuerpo, mientras esta intentaba lanzar ataques a sus pies para evitar atacarse a sí mismo. Daba saltos en el aire, corría y chocaba contra los árboles para intentar deshacerse del molesto reptil. Mas este sonreía estirando su cola y levantando sus enormes colmillos para por fin dar el combate por acabado. Todo sucedía ante mis ojos en segundos, era tanta la velocidad del combate que a duras penas podía decidir a cuál de los dos seguir. Cerré los ojos para no ver los afilados colmillos del pokemon clavándose en el cuerpo de la bestia ¿Por qué? eso ya no era un combate de entrenadores, en los que solo se usa ataques. Seviper quería hacer daño realmente, rasgar la carne y producir sangre con sus propias armas ¿Tan mal le habría sentado que aquella bestia hubiese llegado?

Esperé un alarido de dolor, o el olor de la sangre, pero no obtuve nada de eso en mis oídos, solo un silencio que se veía atacado por suaves jadeos de cansancio que se convertían en gruñidos. Abrí los ojos de nuevo con un gesto dudoso en mis ojos. Seviper acababa de desaparecer, dejando a Arcanine molesto mientras fijaba la vista en el humano, el cual tenía una bola de color escarlata en su zarpa. ¿Había decidido él acabar con el combate? Di un paso adelante para acercarme a ellos. El enorme pokemon asintió con la cabeza cerrando en símbolo de despedida, mientras el humano se despedía lentamente guardando la bola en una de aquellas ropas con las que se cubría.

No se molestó en decir nada, simplemente se alejó hacía el horizonte mientras la atenta mirada del ser que dejaba atrás. A mi parecer, Seviper tenía la batalla ganada con simplemente rodear al ser con su cuerpo... ¿Por qué entones él no le ha dejado seguir? Sin darme cuenta me acerqué de muevo unos pasos, lo que hizo que el ruido de los arbustos contra mi cuerpo llegase ante las orejas del pokemon.


El enorme ser giró su cabeza hacia mi posición. Nuestras miradas se cruzaron durante un largo tiempo en el que creía morirme, tan ridícula debía ser mi cara que el enorme ser no pudo evitar lanzar una sonrisa con la cual pude ver unos enormes y relucientes colmillos. Miré a los lados, aunque mis piernas no respondían a mi mente, buscaba sin cesar un lugar por el cual huir.

- ¿Te doy miedo? - Sonrió con una grave voz, pero al mismo tiempo en un tono cálido y conocido - Bueno, bueno, lo cierto es que tienes buena pinta.., Pareces sabroso - Se relamió y agachó sus patas delanteras mirándome fijamente.

Miré de nuevo a mi alrededor buscando por dónde huir, giraba la cabeza tan rápido que me comenzaba a marear ¡Pero demonios! ¡Estaba amenazando con comerme! Aún así, estaba nervioso... Pero por alguna razón no sentía miedo de aquel ser, quizás tuviese que ver que él había luchado contra el contrincante de Growlithe... ¡Un segundo! ¿¡Donde demonios estaba Growlithe!? Tenía que buscarle, sí, pero... ¿dónde podría estar? Estaba claro que él no me abandonaría... Otra vez...

- ¿Buscas a tu amigo? - Preguntó acercándose amenazadoramente - Lo cierto es que comérmelo, no me ha quitado el apetito... Quizás un pequeño postre cómo tú...
Pasamos unos segundos en silencio mientras él hacía graciosos gestos por aguantar la risa, en ese momento entendí todo. Verle intentando crear ese juego conmigo... Cómo luchaba por mantener una cara seria... Cómo se había referido a mí diciendo "pequeño postre". No, no quería comerme... Tampoco había venido a la ayuda de Growlithe. Me acerqué lentamente y coloqué las patas delanteras encima de su hocico, observando sus enormes ojos castaños mientras el caliente aliento que salía de su boca me rozaba todo el cuerpo.

- ¿Evolución? - Pregunté con un suspiro, no me gustaba la idea de que Growlithe ya no fuese Growlithe, y de que yo pronto también tendría que cambiar de aspecto.
- Sí, Enano, sí... - Dijo levantando el morro para así hacer que mis patas volviesen a tocar la húmeda hierba. Se alejó unos pasos hasta llegar al hoyo que anteriormente había cavado. Bajo la cabeza para meter el hocido en su interior y escarbó un poco más para conseguir algo. Tras unos momentos de incertidumbre, sacó entre sus fauces una extraña piedra de color ambarina con una llama dibujada de color rojizo. Aún así, era de un color muy pobre y no parecía irradiar fuerza alguna.

- Entonces... ¿Esto te ha hecho evolucionar? - Pregunté olisqueando la piedra mientras la dejaba caer delante de mis patas.
- Más o menos, la necesitaba para hacerlo, pero si la hubiese cogido de cachorro no habría habido ningún efecto. Verás Enano, hay dos clases de pokemon, los que necesitan una metamorfosis para llegar a su etapa adulta, y los que nacen siendo ninfas, aquellos que no tiene la opción de evolucionar, por lo que nacen teniendo su forma adulta, aunque más pequeña... Pero en los que necesitamos una metamorfosis, a veces también nos hace falta uno de estos objetos para conseguir llegar a nuestra etapa adulta. Cuando llega el momento en el que necesitamos evolucionar, nos volvemos una especie de descabezados buscando estas piedras o lo que sea que necesitemos para ello.
- Y Grow... Digo Arcanine - Corregí al momento sacudiendo la cabeza.
- Llámame Grow si lo prefieres, en vez de Arcanine, sé que el paso de Growlithe a Arcanine puede ser complicado. Pero al igual que yo te llamo Enano, tú puedes llamarme así - Me cortó con una sonrisa amable mientras me miraba de nuevo - Eso sí, solo acórtalo, no me llames Growlithe.

- Supongo que está bien así... - Suspiré, él había insinuado con sus palabras que la evolución era obligatoria para mí, lo que me molestaba, yo no era como él, yo tenía siete opciones, y no sabía cual escoger. Solo quería ser un Eevee peludo toda mi vida. No podía imaginarme sin mi pelaje de color castaño, no me gustaba el tono azul y sin pelo que tenía la piel de Vaporeon, además de que para mí, aquella evolución estaba cada vez más prohibida. Tampoco me entusiasmaba el puntiagudo pelaje de un Jolteon, no era suave como el mío y parecía que nadie se podría acercar a mí sin causarle daño, o por ejemplo Flareon... Flareon si tenía un pelaje peludo y sedoso, muy parecido al que yo tenía, y largas orejas y enormes ojos. Era una evolución que me encantaba... Pero de ningún modo podría infundir respeto como líder de una manada con ese aspecto tan dulce.

Todo quedó en silencio antes de que una odiosa sensación en el cuerpo me atrapara. Escuchamos de nuevo un rugido proveniente de las montañas que me hizo estremecerme como si el mundo se acabara de pronto. Cerré los ojos fuertemente mientras escuchaba como el eco repetía el extraño rugido que antes también habíamos escuchado. Mi compañero, parecía tranquilo mientras observaba la enorme montaña que casi rozaba el oscuro cielo en el que las estrellas ya habían asomado, mas a mi nada de eso me importaba, pues prefería controlar que todo dentro de mí volviese a su sitio para no tener que preocuparme de vomitar el corazón al mismo tiempo que respiraba.

- Parece que tenemos a alguien a quien le gusta ser el centro de atención - Sonrió Grow apartando la vista de la enorme montaña.
- ¿Tú crees? - Reí nerviosamente, ya me fallaban las patas, así que tuve que sentarme.
- ¿¡No te gustaría enseñarle quien manda!? ¡Seguro que podríamos acabar con él! - Gritó eufórico colocándose en sus cuatro patas, parecía deseoso por contestar con un rugido más grande. Lo que hacía que mi temor hacia lo que había delante de mí en esos momentos se hiciese más grande. Mas no quise decir palabra, pues conociendo cómo Growlithe había estado hasta hace poco, lo entusiasmado que se le veía por su nueva forma y que seguro que ya había notado algo de mi miedo, era mejor tener el hocico cerrado.

- Enano - Sonrió de nuevo - Te propongo una cosa - Veía venir sus palabras, y desgraciadamente, por mucho que mi espíritu aventurero hubiese desaparecido al escuchar aquel rugido sabía que mi compañero no aceptaría un no por respuesta - ¡Dirijámonos hacia aquel monte!

Señalando con el hocico el lugar de donde procedía el sonoro rugido, sus ojos estaban iluminados, cómo si lo desease más que nada en el mundo, ni siquiera me miraba de reojo buscando una respuesta. Suspiré lentamente, siempre había sido yo el que quería viajar en busca de aventuras, el que había tenido toda la atención en ese aspecto. Y sabía que era mi deber darle a mi compañero lo que él siempre me quiso permitir, pero... Realmente si solo un rugido había llegado a atormentarme de tal manera... ¿Qué pasaría si me encontrase al lado de la bestia del cual procedía?

Cerré los ojos durante algunos segundos, pensándolo detenidamente seguramente mi compañero solo tenía la euforia del momento, y seguramente aunque nos dirigiésemos al monte no era seguro que nos encontrásemos con eso, y seguramente Grow se aburriría de buscar en poco tiempo, pero en ese momento era mi deber seguir la felicidad de mi compañero.

- ¡Hagámoslo! - Grité con una falsa euforia para hacerle feliz - ¡Enseñemos quienes mandan en este mundo! - Agité la cola todo lo posible y comencé a dar pequeños saltos alrededor del enorme ser en el que se había convertido mi compañero.

Me miró sorprendido, pero sus ojos reflejaron una dulce mirada poco a poco a la que ya estaba acostumbrado, ahí es cuando realmente vi a mi amigo de siempre... Asintió con la cabeza.

-¡Ah! Por cierto Enano - Sonrió antes de comenzar a andar.
- ¿Qué es lo que ocurre? - Pregunté lentamente avanzando unos pasos.
- Sobre todo este tema de la evolución... - Murmuró mirándome seriamente - Quiero que recuerdes algo.

Nos miramos en silencio durante unos segundos hasta que finalmente se decidió a decir algo con una sonrisa que yo imité.

- Crecer es un deber que se debe cumplir para llegar a ser quienes deseamos. Es obligación de la naturaleza hacerte crecer en aspecto, pero eres tú quien debe asegurarse de que el alma también lo haga. Si así lo haces, simplemente te convertirás en un perfecto héroe...
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Siete días y dos horas ♥
#772140   |   11/05/2011 13:49
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# Fecha de alta: 05/04/2009

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14-Triangulo de batallas

El ardiente fuego de un corazón valiente, el cual puede apoderarse de un alma para que el miedo nunca más aparezca en el pokemon, sí, quizás lo que necesitaba era un poco más de valentía... Podría escarbar en busca de una piedra de esas para convertirme en Flareon...

O quizás podría ser tan veloz cómo un relámpago, surcar las tierras a una velocidad que solo unos pocos pueden conseguir y que tantos otros ansían... Pero ¿Para qué me serviría ser veloz? Si yo no quería huir, quería defender a los míos.

Todas las demás opciones no me atraían realmente, o puede que no las hubiese conocido demasiado cómo para interesarme por ellas, si olvidamos el pokemon tabú que siempre aparecía en mi mente...

Habían pasado varios días desde la evolución de mi compañero a ese enorme ser que tanto respeto infundía a su alrededor, no me costaba mucho seguirle el paso, pues desde hace unos días solo me apetecía estar correteando todo el tiempo que me fuese posible, no conseguía dormir mucho por las noches, pero aún así siempre estaba lleno de energía. Me sentía tan seguro de mí mismo que podría haberme enfrentado a un grupo de pokemon tan grandes como Arcanine sin pensármelo dos veces. Cierto era que últimamente los rugidos habían cesado, aunque cada varios días se volvía a oír la voz de aquel pokemon, pero creo que ya nos habíamos acostumbrados a escucharle, por lo que ya no me hacía temblar como la primera vez.

- Ya hemos llegado al píe de la montaña - Anunció mi compañero cuando alcanzamos a un río que recorría una colina tapada por tanta vegetación que no parecía haber ningún camino marcado en ella - Si nos guiamos por este rio, no podremos perdernos fácilmente.

- Si nos separamos, vendremos aquí a reencontrarnos - Expliqué mientras agachaba la cabeza para beber un poco de la cristalina y fresca agua, hacía tiempo que no encontraba un agua tan perfecta para mi paladar.

- Me parece un buen plan, aunque tengo la sensación de que por aquí hay bastantes ganas de pelea - Dijo refiriéndose al pokemon del cual provenían los rugidos - Será mejor que no nos separemos.

- ¿Tienes miedo? - Sonreí pícaramente para intentar molestarle un poco, la verdad es que yo tenía ganas de jugar un rato, y no me importaba que Grow se sumiera también en un juego de carreras - ¿Qué pasa? ¿Es qué te crees débil para ir solo?

- Enano, no empecemos... - Me cortó poniendo los ojos en blanco, parecía algo incomodo por mis palabras, pero, no sé por qué razón, yo disfrutaba habiendo encontrado una forma de molestarle.

- Cobarde - Canturreé guiñando un ojo a mi compañero, el cual, me miró fijamente con los ojos llenos de seriedad, cómo si aquello no le hubiese gustado nada, y me retase a decírselo otra vez - Cobarde, cobarde - Repetí en un pequeño tono de burla hasta que escuché un gruñido de su boca, no parecía amenazante ni nada peligroso, pero me pareció que él había aceptado el juego que de aquella forma le había propuesto.

- Cuento hasta diez, después voy a por ti - Sonrió mientras yo colocaba la mirada fija en su cuerpo.

- ¿Juegas a pillarme? - Sonreí también en un tono juguetón, le di la espalda y sacudí la cola mientras me limpiaba las patas contra la hierba en símbolo de burla.

- ¿Jugar? No, no, - Rió, eso me dejo confundido - Combate, Enano, combate...

¿Combate? ¿De verdad Grow me iba a dar lo que siempre le había pedido? Era fantástico, le observé sonriente, pero su mirada seria me incomodo un poco, le veía relamerse delante de mí, daba bastante miedo, realmente Grow intimidaba de verdad, era una suerte tenerle de mi lado y no en mi contra durante todo el viaje, pero en aquel momento, sinceramente parecía que se hubiese convertido en mi rival.

- Uno... - Nada más que el pokemon comenzase su cuenta, salí corriendo cuesta arriba sin esperar a despedirme, no notaba el cansancio y mis sentidos se regodeaban por el paisaje que sentían... Suelo de tierra húmedo y blandito, por el cual daba gusto correr, el olor a vegetación me daba más fuerzas de las que ya tenía. Además que aquel bosque era perfecto para mí. Grandes árboles desordenados por el camino, con sus cortezas llenas de verdoso musgo, rocas que se alzaban ante mí con un tono grisáceo, algunos árboles caídos que estaban huecos por dentro, formando así un túnel por el que yo pudiera pasar por ellos. Aquello... Simplemente era mi paraíso...

De un salto subí unas resbaladizas rocas de musgo para adentrarme aún más al bosque, inexplicablemente no podía oler el rastro de ningún otro pokemon, lo que por un momento me preocupó, mas no le di la mayor importancia, pues estaba demasiado entretenido con mi exploración del maravilloso lugar que había encontrado, y con el combate que acababa de comenzar con aquella pequeña persecución. Me preguntaba si mi compañero comenzó a seguirme ya, puede ser que así fuese, pero conociéndole de seguro que iba a pasear tranquilamente hasta encontrarme.

- ¿Donde se ha metido? - Jadeé mientras olisqueaba el agua del rio, ya llevaba algo de tiempo corriendo y saltando sin descanso, por lo que la sed ya hacía mella en mi lengua. Sacudí la cabeza y con paso lento me dirigí a donde la humedad se hacía mucho más fuerte, pues era allí donde de seguro encontraría el cauce del río. Mirando al cielo, entre las copas de los árboles podía ver el sol que anunciaba la mitad de un día en el que el frío del invierno ya se hacía notar. Me preguntaba si aquel año podría ver la nieve en algún lugar cómo este, seguro que sería un espectáculo digno de mis ojos.

Finalmente me relamí al escuchar el gorgoteo del agua bajando por el río. Con un pequeño trote me acerqué a ella para beber un poco de su cristalina agua de nuevo, era demasiado apetecible para no hacerlo. Sacudí mi pelaje tras terminar de beber, mi rostro se reflejaba en el agua. Comencé a mover las orejas mientras me quedaba ensimismado mirándome. La primera vez que me vi mi cara fue ante el espejo que Lucas tenía en su casa... Y ahora, estaba tan cambiado... Me preguntó si mi familia habría cambiado tanto como yo ¿Y si al verme no conseguían reconocerme? Al mirarme tras pensar esto, mi atención se fijo en el corte de mi oreja, posiblemente esa fuese la única pista que todos tuvieran para saber quién era.

- ¿Dónde demonios estará Grow? - Suspiré sacudiendo la cabeza para huir de los pensamientos anteriores, de pronto miré al frente, y quedé prácticamente hipnotizado, casi no recuerdo que me pasaba, simplemente me había quedado con la mirada fija en una piedra de color verdoso, diferente a las demás ¿Que era aquello? Era pequeña y bastante fea, pero sin embargo, me atraía inexplicablemente. Metí las patas en el agua para encaminarme a aquello, no sentía la humedad en ellas ni el frio del agua, simplemente... Necesitaba ir al otro lado del río para tocar aquello que tanto me llamaba la atención. Me relamí cuando sacaba las patas de eso que había acabado con mi sed y observé la roca, la cual, parecía llamarme mientras me suplicaba que rozase mis patas contra ella...

- ¡Oh! - Escuché una voz sorprendida, era aguda pero aún así me resultaba familiar... Y lo más importante de todo ¡Era humana! Me olvidé completamente de la extraña piedra y me puse a observar con todos mis sentidos aquello que me rodeaba... Había un olor que también reconocía, pero este en su caso era de un pokemon. Aunque también lo reconocí, me resultaba extraño, por lo que no podía imaginarme su rostro.

Un gruñido apareció entre los arbustos, era intimidante, pero no podía asustarme, me puse en posición de defensa y respondí el gruñido con otro parecido, bueno... Sinceramente parecía insignificante comprado con el que el ser que allí se escondía había soltado. Lanzó otro juntado con una pequeña risa que resultaba algo femenina.

- ¿¡Quien se esconde!?- Grité con el pelaje erguido. Dos ojos rojizos aparecieron entre la oscuridad de los arbustos, tenían un extraño amarillo eléctrico rodeándolos, y en el medio una pequeña y redonda pupila negra cómo el carbón.

Escuchaba su respiración que casi parecía golpearme. Sacó un poco la cabeza por delante de las hojas, un hocico alargado y grisáceo que acababa en una naricilla de color escarlata, la cual olisqueaba todo el ambiente. Tenía unos enormes colmillos, que quizás porque no conocía suficiente a aquel ser me resultaban más intimidantes que los de mi amigo.

- ¿Sabes que me debes un combate? - Su canturreó entró en mi cabeza cómo una puñalada ¿Yo? ¿Un combate? Entonces fue cuando una situación pasado se quedó grabada en mi mente...

-¡Recuerda que me debes una pelea! -



Esas fueron las palabras exactas que Poochyena gritó cuando salí corriendo por la estación de aquel pueblo. ¿Era ella? Pero... Estaba tan cambiada, tan diferente... Y lo molesto era que medía muchísimo más que yo.
- Poochyena... - Susurré asombrado por el reencuentro con aquella vieja conocida - Vaya, pensaba que nunca más nos veríamos.
- Ah, ¿No me has echado de menos? - Rió ella mientras sacaba todo su cuerpo de su escondite. Pude observar la cicatriz de su cuello, la cual la hacía diferente a todos los demás de su especie.

- ¡Might! ¡Preparada! - Gritó una figura humana para llamar su atención, su anaranjada melena jugaba con el viento mientras bajaba una pequeña cuesta para dirigirse hacia nosotros, cómo siempre que la he podido observar, aquella humana llevaba un vestido de pálidos colores, combinado con encajes de color blanquecino que le recorrían toda la ropa. Ella no parecía haber cambiado nada desde la última vez que la vi.

Leire... Ese nombre nunca se me olvidó, ella, la humana más bella que mis ojos han podido ver, la más amable y aquella que me había salvado casi sin conocerme. La ilusión que me hacía encontrarme con viejas conocidas conseguía que me olvidase de lo que allí realmente estaba pasando. La chica finalmente ocupó un lugar enfrenté de mí. Sus ojos color pardo se fijaban en mi cuerpo, cómo si me estudiase minuciosamente.

- Anda, pero si yo a ti te conozco... - Me dijo mientras se colocaba en cuclillas a pocos centímetros de mí. Realmente parecía que me había reconocido - Vaya, tanto tiempo buscando un Eevee que entrenar, y al final me encuentro con el pequeñajo del tren.

Sonrió mientras parecía buscar algo en un bolso de color blanco que llevaba cruzando su delicado cuerpecito. Entonces, abrí los ojos de golpe. Gruñí lentamente y miré al pokemon enseñando los dientes. No, ya tomé mi decisión. No iba a dejar que ninguna persona me metiese en una de esas estúpidas bolas para toda mi vida. ¡Yo no era un objeto que coleccionar en esos habitáculos!

Salí corriendo al ver cómo Leire sacaba algo rojizo al fin. No sé la razón, pero mi cuerpo tenía el extraño capricho de querer ir hacia el este, lo cual imprudente por mi parte, pues lo más inteligente habría sido seguir el cauce del río cuesta abajo. Mis patas casi parecían volar, corría todo lo veloz que podía, aun teniendo el miedo de tropezarme conmigo mismo.
- ¡Might, adelante! - Gritó Leire a mi espalda, los pasos del pokemon se hicieron notar tras esto junto a un sonoro aullido de diversión. Una persecución acababa de comenzar, pero por alguna razón me recreaba bastante con ella, quizás porque ya conocía a las chicas o porque yo era el protagonista del juego, mas una sensación de preocupación y miedo se apoderaban de la otra mitad de mi alma. Sacudí la cabeza e intente aumentar la velocidad mientras que mi cuerpo me pedía contestar el aullido de mi perseguidora.

Por alguna razón ella parecía montar una estrategia dando rodeos por el camino, en vez de moverse en una rápida recta cómo yo hacía, ¿pero qué demonios me importaba eso? Así yo ganaba ventaja además.

- Estúpida - Mascullé mientras acercaba a una zona de arbustos y ramas bajas, por la cual a ella se le haría difícil entrar, no pude evitar reírme hasta que al mirar atrás pude ver sus patas quietas mientras olisqueaba el suelo que yo antes había pisado, con miedo a tropezarme por no mirar hacia delante reducí la velocidad. Observaba cómo su nariz rojiza rozaba al suelo, hasta que por alguna razón comenzó a caminar lentamente rodeando los bajos arbustos.

Oh, quizás ella ya habría labrado otra estrategia, me enzarcé contra los arbustos mientras las ramas se enganchaban contra mi pelaje, debía ir un paso por delante de ella, seguramente me estuviese esperando al final del camino que las ramas formaban, por lo que cambiar de dirección sería lo más sensato en aquella situación. Seguí corriendo, aunque lo cierto es que, el nuevo camino que había elegido era más difícil para caminar. Poco a poco el hedor de Mightyena se iba haciendo más y más débil conforme a que yo me alejaba, además de que el olor de unas tiernas y dulces bayas invadían mi nariz y lengua, dando así a mi estómago una sensación de hambre imposible de combatir.

Finalmente, al salir de la zona de arbustos vi las preciadas bayas, de color morado, colgando de unas ramitas verdes que apenas se levantaban del suelo, se veían tan apetitosas...

Sacudí la cabeza, ¡Idiota! ¡Idiota! ¿Cómo podía pensar en comida en aquel momento? Mi cabeza tenía que estar centrada en la lucha, ahora que había dado de lado a Mightyena debía buscar cómo sorprenderla por la espalda, olí a mi alrededor e intenté concentrarme en olerla, mas por mucho que me esforzaba su olor no llegaba tropezarse con mi sentido del olfato. Además, el fuerte olor a humedad, y demás rastros no hacían fácil la búsqueda. Suspiré lentamente mientras paseaba por el bosque lleno de musgo.

Vaya, así que Poochyena también había evolucionado... Era tan extraño verla de aquel modo, Era enorme y sus ojos intimidaban con solo una mirada, aún así no podía evitar tener un sentimiento de cariño hacia ella, la felicidad que sentí al conversar con ella y su entrenadora en el tren hacía que no pudiera evitar sonreír al acordarme. Con un suspiro me senté en la hierba, las almohadillas de mis patas se habían vuelto de un color verdoso, a causa de la numerosa cantidad de musgo que había por allí. No creo que los pokemon que viven junto a humanos como Leire tengan el pelaje sucio durante mucho tiempo, ellos saben cómo hacer que este brille y quede perfecto.

De pronto escuché una fuerte respiración cerca de mí, notaba cómo me golpeaba en la nuca y hacía que mis patas temblasen cómo nunca en la vida lo habían hecho. ¿Mightyena había logrado llegar hasta mí? No podía ponerme nervioso en aquel momento, sabía que a poco que me moviese el combate comenzaría. Conocía muy poco a aquella hembra, pero sabía perfectamente cómo podría luchar. Mas su olor me resultó mucho más fuerte que antes, cómo si no desprendiera nada femenino para mi hocico.

- ¿Arcanine? - Dije al olisquear el ambiente con mayor detenimiento, con una rápida vuelta los ojos comenzaron a brillar al ver a mi compañero allí - ¡Oh! ¡Menos mal que eres tú! Escucha, hay algo que tengo que...
- Eh, eh, eh - Me cortó él si haberme siquiera escuchado - No puedes rendirte cuando has comenzado una pelea.

Me alejé unos pasos al observar cómo se preparaba para lanzar una bocanada de fuego hacia mí, ¡Si no me dejaba explicarme era imposible que comprendiese la situación en la que estaba! ¡Maldito Grow! Quizás si me veía que no hacía nada por defenderme se daría cuenta de que no intentaba confundirle, pero si dejaba que me hiriera sería un blanco aun más fácil para Mightyena.

Una vez que el pokemon abrió la boca me posicioné para lanzar un bola sombra contra él, sabía que sus movimientos eran lentos porque me creía débil, pero yo necesitaba ser rápido. A fin de cuentas, me encontrada en un dos contra uno. De mi boca la chispeante bola de energía morada fue rápidamente a parar justo en el hocico del pokemon, el momento en el que la bola parecía explotar junto a sus ojos se me hizo eterno y doloroso, pues con un gemido dejo escapar una bocanada de fuego por encima de cabeza, lo que demostró que realmente le había dañado, Le costaba abrir el ojo izquierdo y cabeceaba al intentar deshacerse del dolor causado. Mis expectativas no habían sido tan grandes, por lo que no pude salir huyendo como había planeado, ya que temía por mi camarada.

-¿Cómo demonios...? - Bufó él mientras cabeceaba bruscamente con la cabeza- ¡Ha sido a muy poca distancia!

Observé como poco a poco abría uno de sus ojos y me miraban con sorpresa. Suspiré lentamente al darme cuenta de que el dolor no había sido tan fuerte, solo había sido un susto mezclado con la sorpresa de aquella potencia. Olvidándome de todo no pude evitar ilusionarme con ver uno de mis ataques tan fuerte como aquel, me senté en el suelo y erguí mis orejas con una pequeña sonrisa decorando mi hocico.

- Te está bien empleado por no escucharme - Dije con aquel tono de superioridad del que mi cuerpo parecía haberse despedido por completo hace tiempo. Aunque ahora solo servía para ser algo burlesco. Pero de pronto, algo hizo que él se colocase en un tono bastante serio mientras me observaba, sus orejas se habían levantado, y aunque aún parecía quejarse del dolor sufrido no podía evitar intentar inspeccionar todo lo que había a su alrededor con el hocico. Sin dirigirme una sola palabra, pasó por mi derecha y se dirigió a unos enormes arbustos que se erguían ante nosotros, más a él le llegaban por el lomo, por lo que podía observar perfectamente lo que había tras ellos.

- ¿Tú? - Gruñó finalmente hacia los arbustos, pasaron unos segundos de silencio hasta que metió su enorme cabezón entre las hojas y con unos cabeceos levantó a Mightyena por el lomo, mientras está se intentaba defender mordiendo el cuello de mi camarada mientras aullaba. No podía ver a Leire por ninguna parte, pero sabía que ella estaría vigilando en cada momento a su compañera.

Por muy bruscos que pareciesen los movimientos, aquella pelea no era más que algo para intentar dejar sin fuerzas al oponente, por lo que el juego seguía. Esto lo sabía por la manera en que los dos atacaban y la sencilla razón que Mightyena tenía un humano, además de que no había problemas para querer matarse entre ellos.

Yo también formaba parte de aquello, aunque ahora mismo hubiese pasado a tener menos protagonismo, quizás aquello era una ventaja para conseguir la victoria en la batalla. ¿Por qué no? Ya había observado la potencia de aquel ataque que había dado de lleno a Grow, solo era cuestión de encontrar un lugar desde donde lanzar otro. Entonces mis ojos se iluminaron al encontrar una larga rama que se acercaba al pequeño campo de batalla, sin que ellos se fijaran, me escurrí por los arbustos hasta llegar cerca de las raíces del árbol mientras suplicaba que no iniciasen una persecución y cambiaran de posición.

- Seguid, seguid... Que ya os enseñaré yo que es mejor maña que fuerza - Murmuré mientras les escuchaba rugir detrás de los arbustos.

Una estrategia perfecta para una victoria perfecta, a mi alrededor los árboles se erguían con majestuosidad, observé la corteza del poseedor de la larga rama que antes había iluminado mis ojos, su olor, su tacto y su color se asemejaban a aquel que trepe una vez junto al hogar de Lucas. Mayor fue mi ilusión al fijarme en algo como esto, pues ya tenía experiencia en subir cosas cómo aquella altura.

Sacudí la cabeza y cogí fuerzas para clavar mis garras en el tronco del árbol, Con dos o tres saltos me agarré a la madera con todas mis fuerzas, pero era imposible subir, el musgo estaba demasiado resbaladizo para mis patas. Sacudí todo mi cuerpo y comencé a alejarme del árbol para coger aún más impulso. Suspiré un segundo y escuché como los rugidos de Grow enseñaban que el combate cada vez iba teniendo más importancia. Tenía que conseguir subir a ese lugar de cualquier manera. Mi mente no me permitía perder el combate por aquella razón. Comencé a gruñir mientras rápidamente me acercaba al tronco, el cual tenía marcas de mis arañazos. Cerré los ojos y salté, algo temerario, pero no sé por qué mis ojos no podían mantenerse abiertos durante mucho tiempo, notaba la necesidad de cerrarlos mientras aumentaba la velocidad, incluso cuando mis patas comenzaron a subir verticalmente por la corteza mi vista seguía siendo tapada por mis parpados.

Los entreabrí para observar cómo ya había una rama a mi izquierda, de un ágil salto, del cual hasta yo me sorprendí, llegue hasta ella. Pero más sorpresa fue ver todo el bosque desde una altura considerable, parpadeé con lentitud y me enamoré de todos los olores que sentía mi hocico, los cuales parecían mezclarse en mi lengua, y por los cuales, cada vez más me gustaba aquel lugar. Di un pequeño paseo por las ramas del árbol, no me costaba subir y caminar por ellas, pero era cierto que eran relativamente cercanas unas a otras. Mis ojos observaron cómo el sol ya parecía despedirse, ya se estaba marchando para no volver en algún tiempo, sin embargo, aún se podían ver algunos rayos de sol asomando en el horizonte, cómo si no se quisiese ir del todo, no pude evitar sonreír, ¡hasta el mismísimo sol parecía querer seguir viendo mi lucha! pero no era algo por lo que impresionarse, de un segundo a otro el juego había cambiado radicalmente, y yo era quien iba a ser proclamado ganador...
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772141   |   27/11/2011 20:57
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Vale, estos capítulos de ahora son tan complicados que no sé como escribirlos, siento que pueda parecer lioso o que la calidad no sea demasiado alta. Pero es que me como la cabeza con ellos ):|Sin más preámbulos, comencemos el concurso ¿Cuántos fallos eres capaz de encontrar? (?)

15 - ¿Sigo siendo un príncipe?

¿Cuántas lunas podremos ver antes de que el sueño eterno nos atrape? Supongo que cuando era pequeño nunca pensé en temas como ese, supongo que en aquel momento en el que el sol se ocultó algo de mi vena poética se mezcló con mi melancolía quizás. Creo que mi niñez acabó finalmente cuando los pensamientos sobre la muerte hicieron mella en mi cabeza, no sé si era porque la batalla que Arcanine y Mightyena estaban teniendo me parecía realmente fuerte, pero empecé a pensar, al igual que me vino a la cabeza esa imagen de aquel Jolteon en el suelo de la gran cueva donde vivía. Un problema con los Ninetales... El mismo nombre de los pokemon que atacaron noches después al clan, por los cuales yo acabé en uno de esos camiones para llegar a un basurero como en el que me encontré con mi camarada, ese camarada al que yo conocí regordete y con algún que otro pensamiento más niño que los que tenía el ser que se encontraba peleando debajo de la rama en la que yo vigilaba. Aunque al igual que Mightyena, siempre he pensado que ellos eran muchos más maduros que yo, sí que es verdad que cuanto más tiempo ha pasado más me he dado cuenta de cómo sus mentes han cambiado con ese paso, quizás porque yo los conocí en esa época que los humanos llaman "Pubertad". Ese paso de la etapa niña a la adulta, sí, supongo que si nos hubiéramos conocido más adultos no vería ese cambio de aquella forma. Sacudí la cabeza y finalmente miré a los dos contrincantes que enseñaban los dientes mientras que compartían miradas imposibles de descifrar, los colmillos y las zarpas amenazaban con atrapar al rival mientras que Might agitaba su cabeza con agresividad. Pero yo sabía que todo aquello era simplemente para esconder el cansancio que yacía en su cuerpo en ese momento, pues aparte de la batalla que en ese momento estaba viendo ella también había tenido que perseguirme durante bastante tiempo, nada más había que pensar que la noche acababa de caer sobre nosotros y que pronto la visibilidad acabaría siendo tan escasa que la batalla no podría seguir siendo factible en el estado en el que se encontraban los componentes de ella misma. Cabeceé lentamente para concentrarme bien, si ya la batalla iba a llegar a su fin por aquellas razones yo tampoco podía mantenerme mucho tiempo como espectador y no pasar a la acción. Dando unos pasos por la rama me di cuenta de que tenía el cuerpo agarrotado y de que mis oídos tampoco estaban bastante cómodos con la idea, pues cómo si fuese un complot contra mí, estaban tan taponados que hasta que conseguí formar una gran bola en la boca no pude oír con total nitidez. No sabía muy bien hacia donde apuntar ¿Cuál sería la mejor forma de terminar la batalla? ¿Esperar a que se peleasen cuerpo a cuerpo para atacarlos a los dos juntos? No, eso sería perder demasiado del valioso tiempo que tenía en aquellos momentos. ¿Lanzar un ataque a cada uno de los dos bandos? Tampoco, al segundo movimiento se perdería el factor sorpresa, y no podría lanzárselo solo a uno, pues no tendría mi victoria triunfal. Sea cómo fuese terminé cerrando los ojos para lanzar a ciegas el ataque, el cual tenía más fuerza que anteriormente, lo que realmente me sorprendió tanto, es que no pude evitar que la rama se rompiese en el transcurso del ataque, haciéndome caer a la verde hierba, justo delante de ellos, pero inexplicablemente pude colocar las cuatro patas en el suelo sin hacerme ningún tipo de rasguño. Me sacudí todo el cuerpo para aclararme las ideas mientras observaba el gran agujero que el bola sombra había causado en el fresco suelo del bosque, aunque parecía haber causado algún pequeño daño en las patas de los pokemon, ya que Arcanine dejó escapar un pequeño gemido de dolor.
- ¡¿Qué demonios te pasa?! - Gritó finalmente Mightyena, aunque no consiguió terminar la frase con el mismo tono con el que empezó.
- Oye amigo, lo siento si hemos entrado en tu territorio o lo que quieras, pero éstas no son maneras de hablarlo - Añadió mi compañero con total serenidad, aunque yo me lo tomé como un juego, pues lo que decía no tenía realmente mucho sentido.
- Claro, ahora que yo me he metido en la pelea ya dejáis de luchar sin admitir que os he vencido - Le seguí con un tono sarcástico, aunque aquello pareció molestarle porque frunció el ceño, lo que yo contesté con un pequeño gruñido juguetón. Nada más soltar aquello sentí cómo una llamarada de un fuego bastante débil iba directa hacia mí, por lo que me defendí con un veloz bola sombra que impactó justo en la pata izquierda de mi compañero, para avisarle de que si sus fuerzas se habían ido ya no podía seguir luchando contra mí. Mas no pareció gustarle, por lo que comenzó a dar dentelladas al aire para que observara que sus enormes colmillos aún seguían el juego, aunque me pareció algo bastante amenazante y más viniendo de él.
- Vamos, no tengas tan mal perder - Reí lentamente mientras él bufaba de nuevo con su último aliento.

Poco a poco parecía lanzarme dentelladas las cuales seguramente me harían sangrar si sus dientes se llegasen a clavar en mi cuerpo, mas estaba demasiado lleno de energía para que el pudiera llegar a rozarme con sus colmillos. El pequeño juego que parecía superar su cansancio, cada vez jadeaba más y más. Miré a Grow con una pequeña mueca entre burla e incredulidad por su comportamiento, aunque Mightyena estaba a su lado mirándome con sus pequeños ojos brillantes sin saber realmente que hacer. Aunque se había sentado en el suelo para recuperar el aliento de la pelea que acaba de tener con su rival, lo que le podría dar una ventaja si la batalla comenzase de nuevo, ya que Arcanine se encontraba demasiado molesto conmigo como para pararse a descansar.
- Vamos, ya vale con las bromas ¿No? - Reí intentando quitarle tensión al asunto.

Las cuatro patas del enorme ser estaban tensas, demasiado cómo para un combate habitual, si Grow atacaba sería para hacer daño de verdad. Fue en ese momento en el que me asusté realmente y comprendí algo de la situación. Estaba claro que él nunca se habría puesto de aquella manera contra mí, por lo que solo me quedaba una razón por la que se encontraba de esa manera. No me reconocía. Era la única idea que me podía rondar por la cabeza en aquel momento, pues además conocía la estratagema que Mightyena había usado conmigo en el tren hacía ya algún tiempo. Seguro que ella había hecho algo parecido, lanzándole un ataque que tuviese ese efecto en él, por esa razón parecía estar tan tranquila. Demasiado para mi gusto, por lo que mis gruñidos se centraron en ella, avisándola de que si no paraba ya no me costaría nada atacarla. Al verme hacer eso ella giró la cabeza hacia un lado, dejando caer sus orejas y dando la sensación de que no sabía lo que ocurría. Estaba seguro cualquier momento comenzaría otra batalla por su culpa, la idea de pelear contra Grow de tal forma… Simplemente no me gustaba, pero lo haría si así conseguía hacerle entrar en razón. No sé quien dio el primer paso, pero al poco tiempo comenzamos a lanzarnos pequeños aullidos para quizás llamar a la batalla. Nunca he sabido explicar lo que me ocurre en situaciones similares, supongo que mis instintos salen a relucir en esos momentos. Mas antes de que pudiésemos pensar en el movimiento que haríamos para lanzar el primer ataque una voz se alzó detrás de mi cuerpo. Me giré todo lo rápido que pude para ver como Leire mantenía un libro de tapas color ocre, en la que parecía estar bordada con una pequeña cinta de hilo dorado. No sé cómo sería posible, pero solo ver aquel libro me maravillaba.

- Un pokemon que raras veces se ve en la naturaleza por la dificultad que tienen para evolucionar en libertad, al contrario que sus congéneres prefiere la soledad antes que la vida en manada. No se recomienda usarlo en concursos, ya que es bastante difícil de manejar por su naturaleza y se necesita una gran experiencia para conseguir su respeto. - Leire terminó de narrar mirándome lentamente, sabía que ella si me reconocía, ya que sus ojos hablaban por ella -. ¿No había otra cosa mejor? No quiero ser monotipo. - Parecía estar reprochándome algo que no llegaba a entender hasta que... Uní las piezas del rompecabezas. El comportamiento de Grow, la forma en la que Might me miraba, las palabras que Leire había sacado del libro... Había evolucionado.

- ¡No!¡No!¡No!¡No! - Empecé a gritar mientras me comenzaba a perseguir la cola intentando observar todo mi cuerpo, un cuerpo más oscuro que el mismo azabache, iluminado por unos aros dorados que se dibujaban en él sin que yo pudiera controlar la luz que llegaban a emitir -. No...
Finalmente me rendí sentando el trasero en la verde hierba que ya no parecía tener ese olor que evadía todas y cada una de mis preocupaciones. Miré al que era mi camarada, reía a carcajadas que intentaba esconder de mí, aunque sin ningún éxito. No podía seguir mirándolo mientras se mofaba de aquella forma. Mi mirada fue a parar a Might, la cual seguía inmóvil, sentada y mirándome con una media sonrisa que parecía comprenderme.

- ¿Muy mal? - le pregunté con algo de miedo, aunque ella negó lentamente con la cabeza mientras cerraba los ojos.
- Bienvenido al tipo siniestro, Umbreon.
Umbreon. Aquella fue una palabra que me costó asimilar, nunca había pensado en ser uno de ellos, simplemente porque en una manada nunca se veía uno. No parecían interesados en formar parte de un grupo, y por eso marchaban en busca de una vida solitaria, pero pocos Eevee llegaban a evolucionar a esa especie... Bueno, a la que ahora sería mi especie, porque la manada era algo bastante importante para toda nuestra raza ¿Realmente me había convertido en una oveja negra? En ese momento mi mundo se derrumbaba por la idea de que alguien como yo nunca podría llegar a ser líder, quizás el destino me había dado una última señal de lo que quería en mí.
Creo que Grow asimiló lo que realmente me pasaba por la cabeza, simplemente por mi gesto y por las palabras que Leire había dicho ya sabía perfectamente lo que ocurría.

- Me he reído por tu reacción, nada más. - Intentó disculparse. Al ver lo que hacía negué con la cabeza para que supiese que no tenía importancia. Él sonrió, la verdad es que parecía entusiasmado con la idea de que yo también hubiese evolucionado, supongo que la felicidad que debería yacer en mí se encontraba en él.
- Por cierto - Intentó cambiar de tema Mightyena, ahora sé que le hizo para que me olvidase de lo que me acababa de pasar -. No habréis oído unos rugidos fuertes por aquí ¿No? - Arcanine asintió inmediatamente, cómo si Might acabase de cobrar un interés muchísimo mayor con ese tema.
- La verdad es que llegamos aquí atraídos por ese sonido. - Comentó mientras comenzaba a mover lentamente la cola.
- Ah, nosotras también, la verdad es que Leire está demasiado enfrascada en el entrenamiento. - Might ponía sus ojos en blanco cómo si ya estuviera bastante molesta por esos entrenamientos de los que hablaba -. De verdad, no sabes lo que es andar con ella, persona que se encuentra persona a la que le exige un combate ¡Siquiera se para a saludar antes!
No pude evitar lanzar una mirada a Leire, quien me observaba con una pequeña maquina que lanzaba un destello de luz cuando apretaba en la parte de arriba, aunque al principio me dio algo de miedo verla con aquello en la mano, al final descubrí que era inofensivo, por lo que permití que me iluminase todo lo que quisiera mientras Mightyena seguía hablando con mi compañero y yo curioseaba todo lo que Leire llevaba, aunque receloso, al final conseguí confianza con ella. Me comenzó a enseñar el artilugio con el que me había iluminado, el cual imprimió al momento una imagen de mí junto al bosque, sinceramente fue una de las veces en las que me habría gustado haber nacido humano para controlar aquellas cosas tan maravillosas. Al mirar la imagen me observé con cuidado, no se movía cómo el espejo en la casa de Lucas, mas por mucho que me moviese no desaparecía cómo en aquella ocasión. Mis orejas negras partidas por dos aros duros y dorados que no disfrutaban de pelaje, pero aun así parecían agradables al tacto, aunque uno de ellos contenía parte del pequeño corte que tengo en la oreja. Ella parecía feliz mientras me veía olisquear todos los artilugios antes de que lentamente me nombrase cómo se llamaban. Al igual que el libro con el que antes había reconocido mi especie era en realidad una guía para coordinadores, a lo que ella se dedicaba junto con su Mightyena.

- ¿Y dices que ella está muy agresiva ante el entrenamiento? - La conversación que Grow mantenía con la hembra me llamó la atención por completo, aunque no quería quitar los ojos de la imagen que Leire había sacado de mí.
- No es eso, sino desde que evolucione en el último concurso... Por poco nos descalifican ante un idiota y su estúpido Shinx brillante - No pude evitar lanzar un bufido de molestia ante escuchar la descripción de aquel rival.- Estuve a punto de perder por su culpa, no es que fuesen lo que se dicen buenos, pero el humano consiguió que Leire fuese más insegura de lo habitual. La dijo "No sé como pretendes ganar con un pokemon tan horrible y enclenque como ese, no eres buena entrenadora"

Might levantaba mucho su cabeza para decir aquellas palabras a tono de burla, aunque aquel recuerdo fuese el más molesto del mundo para ella, conseguía transformarlo en una parodia bastante graciosa, y eso parecía algo que agradara a Arcanine.
- ¿Y desde aquel entonces...? - Él parecía tan interesado en cada palabra que ella le dedicaba que ni siquiera se fijaba en ninguna otra cosa. Ni siquiera en que la humana había desaparecido hace rato para inspeccionar el territorio con más detenimiento, cosa que quizás yo también debería haber hecho, pero era cierto que las palabras de la hembra también eran una especie de llamadas para mi atención.
- ¡Nada más ver un humano ya está pidiendo lucha! - Cualquiera que escuchase aquellas palabras en boca de Mightyena habría pensado que ésta criticaba a su ama. Pero es bien cierto que ella amaba demasiado a la joven para decir cualquier cosa que pudiera ser malinterpretada. - Aunque creo que tanto esfuerzo sirve para algunas cosas.

Nada más decir aquello enseñó sus amenazantes dientes hacia Arcanine quien contestó con un bufido que le hizo saltar en un momento dado, parecía que realmente había encontrado una rival digna para él.

- ¡Eh tú! ¡No huyas! ¡Quiero un combate! - la aguda voz de la pelirroja nos sobresaltó de nuestra agradable conversación - ¡Might! ¡Rápido! ¡Qué se me escapa!
Alzamos nuestras orejas mientras la hembra comenzaba a recorrer toda la distancia que la separaba de su ama, lanzando un agudo aullido que señalaba una respuesta a aquella orden. Yo sin embargo, me quedé mirando el rostro de Arcanine, quien parecía buscar en el mío algún tipo de decisión que hiciera que el silencio tan incómodo que acababa de ocurrir pasase de largo.
- ¿Vamos tras ella? - Pregunté finalmente colocándome en píe, Grow miraba la estela que la hembra había dejado a su paso.
- ¿Sabes? Creo que la juzgue mal en el tren.- Finalmente dejó esa sonrisa en el aire, por lo que yo no pude evitar reírme por dentro, la hembra quizás habría calado más hondo en Arcanine, aunque era comprensible. Might era... En realidad ahora mismo sigo tener una palabra con la que referirme a ella sin equivocarme.

El lento paso de mi compañero me hizo pensar que finalmente sí seríamos testigos de aquella batalla. Pero había una cosa que no conseguía que mis pasos fuesen normales, por lo que mis patas se movían de una forma un tanto cómica para aquel que me observase. Y esto conseguía que Arcanine intentase esconder todas sus mofas y carcajadas ante mí.
- Pero que no es para tanto, estás raro pero... - No pudo finalizar la frase hasta acabar con una fuerte carcajada.
- Eso lo dices porque tú solo has aumentado de tamaño, yo antes no tenía las patas tan... - Di una zancada antes de encontrarme de nuevo con la foto que Leire me había sacado anteriormente, en el suelo, tirada. Mostrando cómo sería de ahora en adelante. No sabía si me entristecía o me gustaba en lo que me había convertido... Pero allí estaba yo, transformado por completo. Ya no quedaba nada del Eevee que nació en la manada, y quizás tampoco quedase nada del que acabó desmayado en un basurero. Quizás ya no quedase nada de mí, o de mi pasado.
- Ya no hay vuelta atrás, Enano - Arcanine me golpeó con su hocico para que caminase, él era mi única familia ahora. Siempre habíamos estado juntos desde mi infancia, y realmente era eso lo que tenía que pensar.
- Es hora de olvidarse del pasado - Anuncié recogiendo la foto entre mis fauces - Ahora solo caminaré al futuro, prometo que nada de mi infancia me condicionará. Soy alguien nuevo, y ésta es la prueba irrefutable de ello...

Nos miramos de nuevo, ni siquiera sabía si aquello era buena idea o no, pero no podía tener otra opción. Pensé de nuevo en todo lo que Leire había dicho sobre mí y sacudí la cabeza ante la idea de la soledad que podría decidir mi pequeño cambio, parecía que ya nunca podría estar en mi sueño de formar parte de una manada, aunque tampoco es que Leire siguiese teniendo demasiado interés en capturarme, como ella decía no es que quisiese ser una entrenadora de Monotipo, No pude evitar agachar las orejas mientras cojeaba hacia la nueva dirección que nuestras compañeras habían tomado. Aunque me hubiese replanteado de nuevo la idea de encontrar un entrenador humano, la idea de dejar a Arcanine de lado me destrozaba por completo ¿Es que acaso ya no tenía ninguna opción? Supongo que en ese momento me di cuenta de que había desaprovechado la mayoría de las oportunidades que se me habían presentado en mi corta vida.
Me estiré e intenté olfatear el rastro que había dejado Leire a su paso, por alguna razón no me sentía con fuerza de voluntad para dejar en el suelo la fotografía que Leire me había tomado poco tiempo atrás, así que con mucho cuidado la mantuve agarrada entre mis fauces, lo que parecía conseguir que la enorme sonrisa que Grow llevaba atada a su cara en ese momento se convirtiese en una leve carcajada. Con un pequeño gruñido le ordené que se apresurase un poco más, pues ya no me sentía tan agarrotado, mantener un tranquilo trote constante era lo único que mis músculos me permitían, aun así no necesitaba más.

- ¡Protección! – Una voz masculina nos hizo alzar las orejas al cielo, era humana… Seguramente del muchacho al que Leire había retado hacía solo unos minutos.
- ¡Might, no aprovecha para cargar contra su cuerpo! – Respondió Leire dejando escapar un gallo en su aguda voz.

Por alguna razón solo escuchar aquellos gritos de entusiasmo conseguía que moviese con fuerza la cola, lo que en el pasado me había resultado bochornoso, ahora era simplemente un espectáculo asombroso para todos mis sentidos.
- Necesito verlo… - Suspiré con lentitud mientras mi trote comenzaba a ser cada vez más fuerte, tanto que en un momento dado logré incluso dejar atrás al enorme can de fuego.

La escena que allí me encontré situaba una de las batallas más frenéticas que mis ojos habían logrado ver con el paso del tiempo. Mightyena alzaba la cabeza, destrozando la yugular de un ágil ser de femenina constitución, su cuerpo se balanceaba de un lado a otro mientras los dientes de Might intentaban destrozar algún tipo de capa que la protegía de su dolor. La pequeña y delgada participante consiguió soltarse al fin con una carcajada en su rostro, la belleza de su rostro era claramente marcada por unos azabaches ojos de mirada serena, los cuales parecían mantener alzado un enorme trozo de pelaje que nacía desde su frente hasta querer llegar al suelo, más su longitud no era tanta, por lo que debía conformarse con ser dos largos y azulados mechones que se mecían con la brisa que llegaba al bosque.

Mi corazón palpitaba al observar cómo, aunque molesta por no conseguir llevar a cabo sus ataques, la elegancia de Mightyena tampoco parecía desvanecerse entre la maleza. Seguía erguía mientras la brisa jugueteaba con los mechones negruzcos que sobresalían de su pecho, su cicatriz no parecía sino darle un halo de misterio que conseguía enamorar a la vista.

- ¡Espero ordenes! –Anunciaron al unísono, formando un sonido aterciopelado. Era extraño, pero las dos voces me resultaron demasiado familiares, por lo que no conseguí evitar dejar escapar un pequeño suspiro. Lo que hizo que la hembra de ojos color carbón y gélido pelaje mirase hacia mi posición.

- ¡Might rápido! ¡Doble equipo! – Gritó Leire en un momento dado. Mas la hembra no se atrevió a dar ningún movimiento, y aunque los humanos no podían saber qué era lo que ocurría, el tiempo se acababa de congelar. La hembra de aspecto ágil se estaba relamiendo al haberme encontrado al fin. ¿Quizás es que yo le había parecido un contrincante más apetecible?
- Una evolución de Eevee ¿Eh? Parece que no estaba tan desencaminada…
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772142   |   16/03/2013 14:57
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

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Vale, hace más de un año que no publicaba algo y tampoco estoy demasiado contenta con el resultado de este capítulo, pero aquí está. La verdad es que una conversación que tuve hace unos pocos días me hizo ponerme las pilas con esto, así que saqué uno de mis borradores sobre este capítulo de hace unos meses y acabé terminandolo. Y ahora empieza la parte de la historia que realmente me encanta <3

16 - El frío de Glaceon


- Una evolución de Eevee, ¿eh? Parece que no estaba tan desencaminada… - Y con sólo esas palabras se lanzó hacia a mí de una forma tan agresiva que me pilló totalmente desprevenido. Caímos ladera abajo, intentando frenar con el musgo que tan solo nos hacía resbalar más y más, hasta que por fin, con los cuerpos doloridos caímos los dos, ella encima de mí, mirándome con esos enormes ojos azulados que hicieron que el corazón se me congelase.

- ¡¿A qué clan perteneces?! - Gritó con una seria pero a la vez dulce voz que no conseguía. Estaba demasiado confuso como para ponerme a pensar qué demonios ocurría, esto había pasado de una lucha de pokemon pertenecientes a humanos a un extraño interrogatorio hacia mí. Ella no parecía pensar en otra cosa que no fuese inmovilizarme, y yo, por supuesto, no iba a dejar que venciese. Un gruñido enfadado me hizo soltar una sonrisa con picardía, parecía molestarle no obtener contestación a aquello que me había preguntado. ¿Pero qué demonios iba a decir yo? ¿Un clan? ¿Es qué acaso en aquellas tierras había alguna clase de manadas? Ahora era cuando yo necesitaba contestaciones a esa pregunta. Mas tardaba en contestar, por lo que mi contrincante se desesperaba y decía acercar sus fauces a mi cuello.

Sentía aquellos colmillos helados en mi yugular, mientras yo, aún con el cuerpo agarrotado por el cambio que acababa de experimentar, me revolcaba contra el suelo una y otra vez intentando quitarme de encima aquel peso muerto. No parecía estar buscando sangre, pero sí vencerme como a un enemigo. Escuché un rugido a lo lejos, mientras yo seguía intentando clavar los dientes en una piel fría y de colores azulados. ¡Maldita sea! ¡No había terminado una pelea para meterme en otra! Por fin enganché algo de carne y conseguí dar la vuelta al combate, estaba claro que mi atacante era una hembra pues su cuerpo era demasiado ligero para pertenecer a la composición de un macho.

Alzamos las patas y comenzamos a dar zarpazos al aire, intentando poder parar a nuestro contrincante. Yo, además, necesitaba estar atento por si aquella hembra había traído más compañeros que me pudieran atacar, ya que seguramente, el humano tendría otra clase de pokemon en su equipo al dedicarse a entrenarlos. La cosa es que después de la evolución y la batalla anterior no estaba del todo preparado para lanzarme de nuevo a combatir, y no sabía la fuerza que tendrían los adversarios, quizás ni siquiera con Arcanine podríamos hacer un equipo competente contra ellos.

- ¡Glace! ¡Para! – Un humano alzó finalmente la voz, pero la hembra no paró, no hasta que por fin consiguió clavarme de nuevo los dientes en la yugular, lo que me hizo clavar en el cielo un grito sordo. Sentía cómo las venas se me helaban poco a poco hasta querer llegar a mi corazón.

- ¡Enano! ¡Suelta un bola sombra! – La voz de Arcanine me atravesó los oídos y fue con ese mismo grito cuando noté cómo la hembra parecía relajar su ataque. Quizás le sorprendería que no estuviera solo, por lo que yo me decidí a seguir el consejo de mi camarada y clavé mi boca en su lomo para provocar que el Bola sombra fuese lo más certero posible.

La hembra dejó escapar un grito de dolor, algo que me estremeció incluso a mí, pues en esos momentos la vi saltar por los aires para caer al verdoso musgo con una cara de sorpresa y confusión. Mi pelo estaba erizado, esperando el siguiente movimiento, pero sus enormes y profundos ojos marinos me conseguían hacer bajar la guardia, no, quizás me conseguían tranquilizar. Mas no podía… No podía perderme en ellos por mucho que quisiese, tenía que sacarle información fuese como fuese. Y los pasos del humano ya parecían estar cercanos.

- Dígame, hembra, ¿A qué manada busca? – pregunté en un tono algo serio, aunque ella seguía mirándome con sorpresa.
- Esa boca… Realmente eres tú… – Agaché las orejas mientras mi corazón comenzaba a bombear tan fuertemente que creí que se me iba a salir del pecho. ¿Ella me había reconocido? ¿Era… De alguna manada? Pero… Si yo había oído a un humano… La miré de arriba abajo bastante confuso, sus delicadas patas, y ese pelaje tan… Perfecto. Sólo conseguía ponerme más y más nervioso. Me alejé un segundo y miré a mi alrededor sin saber muy bien qué contestar.
- ¿Quién es? – Me atreví a preguntar mientras se colocaba en pie. Ella tenía una mueca de felicidad en su rostro, aunque pronto pasó a convertirse en una de decepción.

- Entonces, no eres lo que busco… ¿El que te ha gritado era Growlithe, verdad? - ¿Conocía a Arcanine? Claro, la olisqueé finalmente. Ella… Ahora lo entendía todo, no es que hubiese hablado demasiado con ella durante mi infancia, pero era demasiado difícil de olvidar nuestro encuentro en el callejón, el humano sería Lucas… Y todo… Ahora había cobrado algo de sentido.

- Ahora es Arcanine – Dije antes de que ella se acercase a mí con curiosidad. Sus ojos oscuros me miraban relativamente cerca, mientras su cola, y dos enormes mechones de pelaje oscuro se paseaban por mi piel, para examinarme con más detenimiento – Has… Cambiado…

- Ya no busco en la basura – Rió mientras colocaba sus patas delanteras sobre mi lomo en un tono juguetón – Y tú has dejado de ser un peluche.

Nos miramos durante un buen tiempo, sin saber muy bien lo que el otro podía pensar. No sé por qué me llenaba sumamente de felicidad el simple hecho de mirarla, mientras ella sonreía con ese pequeño hocico.

- ¡A ver si aprendes a controlar a tu pokemon! ¡Dios, casi me da un ataque! – La voz de Leire me hizo despertar de aquel sueño que los ojos de aquella hembra ejercían sobre mí. Los pasos de Arcanine y Mightyena también se escuchaban cercanos. Sacudí la cabeza con velocidad, debía de centrarme, ella buscaba manadas por aquí… Quizás una de ellas… Cabía la remota idea de que fuese mi propia familia… Y si no me daba prisa no podría cobrar esa información.

- ¿Qué decía la señorita sobre una manada? – Intenté parecer lo más amable posible, pero realmente estaba deseando ponerla contra el suelo y amenazarla para que me diese toda la información que tuviera sobre los grupos de pokemon que habitaban por aquí. Titubeó por unos instantes, sus imponentes ojos me observaron de arriba abajo mientras dejaba entrever cómo un colmillo sobresalía de su boca para así morderse la parte inferior del hocico mientras me dedicaba una sonrisa. Poco después de ese momento yo bajé la mirada con seriedad.

Con un leve silbido entre los árboles la hembra encontró lo que parecía su salvación, pues no me dio tiempo a llamarla antes de que saliera corriendo ante el agudo sonido. Su cuerpo desapareció entre unos altos matorrales. Seguramente esa sería la llamada de Lucas para que ella volviese junto a él, pero para mí no era más que una prueba por la que yo sabía que deseaba ocultarme algo. Troté con lentitud, olisqueando su hedor por el camino que había ido hasta llegar a un camino marcado por rocas, donde se podía observar cómo los humanos seguían discutiendo. Glaceon jugueteaba entre las piernas de Lucas, quien no parecía haberse dado cuenta de mi presencia, aunque yo tampoco me dejaba ver demasiado. Might, sin embargo, se encontraba sentada detrás de Leire, mirándome fijamente mientras ponía los ojos en blanco y me hacía graciosos gestos con el hocico en forma de burla a los humanos. No podía evitar sonreír con aquello, Might era realmente graciosa cuando te llevabas bien con ella. Sacudí la cabeza y observé a un muchacho de mechones castaños y los ojos más intensos que he visto en mi vida, el azul del cielo podría sentir la mayor envidia del mundo al mirar el color que decora los luceros del chico. No parecía haber cambiado demasiado desde la última vez que nos vimos en su madriguera.

- ¿Nos vamos? – La voz de mi fiel amigo me sorprendió por la espalda, estaba agazapado y observaba la escena – Son cosas de humanos, no sé si aquí hacemos mucho.
- Pero son Lucas y la Eevee de la ciudad – Dije con sorpresa - ¡Mira! ¡Ha evolucionado también!

Arcanine me miró con ojos tristes, se notaba que echaba de menos a la hembra, era como si al verla le surgiese un dolor en el corazón. No pude evitar volver a mirar a Glace y asociar su imagen con Grow. Él no quería que ella llegase a verle, no sabía cuáles eran las razones de mi amigo para que no desease reencontrarse con su amiga… ¡Pero yo necesitaba sacarle información! Ella entendía algo sobre manadas, y esa información… No, el simple hecho de la palabra “clan” en sus frases me hacía tener escalofríos, quién sabe, a lo mejor podía volver a ver mi hogar… Y a mi madre, y a… Y a mi padre. En realidad no es que quisiera volver a ese lugar, pero había conseguido obsesionarme de tal manera con mi pasado… Quizás sólo pasaría a ver si mi madre se encontraba bien o… La cabeza empezaba a darme vueltas.

- Creo que ella viene de una manada. ¡No es de la ciudad! – Le comenté sin poder evitar mover el rabo como si no hubiese fin. – Creo que puede darme respuestas…
Lejos de parecer sorprendido Grow bajó las orejas todo lo que pudo y resopló. No, ¿acaso él también me estaba engañando?

- ¿Tú… Lo sabías? – El corazón me iba a estallar, le mataba… ¿Cómo había osado no contarme aquello sabiendo lo importante que eran las manadas para mí?
- Oye, ella confió en mí… Y tú… Acababas de llegar, no iba a traicionarla por ti… Entiéndelo. – Bajé la cabeza con un enorme enfado que aumentaba a cada palabra que decía el gigante. ¿Y por qué no me lo había contado antes? Había tenido muchísimo tiempo, creí que ahora confiaba en mí – Ella… Llegó un día por los callejones, chillando y maldiciendo. Tenía los ojos llenos de lágrimas y se acercó a mi cubo de basura… Intentando encontrar algo para comer, allí la conocí: una pequeña Eevee a la que habían echado de su manada…

¿La habían echado? ¿En serio? Miré lentamente hacia atrás, pero ya no llegaba a ver a Glace, tragué saliva, sí, era cierto que a veces las manadas echaban a sus miembros por traición o por cosas de ese estilo, pero debía de ser muy grave para que alguien quedase expulsado… ¿Y tan pequeño? Quizás sus padres hubiesen traicionado al líder o quién sabe… Arcanine se quedó callado, yo también lo hice. Estuvimos dando vueltas por la zona, encontrando un riachuelo y algunas bayas para comer. Yo seguía concentrado en mis orejas, las cuales podían brillar un poco y después apagarse a mi antojo, al igual que los demás aros de mi cuello, aunque no servirían de tanta luz como esas máquinas humanas que la atrapan, se podía observar aros dorados en la oscuridad. ¿Aunque para qué? Yo tenía una gran visión nocturna gracias a mi evolución. Para nada hay necesidad de usar esos aros.

- Oye, Enano… - Dijo finalmente, como si me fuese a pedir disculpas por haberlo ocultado tanto tiempo.
- No importa. Era un secreto, ¿no? Yo no tenía derecho a saberlo, lo comprendo – Intenté sonreír lentamente mientras encontrábamos un buen sitio donde echarnos – Ya es tarde, vamos a descansar un poco, estoy totalmente agotado.

Suspiré lentamente, me estiré y acomodándome en el musgo decidí intentar dormir un poco. Observé cómo Arcanine hacía lo mismo dejando que una de sus enormes zarpas rascase un poco la tierra mientras se mantenía pensativo mirando las estrellas. Me pregunto si realmente se sentiría tan mal por esconderme eso.

“Estaba de pronto en un pasto enorme, lleno de bayas y flores silvestres que hacían que la boca se me hiciese literalmente agua mientras observaba en lo alto de la ladera un roble de hojas verdosas y llenas de rocío.

- ¿Qué es este lugar? – Me pregunté a mí mismo mientras comenzaba a trotar hacia aquel árbol. Como si fuese una pregunta retórica, el eco consiguió repetirme una, dos y hasta tres veces las palabras que acaba de pronunciar - ¿Es un sueño?

- Es un sueño… Es un sueño… ¿Tienes un sueño? – El eco parecía venir del enorme roble, lo que me estremeció en un primer momento, los robles no pueden hablar, eso era algo idiota de pensar - ¿Tienes un sueño, príncipe?

Aquella forma de llamarme hizo que tragase saliva de una manera que no me gustó en absoluto. Hacía tanto tiempo que nadie se dirigía a mí que se me hacía raro, y no sé por qué a la vez también me resultaba demasiado molesto.

- ¿Sabes quién soy? - ¿Estaba siendo estúpido? ¡Estaba hablando con un árbol! Seguramente acababa de perder la cabeza o algo.

- Quién soy… Quién soy… ¿Sabes tú quién eres acaso? – Aquella frase casi terminó con una pequeña carcajada que se transformó en una brisa que jugueteaba con sus hojas - ¿Cómo pretendes que lo sepa yo si tú no lo sabes? ¿O sí? ¿Eres un príncipe… O un compañero de humanos?

A unos diez metros del árbol se crearon dos figuras. Las reconocí al instante, eran mis padres. Parecía increíble verles allí, moviendo su celeste cola mientras me invitaban a ir con ellos. No pude evitar ilusionarme, aunque era cierto que mi padre me resultaba bastante siniestro, ver a mi madre era como ver el sol después de un año de noche y soledad. Del otro lado aparecieron también dos cuerpos. Esta vez se trataba de Leire y de Lucas, los cuales también me invitaban a ir con ellos con grandes sonrisas mientras se daban palmaditas en las piernas para llamarme.

No es que no quisiera ir con ellos, es solo que… Ahí estaba mi puerta para ir de nuevo a la manada y no podía dejar pasar aquella oportunidad, así que me fui corriendo, lo más rápido que pude hasta ellos, pero algo me hizo parar en seco nada más dar unas dos o tres zancadas. Las formas que yo había tomado como familiares se habían trasformado en grotescas sombras que amenazaban con golpearme mientras comenzaban a gritar con una voz ronca:

- ¡Traidor! ¡¿Cómo te atreves a volver aquí?! – Me paralicé completamente mientras que de la hierba nacían más y más de aquellas horrorosas formas - ¡Deberías estar muerto! ¡Huiste en la lucha!

- ¡No lo hice! ¡Era demasiado pequeño para luchar! – Intenté defenderme mientras algunas lágrimas caían de mis ojos, me sentía tan sumamente inútil en aquellos momentos. Aunque se me empezó a ocurrir en que si esto podría haber sido lo que le pasó a Glace y por lo que tuvo que acabar yéndose de su clan.

- ¡Mentiras!
- ¡Excusas!
- ¡Falacias!”

Y de pronto me desperté. Estaba sudoroso y el corazón me latía demasiado rápido, no podía controlarme pero al menos de nuevo estaba en el bosque, junto a los ronquidos de Arcanine y el frío nocturno. Estaba claro que se acercaba el invierno, bostecé lentamente y me volví a acurrucar lentamente pensando en aquel extraño sueño. Sacudí la cabeza y poco a poco el cansancio hizo mella en mi cuerpo hasta que de pronto extrañas sensaciones en la noche hicieron despertar todos mis sentidos: un olor, una sombra moviéndose. Salté de pronto en pleno de la noche, había notado sus pasos en las vibraciones del suelo y aunque he de admitir que la había olido poco, sabía perfectamente que era una Glaceon, aunque dudaba entre si se trataba de la que acompañaba a Lucas o simplemente era una que pasaba por allí después de una rueda de reconocimiento. Tendría sentido lo último, puesto que éramos extraños en un territorio que podía pertenecer a una manada… Cualquiera de las dos opciones estaban aceptadas en mi cabeza: si era Glace descubriría por qué parecía estar huyendo y quizás pudiésemos hablar más del tema de su clan, mientras que si era una hembra libre podría intentar informarme… O que acabase llamando a su clan y los guerreros acabasen conmigo. Tragué saliva. Había que intentarlo, así que eché a correr lo más velozmente que pude.

He de admitir que me costó lo suyo llegar hasta ella, pero al final conseguí que nuestros hocicos estuviesen en paralelo para poder hablar correctamente. La hembra puso los ojos en blanco justo antes de saltar la raíz de un enorme árbol:

- ¡¿Se puede saber a dónde vas con esa velocidad?! – Le grité bordeando una enorme roca afilada que se alzaba en la tierra, ella me miró durante un segundo, su cara mostraba una expresión clara y que me decía que no era de mi incumbencia - ¡¿Dónde está Lucas?!

- Dormido – Respondió con un tono algo borde, aunque parecía bastante ilusionada a la vez, era algo extraño ya que eran dos sentimientos totalmente diferentes. Estuvo pensándoselo un rato hasta que finalmente me volvió a mirar para iniciar una conversación - ¿Y tú? ¿No deberías estar con Grow… Arcanine?

- Supongo que eso es un “no te quiero ni ver” – Le señalé mientras ella dejaba caer un pequeño gruñido insonoro - ¿Y a él? ¿Le quieres ver?

Me dedicó una mirada triste sin dejar de reír. ¿A ella también le resultaba tan melancólico encontrarse con ese bonachón? Pero si eso era verdad… Seguía sin entender por qué ninguno de los dos había decidido hablar con el otro, y más teniendo en cuenta que se echaban tanto de menos. Estaba claro que habían tenido que olerse anteriormente, por lo que estaba claro que había sido decisión propia no querer verse.

- ¡Cuidado! – Tuve que gritarle en cierto momento, estaba tan absorta en sus pensamientos que no había visto un zarzal y una gran cantidad de ortigas en el camino. Alzó la cola en señal de agradecimiento sin dejar de correr – Si seguimos a este ritmo creo que en menos de dos días habremos llegado a dar la vuelta a todo lo que tenga suelo en el mundo.

Intenté reír un poco junto a ella, aunque de pronto, algo extraño me empezó a llenar la nariz. No pude evitar dejar de correr y disminuir el paso mientras Glace lo aumentaba y corría lo más rápido que sus patas le permitían. Mis ojos se abrían de par en par y los escalofríos llenaron el cuerpo mientras la hembra saltaba a unos olorosos arbustos con un enorme aullido de alegría, el cual le fue respondido con unos ruidosos rugidos que harían estremecer a cualquier pokemon. ¿Era ese el sonido que habíamos oído desde los pies de la montaña? Y ese olor… Lo reconocí al momento, era imposible no hacerlo.

Corrí, tenía que seguirla y estaba entusiasmado. No pude evitar ir saltando y dando enormes brincos hasta que desaparecí entre los olorosos arbustos que me impregnaron de ese característico olor. La verdad es que no pude evitar caerme, había una ladera con la que no había contado, pero… Pero… Me quedé sin aliento y tenía el corazón saliéndose de mi pecho mientras observaba cómo Glace corría por ese maravilloso lugar lleno de decenas de ellos…

- Una… Manada de Eeveevolution…
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772143   |   03/04/2013 23:49
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

# Ubicación: Sisimut - Grønland

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Amo este capitulo y amo a Rhobar xD Si alguien me dice de donde he sacado los nombres de los personajes nuevos que aparecen le doy una galletita (?)

17 -Paladín

Avancé con lentitud ante la atenta mirada de los pokemon que allí se encontraban, todos dentro de sus madrigueras mirándome con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Pude ver cómo un grupo de hembras jóvenes me adulaban entre murmullos, les dediqué una mirada que las hizo callar sorprendidas. La verdad es que eso me hizo recordar mi niñez, parece ser que no había perdido mi toque.

Mi atención se quedó finalmente en un enorme Flareon que venía hacia a mí. La totalidad de su oreja derecha había sido arrancada y el pelaje que le cubría el pecho y formaba la cola era más corto de lo habitual y parecía tener un tacto áspero y molesto. Recordé los Flareon que había visto en mi infancia, eran totalmente diferentes. Mirando a los machos que se iban acercando junto a él, todos estaban cansados y llenos de cicatrices. Además se notaba que estaban pasando por una época en la que la comida escaseaba, ya que a más de uno se le podían notar las costillas.

– Intruso, ¿has venido persiguiendo a esa hembra? – Rugió el Flareon molesto, intentando empujarme hacia atrás – Este es nuestro territorio, por lo que si ella se ha adentrado aquí, no hay nada que tú puedas hacer.

Los demás gritaron a coro. Yo empecé a enfurecerme, se trataba de Glace y si se creían que por haber pasado por sus tierras iban a poder quedársela estaban muy equivocados. La diferencia numérica era muy visible, aunque lo cierto es que no conté más de treinta miembros en su manada, exceptuando las esqueléticas crías que me miraban desde sus madrigueras excavadas en la húmeda tierra; yo sólo era uno… Tres si pidiese refuerzos a Grow y a Might. Aun así, miré el horizonte adonde se había dirigido la hembra y sin encontrarla en él, me di cuenta de que yo era lo único que tenía en ese momento.

– Maldita idiota, mira en el lío en el que nos hemos metido por tu culpa… – Musité por lo bajo, aunque el Flareon debió oírlo, puesto que su ira comenzó a ser mayor – ¿Y qué si la he seguido hasta aquí? No quiero problemas, me la llevaré conmigo y ya está, no tendrán que preocuparse más por mí.

– Creo que no lo entiendes… Tú no te la vas a llevar a ninguna parte. – Flareon sacó sus garras y comenzó a gruñir con fuerza mientras los demás machos hacían una especie de corrillo alrededor de nosotros – ¡Ahora te haré pagar tu insolencia!

Las mandíbulas del pokemon intentaron clavarse en mi lomo, pero conseguí agacharme con fuerza para así esquivarlo y darle un potente cabezazo en el pecho. Su cuerpo voló unos segundos por el aire hasta que sus patas delanteras consiguieron apoyarse en mi pecho para empezar a preparar un lanzallamas directo a mi cabeza. Conseguí alejarme la distancia precisa para que no fuese tan doloroso. Aun así, me hirió una de mis patas traseras; molesto por aquello lancé contra él un enorme bola sombra que le impactó de lleno en el lomo. Los dos soltamos un gemido de dolor al unísono, no me había dado cuenta de que había aprovechado el tiempo para lanzarme un extraño ataque que me consiguió alcanzar el cuello: un grupo de luces blanquecinas me golpearon por todos lados, como si se tratase de una enorme multitud de seres lanzándome sus puñetazos más fuertes. Me levanté como pude, jadeando al igual que mi contrincante mientras los dos nos preparábamos para lanzar el ataque definitivo que acabaría con el otro. Tenía que concentrarme, no luchaba por mí, sino para proteger a alguien, por Glace, por lo que ella contaba conmigo y con mi victoria para poder salir airosa.


– ¡Calmaos todos de una vez!

Alcé las orejas con el resto de mis semejantes al escuchar la severa voz de un Glaceon de extraños colores que se aproximaba hacia nosotros. Estaba cojo de una de sus patas traseras y había perdido la mitad de la cola en alguna batalla al igual que uno de los largos mechones que posee esa especie, aun así todo el mundo le presentaba sus respetos y le dedicaba un gesto con la cabeza. No pude evitar agachar la cabeza a modo de reverencia cuando se acercó a mí, estaba claro que él era el líder de la manada, por lo que yo tan solo podía mostrarle mis respetos por mucho que me molestase lo que pensaba que ocurría. No era buena idea ponerse agresivo con un macho al que la manada tenía semejante aprecio: habría muerto antes de lograr ponerle una sola pata encima. Aun así, había algo en él que me llamaba la atención, su pelaje, su pelaje era como el de la escarcha en invierno: blanco azulado, al contrario que el de Glace, y las partes que ella tenía más oscuras, en el cuerpo del rechoncho macho tomaban un tono metalizado.

– Levanta la cabeza, muchacho. – Me dijo finalmente mientras sus tropas se dispersaban. Yo obedecí poco a poco, hasta que nuestros ojos se juntaron y él me dedicó una sonrisa bastante cálida – ¿Qué es lo que te trae a nuestro clan?

No contesté, lo que pareció enfurecer bastante a todos los presentes, mas el líder se quedó inmóvil esperando su respuesta. ¿Qué iba a decir? ¿Que realmente estaba persiguiendo a una hembra? Se me pasó por la cabeza que igual ellos estaban tratando de protegerla, que quizás me hubiesen visto como una amenaza para ella que la había hecho buscar refugio en la manada. Tragué saliva, seguramente decir eso habría firmado mi sentencia de muerte al entrar en su territorio. Mantuve las orejas tiesas, aunque a modo de respeto hacia el anciano bajé lentamente la cola hasta colocarla en paralelo a la húmeda tierra.

– Tan solo se preocupaba por mi seguridad, supongo que es mi culpa por irme sin dar ninguna explicación. – La voz de Glace apareció detrás del líder, sus ojos azules me avisaban de que le siguiera el juego, y así lo hice mientras los demás se asombraban con el testimonio de la joven hembra – Nos conocimos en la ciudad, se podría decir que somos viejos amigos.

Me quedé mirándola mientras todos los demás hacían lo mismo, los cuchicheos llegaban hasta mis orejas como un ruido imposible de descifrar. ¿Por qué ella conseguía crear tanta expectación? Abrí los ojos de par en par, ya lo entendía. Aquella era su manada, el clan del que siendo cría había tenido que desaparecer. ¿Pero por qué había querido volver? ¿Por qué le habían brindado una acogida tan… Pacífica? Lo que yo siempre escuché es que si te echaban de un clan nunca más podrías volver a él a no ser que quisieras acabar muerto, pero en vez de eso todos parecían felices de tenerla de vuelta.

El líder dudó durante varios segundos, regalándole unas miradas a Glace que después compartía conmigo sin saber colocar una expresión fija en su rostro. Todo el mundo se mantenía en completo silencio, incluso el Flareon que había comenzado atacándome, el cual se había quedado totalmente petrificado al observar a Glace defenderme.

– En ese caso… Sólo puedo darte la bienvenida a mi manada, forastero. – Terminó con una mueca de aprobación, después de eso se giró hacia Glace y empezó a hablarle – Pero debo preguntarte algo, ¿traes contigo más compañeros?
– Un macho de Arcanine libre y dos humanos sin edad adulta, un macho y una hembra, la última tiene una hembra Mightyena con ella. – Esta vez a la hembra le temblaban las palabras en su boca, como si pensase que el anciano no aprobaría a sus compañeros, y lo cierto es que a la manada le surgieron una gran cantidad de diferencies emociones al oír la palabra “humanos” saliendo de la boca de la Glaceon:

– ¿Humanos? ¿No serán una amenaza para nosotros? – Dos hembras conversaban asustadas mientras que sus crías les intentaban sonsacar qué significaba “humanos”. Me recordó a mi niñez, a la primera vez que oí esa palabra de boca de mi padre…
– Traedlos aquí, si han estado de tu parte no veo por qué deben ser una amenaza. – Finalizó el líder consiguiendo acallar todos los murmullos – Rhobar, acompáñalos para asegurarte de que todo transcurre con normalidad.

Pude notar que yo era el causante de aquella última frase, sus ojos se clavaron en mi lomo mientras Glace se colocaba delante de mí para liderar la expedición hasta el campamento humano. Tras nosotros, el Flareon que lucho conmigo, al que el líder había llamado “Rhobar”, gruñía algo furioso por mi presencia, aun así aceptó las órdenes sin rechistar y se convirtió en mi sombra. Caminamos lentamente hasta llegar a la zona de matorrales. Podía observar cómo las hembras jóvenes seguían mirándome maravilladas por mi cuerpo, lo que enfadó aún más a Flareon e hizo que Glace pusiera los ojos en blanco molesta; yo por mi parte lancé una pequeña risa burlona antes de saltar para atravesar los arbustos y así volver al bosque.

– El Paladín es demasiado blando. – Anunció Rhobar molesto – Yo te hubiese dado varios mordiscos para enseñarte quién manda.

Tras ello rió a carcajadas intentando enganchar mi lomo con sus enormes mandíbulas, noté su aliento a bayas mezclado con tierra mojada y le lancé un gruñido erizando el pelaje de forma burlona.

– Lo siento, pero no me van esos rollitos raros. – Aquel comentario pareció molestarle bastante porque empezó a erizar también su pelaje hasta que finalmente los dos comenzamos a gruñir ferozmente, simplemente para ver quién era el que dominaba.
– ¡Umbreon! ¡Rhoar! ¡Callaos ya! – Chilló Glace haciendo que los dos bajásemos las orejas y las colas para ponernos a escucharla. Creo que ya habíamos entendido perfectamente quién era la líder del extraño grupo. – Umbreon, ven. Quiero que huelas el aroma de los arbustos y lo recuerdes…

Olisqueé tranquilamente las hojas secas, era un olor agradable al olfato pero tenía un pequeño toque ácido que conseguía generarme cosquilleos en la nariz. No pude evitar lanzar un estornudo que hizo sonreír a Glaceon mientras comenzábamos a andar de nuevo. Me adelanté a trote para ir a su paso mientras Flareon se quedaba algo más rezagado, intentaba olfatear el olor de Arcanine mientras Glace se concentraba en llegar hasta Lucas y los demás.

Tras dar un par de vueltas por el bosque me acerqué a un enorme claro donde el olor de mi compañero era más fuerte que antes, les pedí a los dos que continuasen sin mí, pero Rhobar no pareció demasiado conforme de dejarme solo y tras las negativas de Glace de quedarse con nosotros y perder un valioso tiempo decidió acompañarme a mí.
– Nos encontramos en la entrada del campamento. – Nos señaló la hembra antes de echar a correr. Nos quedamos observando su silueta hasta que desapareció bajando por una colina rocosa y sus delicados pasos fueron cada vez un sonido más y más débil.

Lancé un pequeño suspiro y me dispuse a caminar con un trote alegre mientras Rhobar me seguía con su pelo erizado, como si no se sintiese totalmente seguro de lo que se encontraría caminando conmigo. De pronto, un crujido me hizo parar de golpe, había notado unas extrañas vibraciones en el suelo. Mi acompañante también lo había hecho por lo que los dos nos pusimos rápidamente a la defensiva cuando una enorme sombra se echó contra nosotros tirándonos al suelo de un simple placaje bastante juguetón.

– ¡Grow! – Reí agarrando al pokemon del hocico y colgándome del pelaje que le sobraba por toda la cara mientras él me columpiaba de un lado a otro hasta que acabó lanzándome por los aires. Logré caer al suelo en pie, aunque me costó bastante mantener el equilibrio. En ese momento me di cuenta de que Rhobar estaba allí muerto de miedo por la imagen que Arcanine le había dado, la verdad es que el pokemon era realmente amenazante.

– Él es Rhobar, pertenece a una manada cercana al lugar. – Grow se sorprendió ante la presentación mientras que el Flareon perdía su imagen de tipo duro y se mantenía tiritando entre los matorrales. ¿Nunca antes habría visto un pokemon tan sumamente grande?
– ¿Una manada? ¿Esa manada? – Inquirió mi compañero con unas palabras que solamente él y yo podríamos entender. Negué con la cabeza haciéndole un gesto para que hablase con el Flareon – Me alegro de conocerte, eh… ¿Conocerle?

No pude evitar reírme al observarle hablando de esa manera. Negué repetidamente con la cabeza de nuevo, lo que a Grow pareció aliviarle bastante. Creo que era un sufrimiento para él tener que hablar de esa manera, Rhobar se incorporó de nuevo y caminó con paso inseguro hasta las enormes patas de mi compañero mientras tragaba saliva; intentó decir algo para volver a imponerme respeto, pero su voz se entrecortó por el miedo hacia Arcanine.

– Es... Es hora de irnos… ¡Paladín estará esperando! – Y tras decir eso salió corriendo, guiándonos por el camino que habíamos tomado para llegar. Las patas de Arcanine retumbaban en la tierra mientras comenzaba a jadear mostrando esos enormes colmillos que eran igual de grandes que mi hocico, eso conseguía que Rhobar tuviese escalofríos al dirigirle tímidas miradas llenas de respeto y miedo. Me pregunto si a Grow no le molestaría que los demás sintiesen tal pavor por él o si ya estaría demasiado acostumbrado a ello.

Llegamos a la zona de los arbustos poco después, observando cómo Leire y Lucas se encontraban jadeando de cansancio mientras Glace y Might conversaban esperándonos. Pude notar cómo a Flareon se le volvió a acelerar el corazón repetidas veces al ver a la hembra de Mightyena y, sobre todo, al observar a la chica pelirroja y al muchacho de ojos azules que acariciaba el lomo de Glace.

– ¿Qué pasa? ¿Te dan miedo unos humanitos? – Me burlé del macho mientras me acercaba a trote hacia Leire y Lucas. La chica miró a Flareon con una sonrisa en su cara mientras sacaba una de sus rojizas bolas de su bolso, mas Lucas paró aquello en seco, negando con la cabeza, parecía que el chico había visto que aquello no era una buena idea.

Rhobar me dedicó un gruñido bastante sonoro con su pelaje erizado, como si estuviese aguantando las ganas de lanzarse a pelear conmigo. La verdad es que yo tenía una sensación muy parecida, ardía en ganas de lanzarme a luchar contra él, pero aquel no era el momento, por lo que nos adentramos de nuevo en la base de la manada, saltando las hileras de matorrales que lo protegían. A los nuevos integrantes les costó bastante más entrar a los dominios del clan.

Todos los componentes y familiares del Flareon, sin excepción alguna, se quedaron asombrados y ocultos en sus madrigueras cuando Leire y Lucas se pasearon por la tierra húmeda que era su hogar. Might no pudo evitar ponerse alerta, puesto que había observado alguno de los grandes guerreros de la manada. Yo también los había notado entre las madrigueras; todos ellos se mantenían dispuestos a lanzar un potente ataque a cualquier movimiento en falso que notasen en nosotros, los llamados intrusos.

En un montículo de tierra Paladín, líder de la manada, se encontraba sentado y con una sonrisa en su rostro al observar a Arcanine y a Mightyena. Era el único que no sentía pavor hacia los enormes pokemon. Al contrario, parecía contento de tenerlos en su territorio como supuestos amigos. Aquello me dio mala espina durante unos momentos, pero no lo hice notar, tan sólo le dediqué una pequeña mirada a Grow para que se mantuviese alerta y él asintió dando un paso al frente con las orejas bien atentas por si ocurría algo extraño.

En ese momento, Glace, que se había quedado atrás con Lucas, pasó corriendo ante nosotros. Mordisqueó y pegó un tirón de mi oreja partida, lo cual me hizo soltar un pequeño bufido de desagrado mientras ella corría hacia el líder. Rhobar me miró y se quedó observando el corte que poseía en esa larga oreja negra, justo donde el aro dorado la dividía entre dos. Creo que en ese momento le caí algo mejor, puesto que se puso a mover la oreja que le quedaba con algo de melancolía, como si aún sintiese la oreja que le faltaba. Supongo que los dos formábamos parte del mismo club, aunque nunca me hubiese imaginado haber perdido una de mis orejas. Lo mío era sólo un pequeño corte en comparación con las cicatrices de todos los guerreros y la verdad es que tenía que darles la razón. A ellos no les importaba cómo hubiese quedado tu aspecto, tan sólo si aquello había mermado tus habilidades para la supervivencia del clan.

– Oye… ¿Esto no te parece un poco extraño? – Susurró Leire al otro humano mientras se aferraba al pañuelo que le había colocado a Mightyena en el cuello para tapar la enorme cicatriz que tenía en el lugar. A la hembra le molestaba estar agarrada, pero sentía que era porque su compañera se sintiese más segura. – Pensaba que era imposible entrar en grupos de pokemon salvajes…
– Pero creo que ellos nos han invitado. – Contestó Lucas buscando la figura de Glace entre la muchedumbre. Tampoco estaba demasiado seguro por ella, pero no se atrevía en inmiscuirse en sus problemas. Lancé una llamada de atención para que sus ojos azules y profundos se encontrasen con los míos, de color escarlata. Los dos asentimos en el mismo tiempo pidiendo tranquilidad y serenidad, pero también alerta.

– ¡Muchachos! ¡Hoy es un día de fiesta y de gran alegría para nosotros! – Anunció el líder llamando la atención – Mi querida hija ha vuelto con nosotros, por eso yo os pido vuestra amistad para ella y para aquellos que la cuidaron durante el tiempo de su ausencia.

El viejo Glaceon nos señaló con el hocico, pero yo seguía totalmente sorprendido ante lo que acababa de decir. ¿Glace era la hija de un líder? ¿Era la hija de ese líder? ¿Por qué entonces se había ido de la manada? ¿Por qué se había unido a Lucas? Mi cabeza me daba vueltas por todas aquellas dudas, intenté buscar los ojos de Glace pidiéndole respuestas y explicaciones pero sus ojos miraban al suelo mientras se sonrojaba levemente y miraba a Lucas con melancolía. Momentos después todos los componentes de la manada salieron de sus madrigueras, en busca de los forasteros para lamerles y alegrarse de su llegada. En dos segundos me sentí rodeado por una multitud de hembras jóvenes que me saludaban lamiendo mis orejas y ronroneando mientras me empezaban a avasallar con preguntas que conseguían sonrojarme.

– ¡Es la primera vez que vemos un Umbreon! ¿Vienes de muy lejos?
– Ese corte en tu oreja es tan sumamente atractivo… ¿Cómo te lo hiciste? ¿Fue luchando contra algún pokemon tan increíblemente fuerte que fue capaz de tocarte? ¡Seguro que estabas protegiendo a nuestra Glaceon!
– Y esos dos humanos tan extraños vienen de esos territorios llamados “ciudades”. ¿Perteneces a alguno de ellos?
– Eres muy apuesto, ¿tienes ya una hembra contigo? ¡Porque me ofrezco voluntaria!

Negué varias veces con la cabeza con velocidad ante aquellas preguntas tan directas, lo que a ellas les debió parecer bastante gracioso, puesto que empezaron a reírse de forma dulce y a ronronear aún más. Creo que me habían idealizado bastante, lo que, aunque por una parte me daba un pequeño gusto me hacía no saber qué responder y notaba cómo mis aros comenzaban a encenderse por el nerviosismo sin que yo pudiese controlarlos. Eso les hizo soltar un pequeño grito de entusiasmo. Busqué a Arcanine para suplicar ayuda, pero estaba demasiado entretenido disfrutando con las crías de la manada, quienes jugaban entre sus patas y alababan su fuerza. Might, sin embargo, intentaba proteger a Leire sin hacer demasiado caso a los miembros que intentaban hacer migas con ella. Esa protección gustó a bastantes viejos miembros que parecían guerreros. Los humanos se sentían igual que yo, ya que todos los demás curioseaban su olor y sus extrañas ropas.

– Bueno, chicas, luego seguimos hablando si eso, ¿eh? – Intenté escapar mientras las escuchaba suspirar decepcionadas, pidiéndome que no me fuese – Me gustaría tratar unos temas con mis compañeros.

Pegué un salto para huir de la marabunta y conseguí alzarme cerca de Rhobar, que estaba charlando, mintiendo por supuesto, sobre su encuentro con Arcanine con unos compañeros de su clan. Le di un cabezazo en el momento que explicaba cómo él había permanecido sereno ante los rugidos del gran pokemon y que al principio se había atrevido a enseñarle los dientes pensando que era una amenaza. El Flareon se giró de pronto, mirándome y bufando mientras yo le dedicaba unas miradas burlonas. Él al final hizo lo mismo colocando su cabeza contra la mía.

– Eh, Peludín, te apesta el aliento. – Me reí mientras lanzaba un bufido. Todos los jóvenes machos se quedaron observándonos, aunque los más ancianos pusieron los ojos en blanco hablando de sus tiempos de jóvenes y de cómo los machos de hoy en día tenían las hormonas totalmente revolucionadas. – Aún me debes una batalla en condiciones.

– Mira quién viene a hablar, hay que tener una altura mínima para pedir una pelea en serio. – Ya está, otro que se metía con mi altura. ¡Pero si en aquellos momentos ya era más alto que cualquiera de las hembras! Aun así, parecía que entre los machos seguía siendo bastante bajito. – Pero haremos una excepción. ¿Mañana cuando amanezca? Por pura diversión.
– Por pura diversión. – Repetí contento. Escuchaba a todas las hembras soltar un pequeño grito entusiasmado mientras me daban ánimos.

Fue en ese momento cuando el mundo calló, el silencio inundó todo el claro exceptuando a un macho de Espeon que acababa de aparecer lleno de sangre y jadeando por el dolor y el cansancio. Sus ojos se llenaban de lágrimas mientras las piernas, llenas de heridas a causa de garras y mordiscos, le comenzaban a fallar. Sus ojos además no tenían un color normal, sino que estaban teñidos de un morado extraño, estaba claro que le habían lanzado alguna especie de feroz ataque.

– ¡Ivoire! – Gritó Rhobar corriendo hacia el Espeon para ayudarlo a mantenerse en pie. Vi a Leire sacando un montón de medicinas extrañas humanas y acercándose poco a poco al herido. Los demás la miraron con recelo durante unos segundos, pero el Paladín, quien se acercaba también, le permitió untarle con los potingues y todo lo que la humana viese necesario.

– Ivoire, habla muchacho, ¿qué es lo qué te ha ocurrido? ¿Dónde se encuentra Bérengier? – Preguntó el líder. Al herido se le llenaron los ojos de lágrimas al escuchar aquel nombre, lo que consiguió que el líder se pusiera más nervioso – ¡¿Qué ha ocurrido?! ¡Habla!

– ¡Lo han matado! – Consiguió pronunciar Ivoire – ¡La manada del norte nos tendió una emboscada y han matado a Bérengier!
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#772144   |   05/05/2013 17:06
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18- Sujeto



Leire corrió a donde se encontraba el Espeon herido. Las hembras gruñeron con furia, no podían permitir que una humana intentase hacer algo con el cuerpo de su guerrero, mas el Paladín las calló a todos con una sola mirada. Con lo que conocía a la humana en ese entonces sabía perfectamente que sus intenciones eran buenas y que sólo intentaría sanar las heridas del pokemon, quien intentaba respirar tranquilamente, tirado en el suelo y deseando contar su versión de los hechos.

– Estábamos… Reconociendo los ruidos que habíamos oído durante la tarde, aunque bueno, ahora me hago una idea de lo que serían. – Nos lanzó una mirada a todos los forasteros que estábamos en el lugar y, más tarde, con los ojos bien abiertos, le dedicó una sonrisa a Glace, aunque pronto sus orejas volvieron a bajarse por la tristeza de lo ocurrido – Y entonces, cerca del gran roble, junto al arroyo que delimita los territorios nos tendieron una emboscada siete machos: cuatro Flareon, dos Jolteon y un… Un Sylveon.

Aquella especie hizo que toda la manada se estremeciese con incredulidad, la verdad es que yo también lo hice. Conocía a aquel pokemon de oídas, pero nunca en mi vida había visto uno, y menos había tenido la oportunidad de charlar o combatir contra él. Sin embargo, tanto Mightyena como Arcanine se mantuvieron dudosos y miraron a Glace en busca de alguna respuesta a aquella conmoción que había en los integrantes del clan.

– Tanto Umbreon como Sylveon son pokemon que en estado salvaje no suelen evolucionar con facilidad, es casi imposible encontrar uno que no pertenezca a un humano. – Explicó finalmente la hembra mientras observaba cómo Paladín frotaba su hocico contra la cabeza de Ivore. Parecía que la situación no acababa de gustarle.

– ¡Muchachos! ¡Haced que una patrulla vaya a incinerar el cuerpo de nuestro guerrero!

¿Incinerarlo? ¿Es que ni siquiera iban a traerlo a la zona base para que los demás llorasen su cuerpo? No pude evitar lanzar una pequeña expresión desconforme con el hocico, pero sinceramente no podía hacer nada con ello, Paladín era el líder de la manada, la cual tenía sus costumbres y yo no podía intentar cambiarlas de cualquier manera. Lancé un pequeño suspiro y mis ojos se quedaron clavados en una hembra de Leafeon que estaba al cargo de unas cinco crías de Eevee. La imagen de aquellos pequeños con los rostros horrorizados al escuchar la palabra “Incinerar”, la cual seguramente sólo conocerían de oídas anteriores y simplemente lo relacionarían con algo malo, me hizo recordar a mis tiempos de cría, cuando trajeron el cuerpo inerte del padre de aquel cachorro con el que me comunicaba. Aquella imagen se clavó en mi mente como con fuego, e incluso en ese momento se me revolvían las tripas al recordarlo… Tragué saliva lentamente, ¿tendría una hembra y crías el guerrero caído?

– ¡Paladín! – La voz de Arcanine se alzó entre las demás, su tono era serio y su rostro conseguía intimidarme, estaba totalmente sereno, aunque creo que todos pudimos notar la aflicción en su tono. – Permite que vaya con la patrulla, mis llamas ayudarán bastante y no temeremos una segunda emboscada.

El líder asintió con una sonrisa. Creo que Grow le acababa de leer la mente en ese momento, puesto que un pokemon tan grande y fuerte es una verdadera arma defensiva. Ningún pokemon de nuestra especie que estuviese en sus cabales se atrevería a dar un solo paso al ver que un Arcanine está esperando atacar a poco que se crucen en su camino.

Después de aquello nadie se atrevió a pronunciar palabra, todos nos encontrábamos con las orejas bajas y mentalizados en que se avecinaría un tiempo en el que la calma no sería la protagonista. Por mi parte, mi preocupación era la de si quedarme en ese lugar o no si se desataba un conflicto. Estaba claro que podía salir de allí en cuanto yo quisiese, ¿pero y los humanos? ¿De verdad iba a permitir que se viese que esa especie era más valiente que yo? ¿Y Might? Ella debería hacer lo que Leire le ordenase, no tenía otra opción, ¿y Glace? Quizás ella no tuviese alternativa al ser la hija del jefe de la manada, además de que parece que ya la habían echado una vez, quizás la siguiente deserción fuese una pena… Peor.

Sacudí la cabeza con fuerza, quizás aquella era mi oportunidad de preguntarle a la hembra por qué no había estado en la manada durante tanto tiempo, por qué había abandonado su familia o por qué la habían echado de allí a tan temprana edad. Cogí aire y me acerqué a ella saludando con las orejas, ella me devolvió una sonrisa un poco falsa antes de que me sentase a su lado con un enorme suspiro. Nos mantuvimos unos segundos en silencio, con la cabeza bien alta y mirando al horizonte, aunque sólo viésemos los matorrales en la lejanía tapados por el cuerpo de Leire.

– Glace, quería preguntarte algo… – Mi vista seguía clavada en las hojas de los matorrales mientras me atrevía a preguntarle a la hembra con la mayor delicadeza posible. – ¿Por qué fuiste a la ciudad? ¿Por qué… No te quedaste con tu familia?

En aquel mismo instante me arrepentí de haber preguntado eso, el dolor que se depositó en la hembra le hizo perder la compostura y tuvo que colocarse en una forma más natural mientras en sus ojos se podía observar un gran pensar. Me lanzó una pequeña mirada, la cual se me hizo eterna. ¿Qué se suponía que podía decir para arreglar todo aquello? Por mucho que lo intentase las palabras no surgían en mi cabeza y menos conseguía pronunciarlas.

– Son cosas… De clanes… Un pokémon de ciudad no lo entendería… – Me comenzó a relatar. Por supuesto Grow era el único que conocía mi verdadero pasado, por lo que aquello ni siquiera me sorprendió. – Asesinaron a mi madre al poco de que yo saliese del huevo… Mi padre creyó que lo mejor era que me fuese, temía que me hiciesen lo mismo.

– ¡¿Quién?! ¡¿Por qué?! – El tono de mi voz se levantó a causa de la gran indignación que poseía, me levanté de un salto y miré a los ojos de Glace con seriedad. Ella se limitó a sonreír y colocarme una de sus patas en el hocico para que me sentase de nuevo.

– Son cosas de clanes. – Repitió finalmente terminando con nuestra conversación de una vez por todas. Su cabeza se inclinó levemente y sus ojos se fijaron en Rhobar, a quien no se le había permitido ir con aquellos que incinerarían el cadáver de su compañero, puesto que tampoco se podía dejar al clan indefenso sin muchos de sus mejores guerreros. El pokemon se dio cuenta de que lo observábamos y nos dirigió una mirada tensa, pero a la vez melancólica al mirar a la hembra.


De pronto Paladín volvió a ver al guerrero herido, acercándose hacia él por el lado contrario al que estaba Leire. Ella ni siquiera le miró, parecía más interesada en sanar las heridas de Ivore que fijarse en quién estaba observando con él. Yo mismo estaba demasiado lejos como para escuchar la conversación que aquellos dos estaban manteniendo, pero el herido se levantó de un salto y siguió a Paladín hasta una guarida cercana cojeando de una de sus patas delanteras. Durante un tiempo no pude apartar la vista del lugar en el que habían entrado. Supongo que se trataba de la guarida del líder, puesto que se encontraba en medio del campamento; a los pies de la enorme roca.

Pero de pronto un ruido hizo que mi atención se fijase en los arbustos de la zona oeste. De dos grandes zancadas me acerqué a Grow, que llegaba con una mirada seria y firme, como si hubiese visto algo que realmente fuese difícil de asimilar, dedicándome una mirada que no sabría explicar. Casi parecía confundido, pero no llegó a preguntar nada, ni siquiera me dirigió una palabra, al igual que los demás integrantes de la expedición. Simplemente buscaron un lugar alejado en el campamento y se sentaron con la cabeza baja, sumidos en sus pensamientos mientras observaban el suelo. ¿Qué escena se habrían encontrado para que acabasen así? Grow, el pokemon al que nunca pensé ver decaído, e incluso me atrevería a decir traumatizado por cualquier cosa, sólo se encontraba con nosotros de forma física, su mente no estaba en aquellos momentos preparada para la vida salvaje.

– ¡Vaya! ¡Esto de las medicinas se te da realmente bien! – Escuché a Lucas intentando romper la tensión que había en el ambiente iniciando una conversación con la otra humana. Ella alzó la cabeza para mirarle durante unos segundos, hasta que se levantó y sacudió el polvo que había en sus prendas.

– Eso no es nada, tenías que haber visto cómo me encontré a esa – Señaló a Might con la cabeza, lo que consiguió que la hembra abriese los ojos. – Las heridas causadas por otro pokemon no son nada en comparación a la crueldad humana.

Su pokemon levantó la cabeza, irguiéndose completamente y les dedicó a ella y al otro humano una larga mirada que consiguió que nos recorriese un escalofrío a muchos de los que allí nos encontrábamos. Después de eso simplemente se volvió a sentar y empezó a refunfuñar rememorando:

– Esos malditos idiotas. – Se relamió Mightyena con una mueca de asco en su rostro. – Si alguna vez me los vuelvo a encontrar yo misma los mataré.

Todos nos quedamos observándola sorprendidos como si acabásemos de ver a un fantasma en el lugar donde ella se encontraba, sus ojos miraron al cielo… Creo que intentaba contener las lágrimas durante unos segundos, pero tenía que seguir manteniendo una imagen de rudeza. Ella misma se daba cuenta de que no podía venirse abajo con sus recuerdos. Grow y yo nos acercamos a ella con curiosidad, la hembra lo agradeció, aunque no mostró ninguna emoción en su cara.

– Mataron a todos, a todos mis hermanos… – Suspiró lentamente observando cómo Leire comenzaba a prepararse para narrarle su propia versión de la historia. – Y hasta que llegaste tú… Yo también estaba muerta.

El silencio fue el protagonista durante unos segundos, Rhobar se quedó ensimismado mirando a la hembra y Glace tragaba saliva nerviosamente. Creo que al igual que yo, los dos estábamos intentando descifrar por qué razón la hembra había dicho algo tan extraño.

– Era diciembre de hace ya… ¿Dos años? Y yo andaba por Ciudad Malvalona, estaba de paso hasta llegar a un laboratorio unas ciudades más al este y se me echó la noche encima. Decidí por eso pasar la noche en el centro pokemon, pero no conseguía encontrarlo de ninguna manera… Al final acabé atravesando un montón de callejones oscuros y… - Los ojos de Leire se llenaron de lágrimas por unos segundos, Lucas le acercó un trozo de tela mientras todos esperábamos que siguiese la historia. – Simplemente, escuché lloros… Lloros desesperados, por lo que no pude evitar ir a mirar qué era lo que ocurría y cuando giré el callejón, en lo más profundo de este… Dios mío, cada vez que lo recuerdo…

– La zona de ahorcamiento. – Apuntó Might con un gruñido realmente enfadada, casi se podían apreciar chispas de odio en su mirada mientras comenzaba a enseñar sus colmillos. – El lugar a donde te llevaban cuando querían deshacerse de las pruebas de sus actos.

Miré a Arcanine, el corazón casi se nos sale de su sitio al escuchar el relato mientras compartíamos miradas de temor e incredulidad ante la historia que las dos compañeras relataban, cada una con su versión de los hechos, pero las dos igual de asombrosas.

– Crías de Pokemon, de muchas especies…Treecko, Minun, Electrike… Y como ya sabes Poochyena, todos ellos atados a lo alto de unas farolas que no funcionaban, con alambre de espino rodeando esos sangrientos cuerpos que ya habían dejado de moverse. Sólo había una, una que aún movía las patas débilmente… Así que no pude hacer otra cosa que agarrar mis tijeras y lanzarme a cortar como pude el alambre… – Leire se llevó las patas delanteras a sus oscuros ojos castaños, le costaba hablar y la voz le temblaba cada vez más. Lucas tragó saliva sin saber muy bien qué decir, sólo atendiendo, sin dejar de observar cómo sus labios se movían. – Aún puedo escuchar en mi cabeza el sonido del cuerpo desplomarse en el suelo, sin fuerzas… Pero aún vivo, con todo el cuello desgarrado y el pelaje lleno de sangre… Simplemente horroroso. La llevé al centro pokemon de inmediato, buscando ayuda, me llamó la atención lo rápido que lo encontré entonces… Casi parece cosa del destino, ¿no?

Lucas sonrió como pudo, la verdad es que yo tampoco sabía muy bien cómo reaccionar en aquellos momentos, así que simplemente nos tumbamos alrededor y escuchamos atentamente; Arcanine parecía deseoso de acercarse a Glace o a Might, pero se mantuvo en su sitio sin decir una sola palabra.

– Bueno, la cosa es que fuimos al centro pokemon… Me salté toda una cola porque venía gritando como una histérica por todo el camino. – No pude evitar reírme por dentro, ¿Leire gritando histérica? Creo que eso sería algo digno de ver, Might también lanzo una pequeña sonrisa mientras colocaba su cabeza entre las patas delanteras y comenzó a mover la cola. – Pasé allí la peor noche de mi vida…Con ese alambre manchado de un líquido azul y viscoso entre los dedos... Las enfermeras me decían que ni me molestase en ponerle nombre.

– ¡Oh, tranquila! Si yo ya venía con mote de allí. ¡El sujeto Tres dos cuatro!
– ¿Sujeto? – No pude evitar preguntarle a la hembra sobre aquella extraña palabra, Rhobar también sintió curiosidad por aquello.
– Es fácil, ser un sujeto es ser el juguete de los humanos, quienes pueden hacer lo que quieran contigo. – Mightyena se levantó de golpe y comenzó a caminar hacia nosotros. Sus enormes dientes nos hicieron retroceder varios pasos con bastante miedo, parecía realmente enfadada – Día tras día te empiezan a hacer pruebas, inyectándote un líquido azul que hace que tus patas tiemblen, porque sabes que el dolor que te producirá es tan sumamente intenso que cada uno de tus huesos desearán romperse en mil pedazos, que dentro de tu cabeza, ese cerebro que tienes, te empezará a arder y tus extremidades no te obedecerán hasta que finalmente no tengas fuerzas ni siquiera para aullar de dolor… Eso… Es una pequeña parte de lo que significa ser un “Sujeto”.

Arcanine se interpuso entre nosotros cuando Might parecía fuera de sí; la hembra sacudió la cabeza y se quedó mirando a los ojos del macho. El corazón me latía con fuerza, aunque ver allí a Grow me tranquilizaba bastante. Lancé una pequeña mirada a Glace, la cual estaba también boquiabierta a causa de la historia de la hembra. ¿De verdad los humanos podrían hacer cosas tan crueles como las que ella decía? No pude evitar llenarme de ira contra aquella especie, esa que nos hacía luchar a su antojo como si fuésemos… Sí, sus juguetes u objetos; era tan odioso que me daban ganas de lanzarme contra ellos, parecía que realmente eran el verdadero enemigo. Si los humanos no hubiesen construido las ciudades, las manadas quizás no estarían en tensión por el territorio y la comida y entonces ninguna muerte sería cobrada por esa razón.

– ¡Es odioso! – La voz de Lucas me atrajo de nuevo a la realidad, se había levantado y estaba bastante furioso, le dio una patada a una de las piedras que había suelta en la tierra con bastante rabia. Después de eso Glace no pudo hacer otra cosa que correr a su vera a tranquilizarlo, ronroneó varias veces y el humano volvió a sentarse en el suelo refunfuñando. – ¿Cómo puede haber gente así? ¿En serio que hay tíos a los que les divierte matar así? ¡Vaya asco de sociedad! ¡Yo les haría lo mismo a ellos!

– Humano… – Susurró Rhobar sorprendido, era cierto, él nunca había visto las actitudes humanas y quizás sólo conocía la especie de oídas a causa de los rumores que había por los alrededores o cosas así. Aun así yo no pude evitar lanzar una pequeña sonrisa mientras me acercaba también a Lucas, quien se sorprendió bastante al observarme a su lado junto a Glace. Él acercó la mano para acariciarme la cabeza, aunque yo rehusé más por reflejo que por otra cosa, lo que le hizo alejar la mano y tragar saliva rápidamente, como si se avergonzase de su acción.

– Idiota. – Me insultó su pokemon poniendo en mí una de esas miradas suyas que me hacían sentir cada vez más pequeño e insignificante. Intenté explicarme, pero las palabras no conseguían salir de mi boca, y la hembra ya me estaba dando la espalda como señal de desprecio, por lo que no pude hacer otra cosa que agachar las orejas y lanzar un suspiro.

– En todo caso… Aunque haya renacido… – La voz de Might consiguió que los dos volviésemos a fijar la mirada en ella olvidando lo demás. – Siempre me quedará la horrorosa cicatriz de mi muerte.

Intentó morderse el pañuelo que llevaba al cuello para mostrar la enorme cicatriz que lo decoraba, donde el pelo nunca más crecería y dejaría a la luz esa piel negruzca que poseía la especie a la que pertenecía la hembra. Todos nos quedamos sin saber bien qué decir mientras ella comenzaba a andar hacia Leire de nuevo, algo cabizbaja y vergonzosa por la antiestética herida que mostraba.

– Eso de horrorosa lo dirás tú. – La voz de Grow se extendió por el claro, consiguió que Mightyena le mantuviese una mirada durante unos segundos, como si pensase que el comentario del macho iba lleno de sarcasmo, mas esto sólo consiguió que éste enseñase sus colmillos en una enorme sonrisa. – Lo único que veo yo ahí es la hermosa marca de una luchadora, algo de lo que cualquiera de los que hemos escuchado hoy tu historia estaría orgulloso de llevar, porque tú… Tienes la marca de la vida y de su importancia.

Grow Lengua de plata, así es como aquel día debía de haberle llamado, ya que los ojos de Might brillaban con una fuerza que nunca antes había visto; casi parecía que estaba conteniendo las lágrimas de la emoción. ¿Nunca antes había visto algo relativamente positivo en aquella marca? Quizás a Grow tampoco le pareciese atractiva la cicatriz de la hembra, pero lo cierto es que no le faltaba nada de razón al decir todo aquello.

De pronto, de una de las madrigueras salieron dos Espeon, uno de ellos Ivore, seguidos por Paladín, el cual estaba tan serio que ni siquiera dirigió un saludo a su manada antes de comenzar el discurso que ya tenía preparado. En ese justo momento pude observar cómo un Jolteon salía corriendo hacia el este del campamento, saltando entre arbustos y demás matorrales con su máxima velocidad; miré a Glace con duda, ella simplemente se limitó a cerrar los ojos y esperar las palabras de su padre:

– Como todos sabemos, la muerte de nuestro compañero ha sido… Francamente inesperada y un acto miserable por parte de la manada del norte. – Asentí con la cabeza, al igual que todos los que estaban allí. Arcanine lanzó un pequeño gruñido lleno de enfado; él había ayudado a incinerar el cadáver, por lo que parecía que le molestaba en especial. – Es por eso, mis queridos amigos, que desgraciadamente el tiempo de paz debe terminar… Ahora mismo, Otton ha ido a avisar a la gran Serafina para informarle de nuestra situación. Esperemos que ella, como aliada nuestra, nos preste su ayuda y fidelidad.

– ¡Si la gran Serafina está con nosotros seguro que resultamos victoriosos! ¡Sí! ¡Serafina es inmortal! ¡Nada puede dañarla!

Todo el mundo coreaba contento ante la idea de que la tal Serafina estuviese de su lado, pero… ¿Inmortal? ¿En serio? ¿Qué significaba que nada podía dañarla? ¿Cómo se podía tener a un aliado tan poderoso? Tragué saliva con un poco de incertidumbre, Grow y Might hicieron lo mismo, parecía que éramos los ignorantes del lugar.

– El clan de Serafina es de nómadas, nunca están en un mismo sitio durante bastante tiempo. Según he oído acabaron matando o echando a más de veinte clanes poderosos de su antiguo territorio, aquellos que amenazaban cruelmente a las manadas que vivían en paz. – Glace se colocó a nuestro lado y siguió explicándonos sin una expresión concreta en su rostro. – Y lo más impresionante… Es que nunca cambian de líder, Serafina lleva en ese puesto desde tiempos inmemoriales.

El padre de la hembra carraspeó esperando a que todos los habitantes del lugar callasen de nuevo. En ese momento se preparó intentando apoyar la pata coja en el suelo y estiró el cuello todo lo que pudo para coger impulso y así… Cerramos los ojos ante el potente rugido que salió de su garganta, algo que nosotros ya habíamos conocido antes, aunque esta vez tenía una entonación bastante diferente: anunciaba a su enemigo el comienzo de la guerra.

– Ahora dormid mis muchachos, tened este día como el último de una era de paz. – Finalizó Paladín. – Con nuestro esfuerzo, conseguiremos vencer en poco tiempo y nuestros hijos podrán disfrutar de un territorio apacible y tranquilo donde nadie osará ser nuestro enemigo.

Sacudí de nuevo la cabeza entre los gritos de alegría de toda la manada que poco a poco entraba en sus madrigueras para descansar. Yo, sin embargo, me quedé observando a Arcanine algo asustado, él me dedicó una mirada incómoda que reflejaba también lo que él estaba pensando sobre todo aquello. ¿En qué lío nos estábamos metiendo?
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Siete días y dos horas ♥
#772145   |   29/07/2013 00:54
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# Fecha de alta: 05/04/2009

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La verdad es que no me ha gustado este cap, es de estos necesarios que tienes que poner un montón de cosas y... No sé. Son escenas cortas y muchas y... Siempre me quedo atascada. Bueno, un detalle cariñoso a mi amiga Nintendera por la broma que tienen con ella, la cual quería meter en este cap <3 (? Un aplauso especial tambien para mi beta Karo. Ya le pagaré estas cosas con favores... Favores ()

19- Aliados


La noche pasó en una calma insospechable, llevábamos desde el día anterior sin dormir y tanto Leire como Grow se durmieron en un segundo. Might se quedó algo más de tiempo mirando a las estrellas bajo la sombra de los árboles. Me pregunto si seguiría dándole vueltas a la conversación que mantuvo su humana en la tarde anterior, aunque la verdad es que el que más me preocupaba de todos los que allí se encontraban era Lucas. Casi como una obligación Glace había tenido que entrar en uno de los hoyos que había en el suelo para dormir, y el humano apenas sabía realmente qué era lo que pasaba allí. Es más, sólo se tumbó en el suelo a observar las hojas de los árboles moverse, apoyado en lomo de Arcanine y sin nada que le protegiese del frío. Aunque he de admitir que el invierno que se avecinaba era bastante cálido en aquella zona, apenas solía nevar o incluso llover, y cuando lo hacía era unas pocas horas al día que se pasaban bastante rápido. Sí, era un buen lugar para vivir, lo cierto es que no me costaba nada acomodarme.

– ¿Tú tampoco puedes dormir? – La voz del humano hizo que levantase las orejas y me quedase mirando sus azules ojos.
– Hasta hace un momento al menos eso intentaba – Sabía perfectamente que no me iba a entender, pero no era razón para no mantener una conversación con él. Además, me daba pena. Me levanté poco a poco y me acerqué lentamente hasta colocarme a una distancia prudencial de él, lo que le hizo soltar un pequeño suspiro. Había algo en aquel humano que aún conseguía darme dolor de cabeza. No, no era en aquel humano… Era tan sólo… Esos ojos tan sumamente hipnóticos.

Observé cómo jugueteaba con un extraño aparato en la palma de su mano; las formas y colores iban variando poco a poco mientras que en el fondo se mantenía una imagen de Glace. Me recordó a lo que Leire había hecho conmigo el día anterior y no pude evitar mirar dubitativo a Lucas. Él me contestó con una amplia sonrisa y me mostró el aparato, el cual olisqueé durante unos segundos.

– Es para ayudarme durante mi viaje, los fabrica la empresa de mi padre y siempre tengo el último que sale a la venta – Me explicó, aunque, sinceramente, los dos sabíamos que yo no iba a entender ni una palabra de lo que intentaba decirme – Se llama “Blue Helper”. Antes hacían unas cosas parecidas llamadas Pokedex, pero ahora Blue Hearts posee el monopolio en accesorios para el entrenador y demás. ¡Oh! ¡Mira!

Me apuntó con el cacharro durante unos segundos y note cómo una luz azulada aparecía de la parte trasera. No pude evitar lanzar un enorme gruñido y ponerme a la defensiva por si se trataba de un ataque o algo que sirviese para capturarme, pero tras unos segundos la máquina simplemente comenzó a hablar:

“Especie: Umbreon. Género: Macho. Edad: Joven. Estado: Salvaje.
Umbreon es llamado el Cazador de las Sombras. Umbreon es un Pokémon al que se debe tratar con respeto. Aunque es algo vengativo es muy buen Pokémon de compañía. Tiene un carácter muy arisco y suele andar en solitario. Es un Pokémon estratega y frío a la hora de pensar. Su carácter suele hacerle perder el control, ya que es el cambio de mentalidad más grande entre las evoluciones de Eevee.”

Me quedé bastante pensativo ante la descripción que hacía de mí aquella máquina. No sé si realmente tenía razón en lo de que era vengativo o arisco, pero realmente no me consideraba alguien solitario, aunque he de admitir que no pude evitar hinchar el pecho cuando la voz dijo que era alguien digno de respeto.

El muchacho dejó escapar otra leve carcajada y siguió jugueteando con su extraña máquina, de la cual yo mismo me había encaprichado totalmente. Los ojos azules del muchacho reflejaban una y otra vez pantallas con series y garabatos que nunca llegaría a comprender por mucho que viese, por mucho que mi mente me dijese que los humanos eran idiotas por haber perdido su instinto; cosas como aquellas me hacían ver por qué eran los reyes de nuestro mundo. Lucas miró de pronto al cielo, sacudido por las estrellas como de costumbre; se veía tan sumamente hermoso…

Volví a mirar a Lucas y sus ojos azules… Me trajeron de pronto la imagen de mi madre a la cabeza, no como algo malo, sino todo lo contrario. Recordé aquellas mañanas en las que lavaba mi pelaje con su lengua o me acariciaba con su azulada cola, aquellas imágenes y recuerdos me hicieron sentir una inmensa soledad en mi corazón. Agaché las orejas y me atreví a hablar con mis recuerdos una vez más:

– Ojalá estés tú viendo estas estrellas también, mamá… – Me sentí un poco estúpido cuando dije eso, pero algo dentro de mí me pedía a gritos poder hablar con ella, y eso era lo más cercano que podía hacer.

– ¿Es ella una de esas estrellas? – Una voz a mi espalda me hizo girar de golpe. ¿Rhobar? ¿Arcanine? ¿Paladín? No, allí no había nadie aparte de mi sombra… ¿Habría sido mi subconsciente? Casi pude escuchar el propio latido de mi corazón golpeando contra mi pecho. Volví a mirar a Lucas, quien me observaba con sorpresa, seguramente a causa de mi nerviosismo, mas en ese momento abrió la boca – Siempre me han dicho que cuando alguien muere va al cielo… Me gusta pensar que cada una de esas personas se transforma en una estrella.

Ni siquiera escuché bien lo que me dijo en aquel instante, estaba demasiado sorprendido porque me hubiese contestado… Y de pronto, mi pelo se erizó y le lancé un enorme bufido en actitud de batalla. No sé lo que me pasaba, simplemente la idea de que un humano me pudiese escuchar era tan extraña que llegaba a aterrarme. “Es mi subconsciente” me repetí una y otra vez hasta que me di cuenta de que eso no servía para calmarme. Lucas intentó acercar una de sus manos a mi hocico para demostrarme que no había ningún peligro, mas eso sólo consiguió ponerme más y más nervioso hasta que… Enganché su pata delantera con mis colmillos. La sangre comenzó a caer por su piel mientras en silencio él dedicaba una mueca de dolor. Quise separarme, pero algo dentro de mí me lo impedía. ¿Por qué? ¿Qué importaba que un humano hubiese logrado entenderme? Mis patas temblaban de temor. Era pánico lo que sentía, si los humanos realmente escuchaban nuestras voces… ¿Por qué nos obligaban a ese cruel destino que era pelear?

Lucas abrió los ojos y me mantuvo la mirada sin soltar ni un gemido de dolor ni nada que pudiese ser oído en la extensa noche. Dos gotas de color escarlata cayeron a la fría hierba de invierno, mientras Lucas volvió a abrir la boca:

– No pasa nada, todo está bien – Me susurró bajando la mirada durante unos segundos. Se apoyó en el suelo con su otra mano y conseguí separar los colmillos de la carne – Aunque hubiese preferido un simple lametazo.

“Lo siento” me hubiese gustado decirle eso en aquel momento, pero aquellas palabras no salían de mi boca. Él simplemente me sonrío observando una herida que seguramente le dejaría una cicatriz para toda su vida.

– ¡Así nunca me olvidaré de ti! – Se colocó una venda para evitar que la hemorragia siguiese su curso, todo ello con una enorme sonrisa en el rostro. Me pasé la lengua por los colmillos ensangrentados y como señal de disculpas simplemente agaché las orejas con una leve reverencia. – Es por esta razón que lo escondo, ni siquiera puedo escuchar cuando yo quiero o… A quien yo quiera. Y no quiero pensar lo que pasaría si se lo cuento a una persona, me pondría de loco… Pero… Tú sabes que no lo estoy, ¿verdad?

Me limité a guardar silencio, mirando la venda enrojecida. ¿Algún pokemon más sabría ese extraño secreto? No sé por qué, pero la idea de que Lucas dijese que los humanos le verían como un loco por escuchar a los pokemon me reconfortó bastante. Le miré a los ojos y abrí la boca para preguntarle algo, pero él me hizo un gesto con la mano. Supongo que dudaba volver a poder oírme, como él mismo había dicho, no podía controlar sus orejas.

– ¡Serafina viene! ¡La manada de la gran Serafina viene! – La voz de un joven Jolteon inundó el campamento, acababa de saltar la espesura de matorrales y casi se estampa contra la gran roca central antes de que Paladín asomara la cabeza por su madriguera, al igual que todos los demás miembros de la manada. De pronto, el caos llegó al clan, pokemon corriendo de un lado para otro, ordenándonos retroceder hasta la zona más apartada del centro, amontonándonos en la parte trasera de los matorrales. Me mantuve cerca de Lucas y de Arcanine, quien refunfuñaba por tener que despertarse aun estando la luna en el cielo. Puse los ojos en blanco hasta que me di cuenta de que por la otra parte Might intentaba mantener despierta a Leire, quien tenía la misma expresión de sueño y pereza que mi compañero.

– ¡Rhobar! ¡Ivoire! ¡Abrid las puertas al campamento! – Gritó Paladín, a lo que Ivoire, el guerrero herido anteriormente, se negó sorprendido. Mas ya era tarde, puesto que Rhobar hacía arder todos los arbustos que mantenían escondido el campamento, reduciéndolos a polvo y cenizas con algunas brasas colgando entre las pocas ramas que quedaban sólidas. ¿Es que acaso eran idiotas? Teniendo en cuenta de que la guerra pronto comenzaría, dejar un espacio tan grande para que el enemigo entrase era una verdadera idiotez.

Esos pensamientos desaparecieron de mi cabeza cuando me di cuenta de que el enemigo no se atrevería a acercarse siquiera a nuestro campamento. Una enorme pata blanquecina pisaba las candentes brasas como si se tratasen de hierba fresca, entrando casi encajonadas por el enorme hueco que Rhobar había dejado. Aparecían unas hembras de largas colas blanquecinas que se extendían hasta ser arrastradas hasta el suelo. Algunas de ellas llevaban en sus fauces unas crías de tonos rojizos, muy diferentes a ellas, mas con una cantidad de colas también bastante espectacular. Entre ellas, cabía destacar a una pequeña de apenas unas semanas de vida que observaba curiosa el nuevo lugar a donde la habían traído, sin darse cuenta de que todos los murmullos de la manada se hacían por ella, o más bien por la ausencia de algo suyo, puesto que una de sus patas delanteras, la izquierda para ser exactos, no existía. La hembra que la llevaba en la boca lanzó un enorme rugido a la muchedumbre, que al momento dejó de observarlas.

Mis patas temblaban por segunda vez en la noche mientras el amanecer comenzaba a dejarse ver. La boca de Arcanine se mantenía totalmente abierta al observar cada una de las bellezas que se encontraban ante nosotros, mas en mi cabeza sólo escuchaba voces que me anunciaban lo odiosa que era su especie, los estragos que causaban y la muerte en los ojos de esas hermosas damas, las cuales escondían con su hermosura la letalidad de sus colmillos y zarpas: Ninetales. La misma especie que me hizo abandonar mi manada. El fuego que abrasó todo a su paso y que llevó a mi familia al caos completo.

– He oído que la gran Serafina acabó con varios líderes con sus propias zarpas antes de llegar a nuestro territorio – Decía una hembra de Leafeon mientras hinchaba el pecho con orgullo al observar a las hembras llegar – Es una verdadera suerte que ella sea nuestra aliada.

¿Antes de llegar aquí? No pude evitar hiperventilar durante unos segundos. El fuego me nublaba la mente y la imagen de mi padre siendo asesinado por una Ninetales consiguió aparecer en mi imaginación. Sacudí la cabeza con fuerza cuando observé cómo todas las hembras iban formando un pasillo para que una última pasase, mucho más hermosa que las demás pero con un rostro de dolor candente en sus ojos. Ella sonrió a Paladín y le dedicó una mirada de asombro y nostalgia a Glace mientras le susurraba algunas palabras a sus oídos.

De pronto Rhobar apareció a mi lado junto a dos enormes Espeon, quienes sonreían también al observar a la hembra, la que supuse que sería la líder de la manada y, por lo tanto, esa tal Serafina de la que tanto había escuchado hablar. El macho me miró con una expresión de burla en sus ojos, aunque al momento, al observar mi ansiedad, se tragó sus bromas para sí mismo y miró a Arcanine, quien acercó su hocico contra mi oreja y me hizo un gesto para saber qué ocurría. Le miré durante unos segundos y seguí atento a la hembra de Ninetales, que sonreía a Paladín. Aunque quizás fuesen imaginaciones mías. Quizás todo aquello fuese mentira, pero creo que en cierto momento sus ojos se quedaron clavados en mí con una gran seriedad y nerviosismo, el mismo que yo tenía tan sólo con verles llegar a la manada.

– ¡Oh! ¡Me encantaría tener uno de esos en mi equipo! ¡Seguro que en los concursos dejaríamos a todos boquiabiertos! – Dijo en ese momento Leire, quien se había conseguido despertar por completo.

– ¿Eso es bonito? ¡Pero mira que cuerpo tienen! ¡Si parece que se las va a llevar el viento! – Refunfuñaba Mightyena molesta, e incluso podría decir que notaba bastantes celos en su forma de hablar. En ese momento dejé que mis malos pensamientos volasen durante un momento, no era buena idea que la manada viese que sentía rencor hacia sus aliados, por lo que lo mejor era pasar desapercibido y hablarlo más tarde con Grow… Miré a mi camarada, quien estaba sacando la lengua y babeando por una joven Ninetales que se paseaba alegre entre todos enseñando su hermosa figura.

– ¡Qué zarpas! ¡Qué hocico! ¡Qué lomo! – Se maravillaba el pokemon sin prestar atención a nada más. Decidí alejarme unos pasos hacia la izquierda por vergüenza ajena, sin dejar de observar el espectáculo que el pokemon estaba dando por los alrededores. Fue en ese momento cuando me golpeé contra un lomo demasiado cálido como para no pertenecer a un pokemon de tipo fuego. ¿Ninetales? Gruñí durante unos segundos mientras giraba la cabeza para observar al pokemon contra quien había chocado.

– ¿Qué pasa, pequeño? ¿Has perdido a tus padres? – Rhobar se carcajeó junto a otros machos de la manada, a los cuales reconocí de la primera vez que entré en el territorio – ¡Uy, Umbreon! ¡Perdona! Tu altura me confundió.

– Pobre Rhobar– Quería luchar, pero necesitaba no llamar demasiado la atención. Aunque no podía dejar pasar de dejar en ridículo al macho de Flareon – Te daría una paliza solamente por decir eso, pero ya tienes bastante con ser Rhobar.

Durante unos segundos los machos se quedaron pensativos mientras yo conseguía alejarme en busca de un sitio donde vigilar las escenas del Paladín y la Ninetales sin necesidad de distracción de ningún pokemon, humano o idiota que se me pusiese entre la conversación y yo, aunque cada vez que me alejaba de la muchedumbre, me alejaba más del Paladín y la Ninetales. Normal, todo pokemon quería escuchar bien lo que allí se hablaba y los únicos que podían escuchar desde cerca conversaciones de tan alta importancia eran los familiares del líder o los miembros de mayor importancia en el clan. ¡Glace! Eso es, quizás ella me podría decir más tarde de lo que estaban hablando su padre y Ninetales… No, acabaría muerto antes de formular la pregunta. ¿Lucas, quizás? Un humano con tal don podría servirme de ayuda ahora que lo pensaba… Si es que pudiese controlar ese oído suyo. Malditos inútiles.


– ¡Amigos! – El Paladín anunció su discurso desde la roca más alta, donde todos le podrían escuchar perfectamente – La manada de la gran Serafina se hospedará con nosotros durante la guerra. Ahora ellas marcharán a la primera campaña para atacar la manada del norte.

– Compañeros, miembros de la manada de Paladín – La voz aterciopelada de la hembra de Ninetales se hizo con la atención de todos los que estábamos allí. No pude mantener demasiado tiempo el gruñido que tenía preparado, puesto que el sonido de las palabras que la hembra entonaba me hacía calmarme. ¿Era alguna especie de ataque? – Sé que se acercan tiempos difíciles para todos, la guerra nunca es la opción más inteligente… Mas es la única que nuestros enemigos parecen entender. Por eso, le pediré a nuestros ancestros que cuiden de nosotros en el campo de batalla y que consigamos salir victoriosos lo antes posible.

Todos los que estaban allí miraron al cielo durante unos segundos, antes de volver a cerrar los ojos. ¿Estaban allí esos ancestros de los que hablaban? No pude evitar observar cómo una hembra de Vaporeon cercana a mí sollozaba mientras colocaba a sus crías entre las patas. Las pequeñas parecían demasiado jóvenes como para entender qué le ocurría a su madre. Sentí deseos de consolarla, mas cuando fui a colocar mi hocico cerca de sus patas en señal de preocupación Serafina volvió a alzar la voz.

– ¡Valka! – La hembra que llevaba a la cría de tres patas atendió a su líder con las orejas bien erguidas – Dirigirás nuestras tropas hacia territorio enemigo, saldremos ahora mismo. Que dos de la encitas primerizas se queden aquí cuidando de las crías de nuestro clan.

– Como usted ordene, líder Serafina – Dijo ella haciendo una reverencia mientras dejaba a su cría en el suelo. Para sorpresa de todos, ésta salió corriendo tan rápido como pudo y se paró a gruñir de forma amistosa a los pies de los humanos, como si quisiese identificar a esos seres tan extraños. Valka se dirigió hacia ella con ojos amenazantes para los humanos, mas Serafina la calmó con sólo una mirada al observar cómo Leire le tendía uno de sus dedos a la cría para acariciar su pequeña cabeza. No sé por qué aquella imagen de preocupación de la madre de aquella Vulpix me hizo sonreír… Era una escena tan sumamente maternal.

Valka dejó caer un suspiro antes de ponerse a vocear nuevas órdenes para todas las pokemon que pertenecían a su clan. El pelotón de ataque estaba compuesto de las hembras más vigorosas, mientras que otras más ágiles (entre las que se encontraba Serafina) irían a tender una emboscada por la retaguardia. Esto conseguía que sólo quedasen dos jóvenes hembras junto con la manada de Paladín.

Suspiré mientras veía marchar a Serafina, aunque no dejé de mirarla a los ojos con rencor. Ella no pareció darse cuenta, puesto que estaba demasiado ocupada discutiendo con Valka una estrategia para la emboscada. Miré a la joven madre, quien parecía algo preocupada dejando a su pequeña indefensa, mas sabía lo importante que era aquella emboscada. Además, teniendo en cuenta de que pillarían a sus enemigos por sorpresa, seguramente estarían de vuelta para la puesta de sol.

Todos los machos sonreían con una felicidad bastante exagerada. Hablaban de lo buena que sería la recolecta tras conseguir echar a la manada contraria del territorio, que nunca jamás podrían volver a pasar hambre y de que todo serían tiempos de paz y plenitud desde ese momento. Leire parecía ensimismada con todas las crías de Vulpix que jugueteaban a su alrededor, como si la tomasen por una igual al tener su cabello anaranjado. Me daba pena la pequeña de tres patas que luchaba por no quedarse atrás en el juego. En esos momentos mis ojos se dirigieron a Lucas una vez más; ese humano era extraño, de eso no me cabía duda… Yo, que siempre había pensado que los humanos eran idiotas por no lograr entendernos… Él… Había podido escucharme, lo había conseguido… ¿Pero cómo? Me acerqué a él con recelo, quería comprobar hasta qué punto él conseguía entender todo lo que yo podía decirle.

– ¡Eh, una cría recién nacida parece estar perdida! – Escuché las carcajadas de Rhobar a mi espalda, al igual que las de sus acompañantes – ¡Oh! ¡Pero si es Umbreon! Perdona muchacho, te habíamos confundido.

– Rhobar, mira, no quería meterme con un debilucho como tú… Pero creo que estás pidiendo una pelea. – Se me erizó el pelaje cuando dije aquellas palabras. Sentí cómo el corazón del Flareon se aceleraba junto al mío, como si estuviésemos esperando aquello desde hace mucho – Ahora mismo, luchemos.

El macho miró a sus compañeros. Entre ellos pude observar a Ivoire, que me miraba extrañado; incluso parecía que le diese lástima que yo fuese a entrar en esa batalla. ¿Tanta confianza tenía en Rhobar? La preocupación de sus ojos me hizo extrañarme durante unos segundos. Observé a Paladín, quien, aunque ajeno a la lucha, nos miraba con un interés digno del más atento espectador.

– Usaremos un combate típico de nuestra manada: el dúo. Ya que soy el retado… Yo elijo las normas – Aquel joven Flareon lo había planeado todo desde el principio para que él fuese quien eligiese cómo nos disputaríamos aquella pelea – Será por parejas, pero no… No mires a ese Arcanine amigo tuyo. En el dúo solo puede participar… La especie dominante de nuestra manada. Yo iré con Ivoire, para que tengas algo de ventaja en el tipo… ¡¿Alguno se presta para luchar con Umbreon?!

Rhobar sabía perfectamente que ninguno de los presentes querría pelear conmigo de compañero, ya que aun teniendo en cuenta que Paladín me había aceptado como forastero, la mayoría de los jóvenes eran reacios a mí, puesto que como forastero era un desconocido, lo que podría llevar a una amenaza por una traición inesperada o algo parecido.

– Nosotros lucharemos con él – La voz de Glace pareció sorprender a Rhobar, casi tanto como me asombró a mí que la hembra, acompañada de su humano, decidiese luchar en mi bando – Creo que es justo que le demos una ventaja de tipos, ¿no? Realmente está subestimando a los que nos hemos criado en barrios humanos. Lo vamos a machacar.

Las palabras de la hembra consiguieron molestar a Rhobar, como si sintiese que algo en su plan fallaba al luchar contra Glace. A mí sin embargo me animaron bastante, aunque ver a Lucas detrás preparado para una lucha se me hacía completamente extraño. Él dirigiría a su pokemon como entrenador. Aunque yo fuese por libre me daba miedo que Glace sólo escuchase órdenes y no pudiese atacar cuando lo viese necesario.

– ¡Vamos, Enano! – Escuché los gritos de Arcanine desde la parte este. Parece ser que se había creado un amplio corro alrededor de nosotros para observar la lucha – ¡Enséñale que el tamaño no importa!
– ¡Ánimo, Glaceon! – Mightyena se sentaba junto a él con una expresión de rabia en sus ojos – ¡Hazles aprender lo que es tener un compañero humano!

Ivoire acercó su cabeza púrpura hacia nosotros y tragó saliva con miedo mientras me miraba intentando que su respiración fuese algo más lenta. Glace se acercó a mí y alzó la cabeza esperando órdenes de su humano para lanzarse al cuello de alguno de sus contrincantes. El último en acercarse al centro del círculo fue Rhobar, quien me miraba con un brillo especial en sus ojos. Se palpaba la tensión.

En ese momento Paladín carraspeó antes de comenzar a narrar las normas que deberíamos seguir durante nuestra lucha:

– Muy bien, muchachos, es un combate dúo. Para eliminar a un contrincante éste debe quedar tumbado en el suelo y se ha de colocar las patas delanteras en su cuello durante cinco segundos. Si no consigue levantarse deberá retirarse del círculo… ¿Queda claro? – Asentimos a la vez mientras observaba cómo Lucas parecía bastante nervioso con el combate. Maldición, él solo sería una carga para Glace… – Preparados… Mirad al enemigo… ¡Ataque!
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Crónicas de un pokemon

Siete días y dos horas ♥
#783440   |   29/08/2013 00:44
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Stardust-girlStardust-girl

# Fecha de alta: 05/04/2009

# Edad: 18 años

# Ubicación: Sisimut - Grønland

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El verano se acaba y el día seis comienzó las clases, hay que ver lo rápido que se me ha pasado este año, acabo de cumplir diecisiete años y llevo con este fic desde los... ¿Trece? Guau, creo que he mejorado mucho. Han pasado muchas cosas en mi vida desde entonces y hasta hemos cambiado de foro. No sé, pero este fic es realmente importante para mí, me gusta pensar que el enano me lleva acompañando desde ese octubre de 2009 cuando se me ocurrió escribir sobre su nacimiento.

Mi novio me regaló esto por mi cumpleaños <3 Gracias @Karo
Spoiler
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(Es un dibujo de Grow y el Enano en la actualidad y cuando se conocieron siendo crías)


20- Enemigos


Los colmillos de Rhobar alcanzaron mi yugular con un calor que para cualquiera hubiese sido insoportable, aunque el fuego tampoco me importaba demasiado al llevar a Grow como compañero. Conseguí escurrirme con velocidad y morderle una de sus patas traseras mientras en mi misma boca preparaba un Bola Sombra. Afortunadamente Rhobar era tan sumamente lento de reflejos que podría haber seguido golpeándole hasta que me aburriese, el problema era la potencia de sus ataques. Seguramente consiguiese hacerme alguna que otra quemadura más con el paso del tiempo en la pelea y no me apetecía demasiado luchar con molestias.

Lancé una mirada a Glace, quien luchaba contra Ivoire a las órdenes de Lucas: ella tenía que esperar a que el humano le dijese cualquier ataque. ¿Y el factor sorpresa? Ella estaba en desventaja con aquel maldito niño interfiriendo en su pelea. Sin tan sólo ella fuese libre de decidir sus acciones… Seguramente conseguiría vencer a Ivoire en dos movimientos. Glace era tan sumamente genial cuando luchaba; su pelaje azulado se congelaba con los fríos ataques que lanzaba a Ivoire, el cual era bastante esquivo en la lucha. Apenas la atacaba de forma directa y siempre intentaba pillarla por sorpresa, aunque eso era imposible tratándose de la hembra. En cierto momento mis ojos y los de la hembra se cruzaron y mi corazón comenzó a latir con gran fuerza. Recordé la vergüenza que había pasado al perseguirla hasta al campamento, en los momentos del callejón y… Un enorme golpe en mi lomo me hizo caer en el suelo y perder la compostura.

Abrí los ojos lo más rápido que pude y me alcé a dos patas contra Rhobar, quien hizo lo mismo haciéndome caer de espaldas una vez más. Lo impulsé con mis patas traseras en su estómago y esto consiguió quitármelo de encima por unos momentos y poder lanzarle un Bola Sombra directo al trasero, mas no sirvió de mucho ya que de todo su cuerpo comenzaron a salir extrañas bolas de luz que me impactaron con un poder… Familiar, era como si yo mismo me hubiese atacado.

– El poder oculto de Rhobar es siniestro, ¿por qué lo usa contra él? – Escuché los murmullos de la muchedumbre que me mostraban la naturaleza de esas bolas de luz.

Jadeé fuertemente antes de ponerme otra vez en pie. Por alguna razón Rhobar siempre conseguía tumbarme y eso era algo que realmente me molestaba. Mas si algo bueno aprendí de mi niñez, es que el pokémon que no se levanta es el que está muerto. Daba igual cuántas veces me golpease ese estúpido de tipo fuego, aunque ya no me quedasen fuerzas seguiría colocándome en pie con las patas temblando.

Mi contrincante me dedicó una mueca aburrido; parecía frustrarle que no terminase de estar ni dos segundos en el suelo para poder poner sus patas en mi cuello. Nos dedicamos unos segundos para observarnos antes de volver a lanzarnos el uno contra el otro. Corrí todo lo que pude para embestirle, pero en el mismo momento en el que nuestros cuerpos se rozaban sentí un dolor agudo en mi flanco izquierdo. La silueta de Ivoire se hizo visible cuando volvía a caer al suelo. Ellos dos estaban trabajando en equipo, el Espeon no dejaba de mirarme por mucho que luchase con la hembra de mi equipo y eso conseguía darle ventaja a Rhobar también. Sentí las patas de Glace cubriéndome un segundo después de caer a la húmeda tierra y como si no le costase demasiado tiempo pensarlo lanzó un gélido rayo a los dos pokémon.

– Perdona, Lucas me avisó pero fui demasiado lenta esta vez como para pararle antes de que te atacase. – La hembra frunció el ceño al observar cómo el Flareon se mofaba de sus ataques de tipo hielo.

– Estoy siendo bastante patético. – Dije lanzando un Bola Sombra a las patas de Rhobar, consiguiendo así que el pokémon se tropezase tontamente – Así aprenderá.

Glace sonrió de una forma que me hizo volver a distraerme. Su hocico se arrugaba de una forma tan mona cuando ella estaba riendo… Era feliz viéndola, mas cuando se daba cuenta de que la observaba giraba la cabeza velozmente y me pisaba el lomo para que soltase un gemido.

– Tienes táctica, pero tus ataques son muy malos. ¿Sólo Bola sombra y Cola férrea? ¿Crees que así se puede luchar bien? – Refunfuñó ella molesta. Sus ojos se dirigieron hacia Lucas, a quien hizo una mueca de complicidad mientras movía sus manos de una extraña manera. La hembra asintió velozmente para luego volver a dedicarme una mirada – Deja que él te dirija, siempre viene bien tener unos ojos desde una perspectiva distinta, ¿no?

¿Que me dirigiese un humano? Aún tenía un poco de dignidad después de todo el combate, si me rebajaba a eso… Ya no podría volver a alzar las orejas con orgullo. Suspiré antes de que Rhobar volviese a lanzarse a por mí: bien pensado, a Glace le parecía ir bastante mejor que a mí en la batalla, por mucha carga que fuese Lucas… Le hinqué los colmillos a Flareon en el trasero lo más fuertemente que pude, éste se revolcó en el suelo intentando que me apartase, mas no lo conseguiría de ninguna manera. Esa era mi victoria.

– ¡Salta y Bola Sombra! ¡Apártate de él! – El humano me gritaba a mí. ¿Pero en qué demonios pensaba? ¡Lo que más le parecía molestar a Rhobar era que lo agarrase! ¡Ahí estaba mi clara victoria! Miré a Glace rápidamente y puse los ojos en blanco antes de soltar el trasero de Rhobar y alejarme lanzando un ataque de forma idiota – ¡Eso es! ¡Esquiva el ataque!

¿Esquivar el ataque? ¿De qué demonios hablaba? Hasta que entonces lo vi claro. Nuevamente aquellas luces a las que habían llamado Poder Oculto salieron de Rhobar al unísono, mas el bola sombra consiguió darle antes que el ataque terminase de formarse. Escuché un grito de alegría por parte de Lucas y al ver cómo mi contrincante caía al suelo. Glace tenía razón, Lucas no era una carga, era alguien que veía el combate en tercera persona y podía entender todo lo que ocurría en él.

Pero entonces, ante nuestro júbilo y ganas de seguir el combate, un Jolteon apareció entre la maleza, ajeno a toda la pelea “amistosa” que estábamos teniendo. Se encontraba jadeando y con sus patas temblando. Antes de que Paladín se acercase a él para preguntar qué le ocurría al pokémon comenzó a vociferar nervioso:

– ¡El contrataque ha sido demasiado fuerte! ¡Las tropas de Serafina están cayendo contra las de Débora! – El mensajero dijo esto entre grandes sollozos. Rhobar se levantó velozmente y miró al Paladín con un sentimiento de frustración que era palpable.

Todo en la manada cambió en esa mísera milésima de segundo. Intenté acercarme a Glace, a quien le temblaban todas sus patas. Paladín parecía encontrarse bastante sorprendido. ¿Acaso pensaba que sus tropas aliadas eran invencibles? Quizás la leyenda de Serafina se estaba desvaneciendo en ese mismo momento.

– Muchachos, debemos ir a ayudar… – Dijo finalmente con una mueca de dolor, dirigiéndonos una mirada a Grow y a mí, casi como una súplica para que luchásemos a su lado. Asentimos sin pensarlo – Sólo… Tened cuidado con las ilusiones de Débora. Sabéis lo peligrosas que llegan a ser.

No pude evitar sentir la fuerte respiración de Rhobar en mi nuca, él estaba excitado por la batalla. Sus garras excavaban en la tierra esperando el momento de que Paladín ordenase que fuésemos al campo de batalla, mas… Era un sentimiento extraño el que notaba en él. Todos los demás tenían ese nerviosismo propio de una batalla, miedo incluso a encontrar la muerte en el campo de batalla, pero Rhobar no. Él sólo estaba excitado, no parecía pensar en las consecuencias de una batalla como ésta y Paladín lo notaba.

– Rhobar, tú te quedarás a guardar el campamento con las hembras encintas y las crías.
– ¡Pero señor! – Intentó replicar el guerrero, mas su líder lo calló con un fuerte rugido.
– Los demás, adelante. Tened cuidado.

Corrí lo más rápido que pude oliendo la sangre caliente cada vez más y más cerca. He de admitir que me daba miedo pensar en lo que me encontraría allí. Por un momento mi mente me hizo recordar aquella imagen del cadáver de Jolteon en la cueva. ¿Podría soportar volver a ver aquello con un dolor multiplicado por cien? Sólo de pensarlo se me erizaba el pelo con temor, pero siendo invitado de la manada del Paladín debía rendir respeto a éste, por lo que si había una batalla no tenía otra cosa que luchar por defender su territorio.

Salté entre la maleza hasta llegar a un río bastante caudaloso. Olisqueé el terreno para darme cuenta del contraste de olores que había en las dos orillas. El del otro lado era más fuerte y me recordaba al basurero, aun así, era totalmente nuevo para mí. ¿Sería aquí donde le tendieron la emboscada al guerrero que murió cuando llegamos? Escuché una cascada en la lejanía; el río iba siendo rodeado por barrancos mientras la montaña llegaba a la cima. En ese momento tuve una sensación bastante extraña, como si alguien me observase con total atención.

– Grow, ¿crees que será buena idea que pasemos la frontera por aquí? – Pregunté tomando aquella mirada que sentía como la de mi compañero, desgraciadamente nadie contestó. Coloqué mis orejas en posición de alerta y decidí poner las patas en una de las húmedas rocas que sobresalían del cauce del río. Toda precaución era poca para pasar a tierras del clan enemigo. Soltando un enorme suspiro fui saltando de roca en roca. ¿De verdad había sido tan sumamente idiota de perderme en una situación como esa? Sacudí la cabeza enfadado, molesto por haber cometido semejante insensatez, y encima estaba adentrándome a un nuevo territorio yo solo. ¿Tantas ansias tenía de que me matasen?

Sacudí la cabeza y me di media vuelta sin pensarlo dos veces. No me apetecía demasiado ir solo por un lugar tan peligroso como ese donde la corriente del río me impedía escuchar con claridad. Mas en ese momento escuché un chapoteo a mi diestra que me obligó a lanzar una rápida Bola Sombra al agua. Para mi propia sorpresa el ataque impactó en un cuerpo que poco a poco se materializó con un leve gemido que se transformó en un torbellino de agua que me impactó de lleno.

Por unos momentos pensé que la sangre me comenzaba a quemar por dentro, el agua me hacía saltar por los aires y conseguía quemar algunas partes de mi lomo. Casi agradecí estamparme contra el suelo que cubría la fresca agua del arroyo. Me puse de pie en cuanto pude para observar a una hembra anciana, coja de una de sus patas traseras, que me miraba lista para una batalla que en principio no parecía querer tomar. No pude evitar desconcentrarme durante unos segundos al observar la belleza de aquella Vaporeon; sus ojos mostraban dolor y no conseguía prepararme correctamente para una batalla.

Pero en ese momento, todas las piezas comenzaron a encajar: la hembra era una Vaporeon que iba escondida por la zona que delimitaba el territorio, nadie sospecharía nunca de una hembra anciana. Mas nuestro campamento se había quedado sin guerreros, sólo Rhobar de tipo fuego, y la tierra se embarraba con facilidad… Allí se encontraban todas las crías y algunas hembras encintas. ¿Acaso planeaban algo tan ruin como lo que se me pasaba por la cabeza?

– Eres joven… – Dijo finalmente ella con una voz aterciopelada, casi sonaba como un suspiro – ¿Por qué todos deseáis malgastar vuestras vidas en batallas como ésta? Apuesto a que acabas de evolucionar… Todavía una cría cabeza hueca.

No pude evitar parar de gruñir, mis colmillos se mostraban ferozmente y mi cuerpo se preparaba para saltar en cualquier momento. Quería darle una contestación que le hiciese recular y pareciese todo lo intimidantemente posible:

– Aléjese del campamento y vuelva a su territorio. – Conseguí decir intercalando gruñidos feroces entre cada palabra – O me veré obligado a hacerle daño.

Sus ojos se pusieron en blanco y cojeando se alejó del agua, colocándose en la parte que pertenecía a su territorio. Sin dejar de mirarme su hocico se volteó en una pequeña sonrisa mientras miraba a las estrellas con un pequeño suspiro:

– He oído de ti. Eres el Umbreon que creció en tierras dominadas por humanos acompañado de ese Arcanine y esos dos niños. – Alcé las orejas al darme cuenta de lo conocidos que parecíamos ser para la otra manada. Ella me observó con detenimiento y curiosidad. – Vete antes de que sea demasiado tarde.

¿Ella había oído de nosotros? Seguramente toda la manada enemiga estuviese al tanto. En la manada dijeron que tanto Umbreon como Sylveon eran pokémon que difícilmente se podían encontrar en estado salvaje, si nosotros sabíamos sobre que un Sylveon pertenecía a sus tropas no era una sorpresa que ellos supiesen de mi existencia. Además, Grow había formado parte del pelotón que incineró a la primera víctima de nuestra manada, por lo que estaba claro que alguien había conseguido verle. Y el tema de los humanos… Para cualquier pokémon que nunca ha permanecido en una pokéball es una clara amenaza.

– ¿Demasiado tarde para qué? ¿Para que pases la frontera e inundes nuestro campamento mientras los guerreros no están? – Sacudí la cabeza y ataqué directamente haciéndole ver que conocía sus planes. Sus ojos se abrieron sorprendidos – ¡No dejaré que asesines a las crías de esa manera!

– ¡Yo nunca haría daño a una cría indefensa! – La ira en sus ojos era cada vez mayor, aunque parecía esforzarse para que las lágrimas no saliesen de ellos. Creo que en aquel momento había tocado una fibra sensible para ella – Yo sé perfectamente el dolor de una madre al perder a su cría. Peor que la propia muerte, mas claro, un maldito recién evolucionado nunca podría entenderlo. ¿Ves esta pata? Quedé coja buscando el cadáver de mi hijo después de una batalla.

No sabía si aquello era cierto o sólo una estratagema para mantenerme distraído, pero, por alguna razón, sentí la necesidad de agachar las orejas y mantener la cabeza baja como una disculpa. Mi orgullo podía esperar un poco hasta que aquella hembra terminase o bien de desahogarse o de mostrarme sus dotes como actriz.

– Él era… Todo para mí. Murió de una manera tan estúpida… Por mi culpa, si sólo no le hubiese mantenido siempre tan frustrado… – Comenzó a sollozar; no pude evitar acercarme unos pasos hacia ella con respeto y lástima – Aquel incendio fue horroroso. Recuerdo a las tropas aliadas de Paladín quemándolo todo, nuestras hembras buscaban desesperadamente refugio y las bajas fueron enormes… Y mi pequeño entre ellas… Él era un buen chico, habría llegado a cambiar todo, yo tenía esa gran corazonada. Pero él, él solo quería…

– Ver mundo. – Terminé su frase con mucho temor, el corazón quería salir de mi cuerpo y las patas me temblaban mientras mi respiración se hacía cada vez más y más fuerte. Las palabras salían de mi hocico sin tener en cuenta las consecuencias que me acarrearían – Un Eevee de un tamaño menor al de la mayoría, hijo de Vaporeon. Con el sobrenombre del “Príncipe de la manada” y con un…

– Corte en una de sus orejas… – Dijo ella observando mi marca con una sorpresa que nos hacía perder la compostura a los dos. – Estás… Vivo… Después de tanto tiempo dándote por muerto… Estás vivo.

Ella dio unos pasos para acercarse a mí, pero no pude evitar recular cuando el dolor de mi cabeza comenzó a aparecer. ¿Era ella realmente mi madre? Pero se veía tan mal… No había pasado tanto tiempo como para que su aspecto fuese el de un pokémon anciano. Nos quedamos inmóviles, nos mirábamos sin saber bien qué decir, sus oscuros ojos intentaban contener unas lágrimas reales. Ella no era una actriz, de eso estaba seguro. Pero eso era lo más difícil de todo.

– Yo… – Intenté articular unas palabras.
– ¡Retirada! ¡Retirada! – La voz de Arcanine se alzó entre nosotros. Se oía lejana, mas era lo suficientemente fuerte como para poder escucharla desde todos los rincones del bosque. No pude dejar de mirar a la hembra; ella tampoco apartaba la vista de mí. Tragué saliva y lo más deprisa que pude me di media vuelta y corrí, simplemente corrí hacia el campamento.

Una vez en el bosque del territorio de Paladín no pude evitar pararme en seco, me había encariñado tanto con Glace y con su clan… Pero yo pertenecía al otro lado. Si esa era mi madre, allí estaría toda mi manada. Pero sin embargo, yo ni siquiera había conseguido reconocer el olor del territorio. Jadeé con nerviosismo y di con la cabeza contra uno de los árboles llenos de musgo. Me sentía tan sumamente frustrado y confuso. Yo ni siquiera conocía a aquellos que formaban parte de la manada donde nací, mas en donde se encontraba Paladín estaban mis amigos de la infancia: Grow, Might, Glace… Pero claro, la contraria era mi familia, mi verdadera familia de sangre. Añoré esos momentos de ingenua felicidad en los callejones de la ciudad, eran tiempos más fáciles.

– ¿Por qué aquí? ¿Por qué tenía que haber llegado justamente aquí? – Las lágrimas cayeron por mis ojos mientras yo me tomaba un gran tiempo para reflexionar. Golpeé varias veces el tocón del árbol con la cabeza, molesto por lo irónico de la situación. En otro momento quizás hasta hubiese conseguido enseñar una sonrisa nerviosa, pero no. – Tengo que contárselo a Grow, él lo entenderá y me ayudará.

Miré la luna por unos segundos, estaba enorme y redonda. Juraría que la llamada de retirada fue al atardecer, había pasado mucho tiempo desde entonces, seguramente todos en la manada estuviesen preocupados por mí: ¡Preocupados por el que es hijo de sus enemigos!
Sacudí la cabeza y comencé a caminar lentamente. ¿Cómo pretendía entrar ahora en el campamento? Ellos habían confiado en mí, nos habían dado un lugar para estar a Grow y a mí, y yo simplemente… Era la semilla de todos sus males, porque claramente eso era yo. ¡El gran problema! Mi padre no pertenecía a esa manada, mi padre era el mismísimo líder de esa maldita manada.

Poco a poco sentí el olor del campamento. Atravesé los arbustos con un tono de depresión en mis ojos. Necesitaba estar solo, pero a la vez necesitaba tanto contacto… Con un suspiro me encontré de frente con Serafina, quien me observaba sorprendida. Sólo las hembras de su clan se encontraban llorando perdidas. Parecían listas para marchar a algún lugar recóndito. ¿Se rendirían tal vez?

– Vaya, hacía tiempo que deseaba conversar contigo… – Serafina también poseía una voz maternal que me causaba un dolor de corazón – Mas esta noche vamos a llorar nuestras pérdidas. Espero que puedas ofrecerme un poco de tu tiempo en otro momento, Umbreon.

Mantuve la mirada serio, intentando estar todo lo sereno que pudiese, mas la hembra de Ninetales me dedicó una mueca curiosa mientras olisqueaba el ambiente. Dejó caer un pequeño suspiro y miró a un pequeño grupo de crías que dormían junto a las dos hembras encintas. Observé que todas las demás poseían una a dos crías con ellas, mas esas estaban solas y amontonadas. ¿Serían hijos de todas las guerreras caídas? Entre ellos sobresalió una pequeña cabeza de una cría que se negaba a dormir. Ajena a la situación mordía a los demás y se tropezaba sola, cayendo sobre su muñón.

– Dudo que esa pequeña sobreviva mucho tiempo sin Valka… Ella la quería tanto… – Dijo Serafina antes de comenzar su marcha junto a sus compañeras – Por cierto, hemos contestado a su proposición de guerra, por lo que oficialmente ésta ha comenzado. Paladín os ha dado la fiesta hasta el encuentro con vuestros enemigos, dentro de varios días… Aprovecha para estar con las hembras, creo que tienes bastantes candidatas.

¿Una fiesta? ¿De varios días? Mi cuerpo se quedó petrificado ante la idea que seguramente tenía Paladín al dar algo como eso a sus solados: “Las guerras traen muertes, divertiros y disfrutad antes de que seáis asesinados.” Tragué saliva nerviosamente hasta que Ninetales desapareció en la espesura del bosque. Ellas querían estar lejos del ruido de la fiesta, mas… Lo cierto es que el campamento estaba totalmente vacío, aunque de vez en cuando se escuchaba algún que otro grito en las madrigueras que hacían que me preocupara. Me acerqué a alguna y me dio bastante miedo entrar. ¿Estaban entrenando dentro? Olía a sudor y a algo que no acababa de reconocer.

– Tengo que encontrar a Grow. ¿Dónde está esa bola de sebo cuando se la necesita?
– No creo que esa sea forma de hablar de tu mejor amigo… – Glace soltó una pequeña risotada detrás de mí, no pude evitar asustarme – Él está con Might.

¿Cómo iba a mirar a la cara a la bella hija del Paladín cuando había descubierto quiénes eran sus enemigos? La razón por la que ella tuvo que huir de la manada y por la que todo su clan había pasado por horribles sufrimientos…
– ¿Cómo que está con Might? – Pregunté con sorpresa y algo de frustración. Fue lo único que se me ocurrió decir cuando la hembra se acercaba a mí peligrosamente y comenzaba a mordisquearme las orejas.

– Yo tenía ganas de verte a ti. – Ella comenzó a empujar su cabeza contra mi lomo. Me sentía bastante confuso mientras caminaba hacia atrás. Me llevaba exactamente por donde deseaba, mientras yo sólo podía mirar a esos enormes ojos azules embobado. Glace conseguía proporcionarme un cosquilleo por el cuerpo que me gustaba y me hacía olvidar mis problemas mientras entrábamos en su madriguera…
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Crónicas de un pokemon

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